jueves, 6 de junio de 2013

Redes sociales y movilización ciudadana

Como ya sabéis, desde hace días es noticia la existencia de una confrontación entre el  gobierno turco y varias protestas ciudadanas. Como ya ocurrió en su momento con la primavera árabe, miles de personas salen a la calle pidiendo más democracia. Ante esa situación, el gobierno ha respondido  con contundencia, como sólo sabe hacer un poder que se siente amenazado. De hecho, el origen de la protesta arranca con una represión policial dirigida hacia unos activistas que se manifestaban contra la tala de unos árboles para hacer un centro comercial. Como una llama ante un bidón de gasolina, todo ha explotado  movilizando a muchas más personas que, al final, se han sumado no ya contra la tala de árboles, sino, según ellos, contra el “autoritarismo” del gobierno.

En el centro de las movilizaciones, de nuevo, nos encontramos con el poder de las redes sociales. El primer ministro turco, Erdogan, ha criticado a Twitter, mejor dicho,  ha culpado a la red social de ser un canal peligroso favorecedor de los disturbios. Una vez más, vemos cómo  Internet no sólo sirve para chatear sobre temas banales, sino para difundir la indignación y la esperanza a través de paquetes de información que viajan a la velocidad de luz.

Manuel Castells, en un artículo fantástico titulado “Internetfobia”,  lo dice meridianamente claro: “Temer a Internet es temer la libertad”. Sin medias tintas, culpar de todo lo malo a un canal de comunicación bidireccional, en el que el poder de los gobiernos y las corporaciones mediáticas es bastante más reducido que fuera de él, es sospechoso. La censura se viste de moralidad, atentando contra el perfil de los internautas a los que llaman piratas o, algo peor, culpando a la red de ser un nido de depravados. Cuando el poder se pone nervioso, ya vemos cómo actúa.

Enrique Dans  también se ha hecho eco de los altercados en Turquía y, a través de su blog, comenta, muy acertadamente, que “Si algo caracteriza a un dictador es la incapacidad para comprender el cambio que suponen los medios sociales, la disfuncionalidad que supone ver a tu pueblo como a un enemigo contra el que tienes que defenderte, al que debes combatir, al que tienes que hurtar la información”. Está claro que Internet supone un avance en la comunicación que hace que la población, sobre todo joven, viva y vea  situaciones que no le gustan y, lo que es más importante, pida unos cambios que chocan radicalmente con los gobiernos más inamovibles.

 ¿Alguien niega la importancia que tuvo la imprenta para la difusión de ideas revolucionarias que cambiaron el devenir de nuestro mundo? Entonces, ¿por qué obviar el poder dinamizador de las redes sociales en las protestas del siglo XXI? Está claro, porque, como establece Castells en su artículo, con un  Internet potente y desarrollado, hay mucha gente que empieza a perder poder. Un ciudadano libre, informado y empoderado es un ciudadano crítico al que no se le puede engañar con historias para no dormir. Una vez más, vemos atónitos cómo se unen  la tecnología, la indignación y la esperanza en pos de unos cambios tan necesitados por la gente.


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