viernes, 11 de octubre de 2013

Los ERE, sindicatos, partidos y corrupción



“El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, Lord Acton, historiador británico.

He querido comenzar hoy mi entrada con estas famosas palabras del historiador británico Lord Acton. Sin ánimo de entrar en la demagogia de si todos los políticos son iguales, tenemos que tener clara una cosa en relación al poder: es muy peligroso si no se controla. ¿Qué es controlar? Pues repartir poder, auditar, obligar a que las decisiones sean transparentes. La democracia no es tanto que nos gobiernen los mejores como que, en caso de que nos gobiernen los peores o no hagan lo correcto, podamos juzgarlos y retirarlos de la vida pública. El Estado es neutro, en contra de lo que consideran muchos. Son los gobiernos, los políticos... en resumidas cuentas, la gente, la que orienta a las instituciones hacia un sentido u otro. La clase política es -entendida dicha clase como aquellos partidos que se han asentado en las instituciones convirtiéndolas en su propio cortijo- la que tuerce la administración hacia sus propios intereses. Como siempre, son las relaciones entre personas y colectivos las que determinan el devenir de la política.

Tras la imputación de varios sindicalistas por el caso delos ERE en Andalucía, nos damos cuenta de que ninguna estructura institucional en España, tanto sindical como política, así como muchos grupos empresariales, están a salvo de la sombra de la corrupción. ¿Es un partido político corrupto en su naturaleza? ¿Y un sindicato? Evidentemente no, pero cuando adquieren poder, capacidad de decidir y control sobre leyes, normas y dinero, entonces empiezan los problemas. Utilizar las altas esferas para hacer negocio no es sólo una cuestión de Urdangarín, Bárcenas y afines. Tanto si se entra en política para hacer dinero como si, una vez allí, se sienten tentados, es una desviación con la que tenemos que contar. De ahí que haya que huir siempre de las soluciones absolutas y radicales que vociferan eso tan manido de “hay que quitar a estos y me pongo yo, así nos irá mejor”. Como no haya un sistema fuerte de control y transparencia, junto con un rechazo social a la corrupción, ésta seguirá campando a sus anchas.

El caso de los ERE es muy hiriente, puesto que son irregularidades con dinero que iba destinado a colectivos en riesgo de exclusión social. Un cachondeo y una vergüenza. Pero es lo que pasa con la opacidad, cuando consideramos que la política es algo oscuro y no nos preocupamos por lo que pasa. La cultura política en España es pasar de la política, y así nos va. No hablo de militar, simplemente hay que ser críticos. Pero claro, algunos me diréis que cualquier alternativa al bipartidismo no lleva a nada. El nihilismo está muy incrustado en nuestra sociedad  y no voy a ser yo quien lo cambie. Pero también lo está el clientelismo: ya vimos como en su día Jesús Gil fue uno de los alcaldes más votados en España; por otro lado, el constructor Sandokán, imputado en elcaso Malaya, tiene varios concejales en el Ayuntamiento de Córdoba. La España del pelotazo tiene sus seguidores, no os creáis.

Todo este contexto es tremendamente peligroso y desolador, abre las puertas a que cualquier iluminado diga que va a regenerar España y no sepamos bien cómo vamos a terminar. Pero con estos niveles de corrupción estructural, comprendo que la ciudadanía no sólo esté harta, sino altamente indignada. ¿Alternativas? Más transparencia y más mano dura con la corrupción, pero parece que, al  final, todo se resuelve entre bambalinas y sin que nos enteremos bien. El panorama pinta realmente mal.

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