lunes, 15 de abril de 2013

Nuevo artículo: "Emigrados".

Os dejo mi nuevo artículo publicado por "Noticias de Almería". Esta semana ha tocado reflexionar sobre la emigración en España.

Llevo así como una semana sumergido en la lectura de un libro centrado en la historia de España del siglo XX y, al encontrarme con los datos relacionados con la emigración que vivió este país a partir de los años 60, se me ha venido a la mente la conocida frase de “la historia se repite”.

Según leo en el ensayo -escrito por el historiador Santos Juliá, coautor de esta interesante obra junto con otros tres especialistas-, entre 1960 y 1972 emigraron a Alemania cerca de 552.000 trabajadores; a Suiza, unos 577.000; y, alrededor de 436.000 se fueron a Francia. Por entonces, estos emigrantes que solían irse dejando a sus familias aquí, se convirtieron en una fuente de divisas que venía muy bien a una economía totalmente en ruinas.

El historiador da otro dato que me parece muy interesante, porque no sólo hubo movimientos hacia el exterior del país. Se estima que durante los años 60, 4,5 millones de personas abandonaron su residencia y 2,6 millones, su provincia. Las provincias que vivieron una salida mayor de personas estaban situadas en Andalucía (con cerca de 843.000 emigrantes), Castilla la Mancha, Castilla León, Extremadura y Galicia. Hubo movimientos del sur al norte de España, así como del mundo rural a las ciudades. Cito esto porque en diversos foros he leído que en España no tenemos cultura de “movilidad geográfica”.

Al día de hoy, del mes de abril de 2013, resulta que -tras varios años de crisis- España vuelve a ser tierra de emigrantes. Quizás suenen de nuevo las canciones de la época en la que Juanito Valderrama entonaba el “adiós, mi España querida”, pero creo que ahora los emigrantes son de otros gustos musicales.

Se ha estimado que, entre 2008 y 2012, 300.000 personas han abandonado el país (en su mayoría, jóvenes). Todavía no llegamos a los índices de los 60 y principios de los 70, pero tiempo al tiempo. El colectivo “Juventud sin futuro” ha desarrollado una campaña en la que, recorriendo el mundo, se muestra como muchos jóvenes altamente cualificados se han visto obligados a irse por falta de oportunidades laborales en España. Es posible que como experiencia individual sea muy enriquecedor, incluso saludable, que los jóvenes trabajen y estudien en otros países. Yo también me tenía que haber ido una temporadita. Pero, como país, perder capital humano, esa inversión tan “valiosa”, es una tragedia. Se han cambiado las estaciones de trenes y las despedidas eternas de la familia, los cartones de tabaco negro y la comida para el viaje por vuelos “low cost” y “smartphones”. Pero, en resumidas cuentas, se marchan.

Analizando las experiencias de los nuevos emigrantes españoles, podemos hacer una comparación. Antes emigraba gente sin cualificación para hacer cualquier tipo de trabajo, y ahora emigra gente con cualificación para… pues, en muchas ocasiones, también para realizar cualquier tipo de trabajo. Aunque siempre hay casos idílicos, como los que se muestran en “Españoles por el mundo”. Envidia sana da ver a esos compatriotas tan bien integrados en las distintas latitudes del planeta Tierra. De todo hay.

Que un país como Alemania reciba mano de obra hipercualificada, supone un ahorro y una oportunidad de crecer para ellos. No es lo mismo esperar cuatro años a que se forme un ingeniero en un universidad, que cuesta una pasta, a que te venga de fuera, crecidito, formadito y con un ilusión tremenda en trabajar en un “minijob” que le permita adquirir práctica y aprender el idioma de Hegel. En España eso no lo vemos; total, si es que somos todos unos aventureros.

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