jueves, 19 de septiembre de 2013

A este ritmo no cobramos pensión


Ya estaba tardando este gobierno en meter mano a las pensiones. Después de subir impuestos y recortar donde ha podido -o ha querido-,los 100.000 millones de euros al año que cuesta el actual sistema de prestaciones por jubilación supone una cuantía lo suficientemente gruesa como para dejarla intacta.

La reforma ahorrará -según las fuentes gubernamentales- unos30.000 millones de euros entre 2014 y 2022. El ahorro se debe, fundamentalmente, al cambio sustancial a la hora de revalorizar las pensiones: se elimina la subida automática en función del IPC. Esto supone, como es de entender, que los pensionistas perderán poder adquisitivo cada vez que una subida generalizada de precios no se traduzca en un aumento de lo que cobran.

En un futuro también se quieren tener en cuenta la coyuntura económica y  el incremento de la esperanza de vida para modificar las prestaciones. Esta última cuestión se ha esbozado constantemente como argumento para justificar el aumento de la edad de jubilación de 65 a 67 años. 

Lo que cobra un pensionista se basa en sus años cotizados -a no ser que sea una pensión no contributiva-, que se traducen en una prestación cuyo sostenimiento, a nivel global, depende de que la gente que está trabajando -y, por tanto, cotizando- aporte dinero a la caja de la Seguridad Social. Se trata de un sistema piramidal que se ha sustentado todos estos años anteriores en el axioma de que la población activa era inmensamente mayor que la población jubilada. La reducción de la tasa de natalidad y el citado aumento de la esperanza de vida plantean un serio problema de sostenibilidad.

 Pero, claro, otros analistas establecen que, al igual que aumenta la esperanza de vida, también lo ha hecho la productividad por trabajador, una variable muy importante, puesto que demuestra que una persona es capaz de crear más riqueza ahora que hace unos años. Como dice el economista Santiago Niño Becerra, cada vez hace falta menos gente para crear una unidad de Producto Interior Bruto. Además, tampoco se tiene en cuenta que en épocas de crecimiento económico la población ha aumentado debido a la llegada de mano de obra inmigrante o, lo que es lo mismo, nuevos cotizantes.  

Me pregunto si reducir continuamente lo que cobra un jubilado es una política acertada para salvaguardar el sistema público de pensiones. ¿No sería necesario financiar éste con otras partidas presupuestarias que no sean sólo las cotizaciones? Lo más seguro es que vayamos a un sistema dual en el que se sumen la cotización y la capitalización -ahorro del trabajador- para converger ambos en una pensión futura. La capitalización podría controlarse por medios públicos o puede circunscribirse a un plan de pensiones privado. ¿Quién ganará un sueldo lo suficientemente amplio como para que su plan de pensiones privado le sirva para algo? Y continúo con las dudas, ¿no estará el lobby de la banca interesado en deteriorar el sistema de pensiones público para que la gente vaya corriendo a abrirse un plan privado? Llamadme conspiranoico si queréis, pero los fondos de pensiones son un negocio especulativo muy goloso para una banca que absorbe tantosrecursos.

Si a todo lo expuesto sumamos que la pensión se calcula con lo que se ha trabajado los 25 años previos a la jubilación -antes eran los últimos 15 y se quiere ampliar a toda la vida laboral, con lo que contarían igual los primeros trabajos que los últimos sueldos-,  el incremento de los años que hay que cotizar para jubilarse, el desempleo, la precariedad laboral, las bajadas de sueldo, etc., lo difícil va a ser cobrar algo. A este ritmo, no va a ver forma humana de jubilarse.

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