viernes, 30 de agosto de 2013

Siria, otra guerra más



Aunque las relaciones internacionales no son mi especialidad y raramente escribo sobre política exterior en el blog, es imposible no hacer una excepción hoy, debido a las noticias sobre la guerra siria y la posible invasión -o intervención, concepto más propio del lenguaje orwelliano que caracteriza a las potencias occidentales que de otras realidades- que están llenando las páginas de internacional de todos los periódicos.  EEUU, Francia e Inglaterra, deseosos de derribar el régimen de Bachar el Asad, han aprovechado el sospechoso -y todavía sin terminar de investigar por Naciones Unidas- ataque químico contra la población siria para enarbolar la bandera de la intervención militar.

Siria lleva desde marzo de 2011 inmerso en una cruenta guerra civil. Tras un levantamiento rebelde contra el gobierno sirio en época de la primavera árabe, el ejército respondió con dureza a las protestas llevando la situación a una carnicería que dura hasta el día de hoy y que ya  cuenta  con decenas de miles de muertos. Si hablamos de refugiados, según la información que presenta la prensa, son cerca de seis millones de sirios los que se han desplazado de sus casas debido a la guerra  y cerca de dos millones de personas las que han abandonado el país, un millón de ellos, niños.
Siria es un país complejo y étnicamente diverso.  Sus 22 millones de habitantes se dividen en: 

  • ·         Un 90%  de árabes.
  • ·         Un 87% de musulmanes.
  • ·         El 74% de los musulmanes son suníes.
  • ·         Los chiíes, los alauíes e ismailíes suman un  13% del total.
  • ·         Los cristianos son el 10% y los drusos (una secta de origen islámico), un 3%.
  • ·         También existen minorías kurdas, turcas y armenias.
El gobierno sirio está controlado por el Partido Baas (el mismo de Sadam Husein)  que,  además,  está conformado por miembros que pertenecen a la minoría alauí.  Lleva gobernando el país con mano de hierro e ininterrumpidamente desde 1971. Los rebeldes, por el contrario, son mayoritariamente suníes, hecho que ha llamado la atención y despertado la simpatía de Al-Qaeda.

Con un poderoso ejército equipado con armamento procedente, entre otros países, de Rusia, se afirma que Siria dispone también de un amplio arsenal de armas químicas. Pero, ¿realmente lo usaría contra su población a sabiendas de que eso provocaría el ataque de EEUU  y la OTAN, más, si cabe, cuando días antes Obama estableció que el uso de armas químicas suponía cruzar las líneas rojas que llevarían a una intervención militar? Es difícil entender cómo un convoy lleno de inspectores de Naciones Unidas, cuya misión era investigar el ataque químico del gobierno sirio , fuera además tiroteado cuando hacía su trabajo por los mismos que lo protegían. También es un paripé dejar entrar a la ONU y que luego diga el primer ministro británico que no hace falta esperar a ver los resultados de la investigación para iniciar un ataque, palabras que se tuvo que tragar viéndose obligado a rectificar  e, incluso, y eso es de máxima actualidad, llegar a perder una votación en elparlamento británico en la que pedía el apoyo de la cámara para la guerra. 

¿Qué gana EEUU metiéndose en un nuevo avispero? Las guerras de Afganistán e Irak han supuesto una masacre para la población civil de ambos países y un pozo para la administración norteamericana del que todavía no ha salido. EEUU, como imperio violento que es, nunca ha desestimado el uso de la fuerza para defender sus intereses -utilizando desde la bomba atómica en Japón, hasta el Napalm de Vietnam, o, ya más actuales, las cárceles  tipo Guantánamo o el fósforo blanco en Irak-, pero la complejidad de estas situaciones hace pensar que van hacia un callejón sin salida con pésimos resultados. Si desde el 11S el gran enemigo es el terrorismo internacional, invadiendo países y matando a población inocente no parece que se vaya a apagar la llama de la violencia.

La realpolitik se impone de nuevo, aunque esta vez Rusia y China, como miembros permanentes del consejo de seguridad de Naciones Unidas, no están por la labor de permitir un ataque con el aval de la ONU. Otra guerra ilegal, sí, y encima con el paraguas de los derechos humanos como eufemismo.
Es cierto que Siria ostenta una posición estratégica, pues tiene salida al Mar Mediterráneo, lo que le permite ser un paso estratégico para los gasoductos y los oleoductos. Además, Siria es aliado de Irán y tiene fronteras con Irak, Turquía, Israel, Jordania y El Líbano.  De los países anteriormente citados, tanto Turquía como Israel son enemigos del régimen sirio. A ellos se les suma Arabia Saudí.

Me pregunto de nuevo si la geoestrategia puede seguir justificando que EEUU se meta en otra ratonera y, claro, también me cuestiono si España debe apoyar otra guerra como la de Irak, que ya sabemos cómo va y cómo ha ido. Parece ser, según la opinión de algunos articulistas,  que lo que realmente interesa es una inestabilidad estable en la zona, ya que tampoco hay recambio político al gobierno sirio que interese a EEUU y a sus aliados. ¿O realmente se quiere un gobierno apoyado por Al-Qaeda? Porque, tal y como se hizo en en Libia, apoyar a los rebeldes para derrocar a Gadafi fue una estrategia que no conllevaba una implicación directa de EEUU en la batalla, pero, ¿plantea Siria un mismo escenario?

Como diría Kurtz, el personaje de la genial obra de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas, lo que veremos es: “el horror, el horror”. Toda guerra es fracaso de la diplomacia y del género humano, eso por descontado. Estar en contra de las guerras no es apoyar a dictadores genocidas, es simplemente intentar que el sentido común rija las relaciones entre países y personas. Pero esto parece una utopía, por lo que seguiremos viendo más y más desastres.

Para entender más sobre la situación en Siria os recomiendo los artículos de:

También os recomiendo estos dos artículos de periodistas de El diario.es:

 “Siria y la obscenidad moral” ,  de Olga Rodríguez.


 Fuente de la imagen: diario El País.

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