martes, 11 de junio de 2013

Nos vigilan

Está claro que los vigilantes, poderes públicos, corporaciones y demás interesados en nuestra “seguridad”, siempre han utilizado los avances tecnológicos para controlarnos. El vídeo, la fotografía, el micrófono y un largo etcétera de inventos cuyo uso puede derivar en cualquier asunto oscuro.  Saber qué hacemos, qué pensamos, por dónde nos movemos, es una obsesión del Estado. En nombre de la seguridad y de la persecución de delincuentes, el individuo es asolado por el ojo del leviatán. Ya lo reflejó George Orwell en “1984”, extraordinario libro en el que el escritor británico diseñaba un mundo antiutópico, mitad nazi, mitad estalinista, controlado por un orden absoluto cuyos tentáculos se extendían a toda la sociedad. Un “Gran Hermano” vigilaba, manipulaba y engañaba, siempre en beneficio de la “mayoría”. Qué cuidado hay que tener con los que se presentan como redentores.

La última noticia sobre esa manía del poder de hurgar en nuestra privacidad es la que aparecido recientemente en relación aEEUU. El FBI y la Agencia de Seguridad Nacional han usado, según la información publicada, los servidores de  Microsoft, Google, Apple o Facebook para acceder a la información de sus usuarios. Ya sabemos que la privacidad en Internet es algo muy difícil. Pero está claro que al poder no le interesa si sales en una foto de fiesta o si comentas un chiste. Al poder le interesan todas aquellas actividades que él considere perniciosas para su supervivencia. Para ello, investiga correos electrónicos, videoconferencias, transferencias de archivos, detalles de redes sociales y un largo etcétera.

EEUU utiliza para esta vigilancia masiva un programa llamado PRISM. Éste surgió en la época de Bush hijo, que, tras el atentado de las torres gemelas y en nombre de la seguridad nacional, convirtió a todo ciudadano en potencialmente sospechoso.

Pero, como rezaba una frase que leí en “Watchmen”,la obra maestra de Alan Moore, “¿Quién vigila a los vigilantes?” En esta  novela gráfica surgen una serie de cuestiones de interés. Protagonizada por unos superhéroes que luchan contra el crimen, ¿qué pasa si se les va la cabeza? ¿Y si se oponen a la ciudadanía que dicen salvar?, ¿y si utilizan su poder para su propio beneficio?
Fuera del cómic, seguimos con las preguntas: quién controla al que controla, sobre todo cuando detrás del vigilante, está todo el poder del estado.

Casos como Wikileaks, en el que se desvelaron algunos secretos de estado muy comprometedores y cuya historia ya se conoce, u otros que son más propios de película de intriga que de la realidad, sólo son una parte minúscula de todo lo que se mueve en el mundo de las altas esferas.

Internet -y toda tecnología que se precie- puede ser utilizado para el bien común o para el de una minoría, para liberar o para esclavizar, para construir interesantes proyectos colectivos o para espiar. La red es neutra, pero las personas que circulan por ella no. Me preocupa que toda la libertad que caracteriza a Internet se decline en pos de alguna causa  que justifique la eliminación de derechos civiles y libertades públicas. Hay que estar atentos.

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