domingo, 9 de octubre de 2011

CORRUPCIÓN Y POLÍTICA, parte I


No todos los políticos son corruptos, pero sí parece en ocasiones que todos los corruptos son políticos. El revuelo mediático que provoca la delincuencia en el ámbito de la administración pública es tan importante como leve el castigo que se les infringe a los codiciosos. Salen pronto de la cárcel y ni rastro del dinero robado. Además, aunque la opinión pública es radicalmente crítica con la corrupción de los políticos, parece como si socialmente la corrupción se aceptara como algo natural. “Roba, pero hace algo” he escuchado decir a mucha gente acerca de determinados políticos encausados por corrupción.
En España hay muchos casos curiosos que iré analizando en este blog a lo largo de varios artículos. Para empezar, nos iremos a Marbella, ciudad malagueña donde el ya desaparecido Jesús Gil (presidente del Atlético de Madrid y empresario de la construcción que ya había sido encarcelado en 1969 por el caso de la urbanización de Los Ángeles de San Rafael) llegó a la alcaldía en 1991 arrasando con una holgada mayoría absoluta. Con un estilo peculiar que a veces rozaba el esperpento, gobernó en la ciudad costera hasta que “en 1999 ingresó en prisión, al ser imputado de los delitos de malversación de caudales públicos y falsedad en documento público. En 2002 fue condenado a 28 años de inhabilitación y seis meses de arresto por cuatro delitos de prevaricación, por lo que se vio obligado a abandonar la Alcaldía de Marbella” (Fuente: Wikipedia).
Tras su inhabilitación, su partido, el Grupo Independiente Liberal, volvió a ganar las elecciones por mayoría absoluta. Estos resultados lanzaron al que se volvería el político más mediatizado por la prensa rosa de España, Julián Muñoz, a ostentar el bastón de mando hasta que se le planteó una moción de censura. Moción supuestamente orquestada por Juan Antonio Roca, asesor urbanístico y encarcelado por cometer supuestamente diversos delitos ¿La gente no veía venir lo que pasaba o le daba igual? ¿Se quejaba de ellos, pero los votaban? Si supiéramos toda la verdad, ¿quién más estaría metido en estos turbios asuntos?

Esto me plantea un par de importantes reflexiones. Hay más gente que puede beneficiarse de la corrupción de la que nos creemos, por un lado; y, por otro, el descrédito de los partidos tradicionales es tal que cualquier personaje con un mínimo de populismo puede alcanzar determinadas cuotas de poder. Pasó con el GIL y parece que pasa con “Sandokán”, el constructor cordobés procesado por cohecho en el caso Malaya, político de nueva creación que se ha convertido en la segunda fuerza política en el ayuntamiento de su ciudad ante el descalabro de IU, formación otrora gobernante.
¿Qué ha pasado? La crisis parece la respuesta, pero no sólo la económica, sino la de la coherencia de muchos políticos mezclada con el carisma del constructor. En este artículo publicado en la prensa se realiza un análisis comparativo entre “Sandokán” y Le Pen. Pero yo no diría que son totalmente parecidos, porque “Sandokán”, al igual que Gil, es un fenómeno acuñado alrededor del fuego que ha generado la construcción y que mezcla un discurso basado en urbanizar toda España con un lenguaje muy “de la calle”, que conecta muchas veces con una población cansada de promesas incumplidas. El hastío puede llevar a cualquiera a agarrarse a un clavo ardiendo.

Me vuelvo a preguntar, porque éste es un blog donde intento reflexionar con todos ustedes, ¿hay corrupción en la política porque todos los ciudadanos somos potencialmente corruptos?

Pero, ante todo, ¿qué se considera corrupción? Intentaremos contestar algunas de estas preguntas en la segunda parte de “Corrupción y Política”.

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