jueves, 12 de mayo de 2011

UNIÓN ECONÓMICA, FRONTERAS NACIONALES.


Desde que, en 1951, Alemania Occidental, Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo firmaran en París el Tratado que institucionalizaba la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) para explotar de forma común materias primas necesarias en la siderurgia -intentando así acelerar la dinámica económica y dotar a Europa de una capacidad de producción autónoma-, podemos decir que todo el proceso de fundación y creación de la actual Unión Europea ha tenido más preocupación por las mercancías que por la unión política. A día de hoy, mientras muchos estados se cuestionan el tratado de Schengen (unificador de todas las fronteras de aquellos países que lo han firmado), los movimientos especulativos en torno a la deuda soberana castigan a Grecia, Portugal, Irlanda y España y, sobre todo, cuando las políticas económicas de la Unión Europea -capitaneadas por Alemania- exigen cada vez más recortes del gasto llegando a imponer condiciones tan espartanas que bloquean la recuperación económica, se puede decir que la Unión Europea tiene mucho de mercado, pero poco de Unión y de Europa. ¿Alguien considera que alguna vez se podría atacar la deuda de EEUU, el país más endeudado del mundo? No, nadie, pero se permite que en nuestro continente los golpes vengan por todos lados. A la hora de recibir dinero, todos europeos, claro; pero a la hora de arrimar el hombro, cada país tiene su soberanía. Es de entender, por supuesto, no seré yo el que diga que no hay que defender los intereses nacionales, pero sí me tienen que permitir que piense que Europa se ha convertido en el arma política de muchos partidos que culpan a la Unión de los problemas de su país. No dicen que posiblemente se deba a su política interior, una política económica errada o una falta de control de los mercados, sino que esbozan constantemente que el mal viene de un enemigo exterior. Esa película ya la conocemos todos, ya la vimos tras la I Guerra Mundial cuando el Tratado de Versalles impuso a Alemania unas condiciones tan brutales que desembocaron en una crisis y la posterior II Guerra Mundial. Ya existía deuda e inflación. No podemos caer dos veces en el mismo error y provocar que algunos países tengan que salirse del euro y de la Unión por no tener margen político para intentar salir de la crisis por la vía de la inversión pública.

El problema, desde mi punto de vista, ha sido una construcción europea basada únicamente en criterios de mercado, más que en unificar líneas estratégicas comunes y profundizar en la política. ¿Era necesario que pasáramos de 15 países a los que les costaba ponerse de acuerdo a 27? ¿Y esa prisa? ¿No es mejor construir unos pilares resistentes antes de poner el tejado? Para la deslocalización de fábricas sí es bueno que los países de Europa del Este pertenezacan al club, si hace falta hasta Turquía, pero cuando sus trabajadores se vienen al oeste, mejor no. Un poco de coherencia es necesaria.

La unión hace la fuerza. Hasta que no nos demos cuenta de esto seguiremos por un arduo camino.

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