jueves, 2 de mayo de 2013

ANALIZANDO EL LIBRO "LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO", DE ANTONIO ESCOHOTADO


Antonio Escohotado es uno de los pensadores que más me ha interesado desde hace años. Polémico estudioso del mundo de las drogas, este filósofo, jurista e historiador, radical en muchos de sus postulados, siempre ha sido una voz que, por lo menos, hace que te plantees muchas cosas. Defensor a ultranza de la libertad y del autogobierno, su último libro Los enemigos del comercio es un ensayo monumental que estudia los últimos 2.500 años de la historia occidental. ¿Objetivo? Mostrarnos cómo se ha ido desarrollando a lo largo de los tiempos esa  dicotomía entre los que han defendido la propiedad privada y  entre los que, por el contrario, consideraban que ésta es un robo y el comercio su brazo ejecutor.

Según Escohotado, “(…) algunos limitamos ese principio inviolable a un trato no discriminatorio por parte de las leyes, y reclamamos igualdad jurídica compatible con las más amplias libertades. Otros, a cuyos motivos e iniciativas se dedica este libro- llevan veinte siglos abogando por abolir compraventas y préstamos para defender a quienes obtuvieron peores cartas-, son incapaces de autogobernarse o sencillamente no están dispuestos a tratar la vida como un juego, aunque sus reglas sean claras”. Su defensa de la libertad individual responsable y la igualdad jurídica, que no igualitarismo, queda así nítidamente expresada.

A lo largo del tiempo han coexistido dos planteamientos económicos y filosóficos que se han contrapuesto: uno, basado en una sociedad abierta y comercial, como podía ser la antigua Atenas; y otro, clerical-militar no comercial, como podía ser la espartana.  Atenas, en el 431 a.c. y en los albores de las guerras del Peloponeso, se caracterizaba por:
“Una libertad responsable, sinónima de autocontrol. Negocia en vez de intimidar, porque ha aprendido a producir cosas demandadas por casi todos, y tiene con ello una alternativa permanente al avasallamiento”.

Pero el espartano, ese ideal de guerrero totalitario y valeroso, ha contado con muchas simpatías. Vivió cuatro siglos de explotar al pueblo mesenio, entre otras cosas.  Pero, claro, entre alguien pacífico que negocia y la leyenda de los 300, el romanticismo siempre acerca la admiración hacia los últimos. Los logros de los pueblos comerciales se han ligado siempre con la paz y la prosperidad, mientras los pueblos guerreros necesitaban invadir otras regiones para, con el uso de la fuerza, conseguir lo que necesitaban.

En la época de Solón, en Atenas había un importante sector de clase media debido a la prosperidad que se fue alcanzando.  Argumenta  Escohotado que sólo una sociedad comercial podía albergar una democracia, puesto que crea una clase media que permite el desarrollo de elecciones.

Los romanos configuraron una sociedad basada en el esclavismo, menos proclive al comercio que a la usurpación. Roma liberó una guerra contra Cartago -sociedad comercial, aunque también esclavista-, que tenía por costumbre crear colonias costeras para dinamizar el comercio. Roma tenía como motor económico la compraventa de esclavos. Ya en la era  republicana, antes de llegar César al poder, el dinero era escaso y los tipos de interés altísimos. El autor comenta que Roma vivió de conquistar vecinos ricos hasta que llegó un momento en que estos se acabaron. Se convirtió en una sociedad incapaz de producir cosas de interés, de inventar y de crear cosas útiles que pudieran comprar otros pueblos.

Tras la aparición del cristianismo, la imagen de Jesús de Nazaret expulsando a los mercaderes del templo se incrustó como imagen colectiva. Esta tendencia anticomercio, que se origina en una secta judía particular llamada Esenia, es denominada por Escohotado como pobrismo y consideraba la riqueza, el mercader y la propiedad privada como elementos pecaminosos. Hurtar es comerciar, es robar. Los esenios dejaron paso a los  ebionitas y de ahí a los cristianos. Por lo tanto, hasta la aparición del socialismo teórico de Marx, se podría establecer que existen un comunismo religioso y un comunismo ateo, un comunismo milenarista y otro científico.  Con los cristianos viene el amor al más allá y el rechazo al más acá, coincidiendo con el derrumbamiento del Imperio Romano, que creaba las condiciones propicias para abrazar este tipo de creencias. El mundo se va acabar por culpa de nuestros pecados, y sólo se salvaran los puros.

Al cristianizarse el Imperio Romano con Constantino (siglo IV), se expandió el espíritu del pobrismo como algo moralmente bueno. El pobrismo cristiano, con su teoría de los últimos serán los primeros y los pobres heredaran la tierra, se mantuvo reinante varios siglos hasta que el protestantismo, ya por el siglo XVI (algo que ya analizó Max Weber, replanteó el concepto de lo que tenía que hacer un creyente en este mundo terrenal. Según esta corriente, trabajar, ahorrar y enriquecerse eran saludables. El cristiano está obligado a ser un buen profesional, por lo que la semilla que ayudaría a desarrollar un sistema capitalista -por lo menos, en lo que se refiere a mentalidad- estaba plantada. Durante estos siglos precapitalistas se dieron innumerables corrientes religiosas, llenas de profetas, anacoretas y experiencias comunales autárquicas contrarias al dinero y a la propiedad privada.

Escohotado estima que hubo un par de inventos que supusieron también un profundo cambio: la aparición de la letra de cambio y la contabilidad moderna, inventada por Luca Pacioli.

La sociedad que surgió tras la Revolución Industrial liberó al siervo de depender del señor feudal e impulsó una burguesía moderna que, originariamente, habitaba los burgos o ciudades comerciales. Esta burguesía le rebatió el poder a la aristocracia, pero también creó el proletariado, una clase social que trabajaba a cambio de un salario. Ahora el trabajo se tornaba como algo especializado según se demandaba por el mercado incipiente, provocando también, esto es opinión mía, unas enormes desigualdades que fueron motivo de conflictos.  Ya se conoce toda la marcha del movimiento obrero y su lucha, aunque en este ensayo  sólo se llega hasta el contexto anterior a Marx, dejando el resto de años para un futuro segundo tomo.

Unido a este nuevo desarrollo económico, el del capitalismo, la gente puede cobrar en dinero y esto estimula su circulación. También arranca una mayor demanda de libertades, con un  liberalismo que se presenta como nueva ideología antagónica a un absolutismo robusto pero con pies de barro. Surge el ideal de ciudades autogobernadas.  

La Revolución Francesa y la americana supondrán un antes y un después en la historia  de la humanidad. Es hora de construir la democracia liberal burguesa. El autor dedica una amplia sección a la Revolución Francesa, dando un punto de vista bastante crudo de lo que supuso el terror jacobino y la desviación populista de una revolución en su origen liberal.

Desde luego, la transformación económica y tecnológica que ha vivido Europa desde la Revolución Industrial es innegable. La destrucción creativa o innovación ha cambiado el mundo por completo.
Los enemigos del comercio es un repaso sintético del desarrollo económico de occidente, sus guerras, sus teóricos económicos y filosóficos más importantes, sus religiones, su comercio y  sus revoluciones. Usando esta división entre libertad y seguridad, entre comercio y comunismo, y estudiando el pasado con detenimiento, podemos acercarnos más a un entendimiento  del presente. Merece la pena leer esta obra.

Ficha del libro
Nº de páginas: 600 págs.
Encuadernación: Tapa dura
Editoral: ESPASA LIBROS, S.L.U.
Lengua: ESPAÑOL
ISBN: 9788467029772

2 comentarios:

  1. Estoy transcribiendo algunas entrevista, conferencia e intervenciones de Antonio Escohotado que se pueden encontrar en videos de la web. Están en http://parerga-und-paralipomena.blogspot.com.es/

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