jueves, 1 de marzo de 2012

PODER Y CONTRAPODER. Primera parte.


El poder siempre ha sido objeto de controversia. ¿Es malo?, ¿es bueno, ¿es necesario? No sabría qué contestar, pero el hecho es que existe y, por lo general, le gusta abusar. Ya Montesquieu estableció que lo mejor, ya que el poder existe, es que se concentre lo menos posible en unas mismas manos. Por eso estableció la división de poderes en tres: ejecutivo, legislativo y judicial. Los sistemas democráticos, con leyes electorales que priman las mayorías muy por encima de las minorías, hacen que el poder ejecutivo, con mayoría absoluta, controle el legislativo y, como los jueces aplican la ley que sale de los parlamentos, al final encontramos una nueva concentración de poder. Por este motivo, para proteger al individuo de los posibles abusos del poder, se crearon las constituciones, normativa máxima que recoge los derechos y deberes de los ciudadanos. El liberalismo político ya del siglo XVIII y anteponiéndose al absolutismo monárquico, planteó la necesidad de un Estado garantizador de los derechos individuales, compuesto por un sistema de pesos y contrapesos y ostentador del monopolio de la violencia legítima (aspecto policial y militar)

En la práctica, este Estado no era ni es tan neutral. A estos tres poderes siempre se ha querido sumar un cuarto poder, el de la prensa, pero, al fin y al cabo, existe un verdadero poder con capacidad de influencia, el poder económico (dueño, por cierto, de la mayoría de los medios de comunicación). Karl Marx dijo que el Estado era un instrumento en manos de la burguesía plegado a sus necesidades e intereses, pero que era necesario utilizar para aspirar a la sociedad comunista. La socialdemocracia empezó a creer que el Estado y el sistema capitalista eran domesticables, y que el poder podía utilizarse para conseguir mejoras en la vida de la clase obrera. Los anarquistas, por otro lado, son declarados enemigos del Estado, viendo a éste como un elemento represor destinado a ser eliminado. (Para profundizar un poco más en la controversia anarquismo-marxismo pinchar aquí)
Hoy en día, vemos como los estados se pliegan a las exigencias de los poderes financieros que utilizan la crisis de la deuda para conseguir aplicar sus inclinaciones ideológicas. Unas corrientes ideológicas, como hemos visto, establecen que lo mejor es disminuir el Estado; otras, controlarlo y otras, eliminarlo. Que no hubiera Estado no significa que no hubiera poder, simplemente que éste recaería en otras organizaciones. Pero nos estamos adentrando es un debate que daría para muchas líneas.

La historia contemporánea también nos muestra cómo sindicatos y otras organizaciones pro derechos civiles, han conseguido grandes avances democráticos en el ámbito de la mejora de calidad de vida de la mayoría de la ciudadanía. Podemos decir entonces que estos organismos pro-derechos humanos y laborales, se han mostrado como un contrapoder al Estado y a los intereses de las grandes corporaciones buscando siempre un equilibrio, sobre todo en Europa, que consiguió grandes avances en el Estado del bienestar. La canalización de estas reivindicaciones las han vivido muchos partidos políticos, que han podido, gracias al apoyo de las urnas, implementar determinadas políticas sociales. Sin embargo, sin las movilizaciones sociales y la protesta parece que no se hubieran alcanzado estos logros, puesto que el poder no es permeable por naturaleza a reducir sus privilegios.

Como decía el magnate de los negocios Warren Buffet, “hay una lucha de clases, por supuesto, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que dirige la lucha. Y nosotros ganamos”. Se intenta, por parte de determinados movimientos ciudadanos y sociales, retomar la lucha en búsqueda de ese contrapoder necesario. La vida, en general, es cuestión de equilibrios y es necesario un verdadero contrapoder que haga frente a la fuerza descomunal de los poderes financieros y de las grandes corporaciones y, por extensión, a un Estado que les está sirviendo de escudo. Cómo está constituido o se constituye tal contrapoder ya es material para otro artículo.

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