viernes, 25 de octubre de 2013

Bill Gates invierte en ladrillo español



Bill Gates, cofundador de Microsoft y “filántropo” reconocido es, según la Wikipedia, dueño de una fortuna valorada en unos 72.7 mil millones de dólares. Son cifras tan fastuosas que es difícil imaginar a alguien con tantísimo dinero. Así que, considerando que tendrá liquidez para invertir y hacer buenamente lo que le plazca, ha decidido inyectar capital no a ninguna empresa de las tecnológicas que tenemos aquí en España -alguna Start-Up como se las conoce-, no, ha decidido hacerse con el 6% de Fomento de Construcciones y Contratas. Bill Gates invierte en ladrillo español, un activo que nos dio tanta riqueza en el pasado y que nos trae por el camino de la amargura en el presente. De esos ladrillos, estos lodos, como diría alguno.

Las acciones de FCC subieron en Bolsa un 8,30% gracias a esos 113,54 millones de euros que invirtió el empresario informático. La alegría típica de los mercados cuando ven dinero fresco nos puede confundir sobre la recuperación económica española. Si pensamos en volver al cemento, mal vamos. Pero es que parece que no hay futuro más allá del turismo y la construcción.

La reflexión que se está haciendo desde muchos medios de comunicación  es que se está abriendo la veda para comprar activos en España a precio de coste. El capital no sólo quiere optar a las típicas opciones privatizadoras de antaño, tipo Loterías, sino que también quiere su trozo de pastel de las empresas privadas, vivienda o lo que se precie. La crisis ha obligado a bajar tanto el valor de dichos activos que, cómo no, ganan atractivo ante los inversores. Esto supone el peligro de crear nuevas burbujas, pues el capital especulativo es depredador y es posible que entremos en otro espejismo.  

Con prácticamente un 26% de paro en España , estamos lejos de  levantar cabeza. Puede que haya recuperación financiera, que los bancos reciban dinero, como dice Botín, pero de ahí a que eso llegue a la economía productiva hay un trecho. Nuestro modelo productivo de ladrillo, sol, playa y cachondeo está herido de muerte. Además, cuenta con una serie de limitaciones y debilidades muy acentuadas: en primer lugar, es altamente temporal, si hablamos de turismo; en segundo lugar, si nos centramos en la construcción, ya vemos sus limitaciones tanto medioambientales como de mercado: no se puede construir tres veces más de lo que se vende.

El sistema financiero mundial funciona de esta forma: el dinero se mueve a velocidades lumínicas favorecido por una revolución tecnológica ligada a Internet, y se detiene allí donde le interesa. Rumores, confianza, ventas, compras, miedo, pánico… Cualquier sentimiento humano influye en este fluir entre monetario y virtual.

 Aunque algunos economistas se apoyen en operaciones matemáticas impulsadas por tecnologías futuristas, llegar a entender los movimientos bursátiles para jugar siempre a ganar es muy complicado; las emociones pueden más que la razón. De ahí, que veamos constantemente decisiones inesperadas cuyas consecuencias son sufridas por millones de personas. En un mundo hiperconectado, la teoría del caos adquieremucha más fuerza.




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