jueves, 7 de marzo de 2013

Libros: el poder político en escena


Siempre hemos sido conscientes de que las emociones son claves en nuestras decisiones individuales. Al ser seres “emocionales” -tanto o incluso más que racionales-, el poder no podía esquivar esta característica tan humana. La comunicación política ha atizado las emociones buscando siempre un objetivo: el poder.

El experto en comunicación política Luis Arroyo analiza en su interesante libro “El poder político en escena. Historia, estrategias y liturgias de la comunicación política” cómo los individuos nos relacionamos con la política y ésta última con nosotros a través de la comunicación.

A partir de la filosofía de la Ilustración se estableció el axioma de que somos seres racionales y, por lo tanto, constructores de una democracia deliberativa. Sin embargo, está demostrado que las emociones juegan un papel fundamental en la arena política. Disciplina, igualdad, miedo, rebeldía, autoridad, respeto, espiritualidad… van desarrollándose en ámbitos ideológicos contrapuestos que el autor define como  “conservador” y “progresista”. Una vez que tenemos una ideología, ¿podemos cambiar? Es difícil. Los individuos solemos  consumir la información que más va con nuestra forma de pensar, mostrándonos reticentes a otro tipo de opiniones, por muy bien argumentadas que estén. Es como si nuestro cerebro estuviera más preparado para confirmar prejuicios que para encontrar la verdad. El autor se plantea la siguiente reflexión: qué es primero, el voto o la información sobre el voto. Por lo tanto, habría que preguntarse:  ¿Me informo para ver qué debo votar o para confirmar ya mi voto?

Está demostrado científicamente que en la mayoría de nosotros hay una tendencia a sobrevalorar nuestras opiniones e infravalorar las de los demás. Nuestras convicciones se superponen a nuestra capacidad analítica, lo que dificulta en ocasiones un debate sosegado sobre opiniones y respuestas, base fundamental de una democracia deliberativa.
Como plantea el libro, también es muy importante cómo se crean los marcos en el lenguaje. No es lo mismo decir que la delincuencia es una bestia a que es un virus, tal y como se estableció en un estudio citado en este ensayo. Si es una bestia, se pedirá eliminarla; si es un virus, se planteará además la prevención. Los marcos lingüísticos en política son muy importantes, y van construyendo ideología. De ahí que el control de la información sea una de las bases  en la historia del poder. Quien crea los marcos, crea la información dominante y ahí, junto al poder coercitivo, reside la dominación.

 Reyes, sacerdotes, políticos, caudillos y otros agentes han utilizado la liturgia y la comunicación para apuntalar su estatus de dominación. Líderes, por cierto, que sin un contexto histórico determinado difícilmente hubieran destacado. ¿Qué papel juegan aquí la imprenta, la radio y la televisión? ¿E Internet? Pues son fundamentales en la creación de lo que se conoce como la “opinión pública”, definiendo ésta como aquella opinión que tenemos la amplia mayoría sobre el poder atendiendo a la información que nos llega.

Los medios de comunicación de masas han sido claves para desarrollar la comunicación política. La pregunta que yo me hago es si Internet, un medio con similitudes pero con amplias diferencias con respecto a los anteriores, influirá más o menos que la radio o la televisión.
Que el ser humano dependa tanto de sus  emociones  también dificulta enormemente que las ciencias sociales hagan predicciones. Por lo tanto, mejor no me arriesgo y digo que el futuro es un espacio muy incierto. Mientras tanto, leamos, estudiemos y observemos.

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