viernes, 6 de diciembre de 2013

Conceptos de Democracia. Parte I



Como sabéis,  cada semana me sumerjo en una lectura sobre ciencias sociales que me absorbe por completo y esta no podía ser menos. Hacía tiempo que quería escribir sobre conceptos de democracia, debido a que muchas instancias, colectivos, políticos etc., hablan mucho de ella y los politólogos debemos ser científicos a la hora de definir términos. Así que he desempolvado un artículo que escribió Rafael del Águila en un manual de Ciencia Política que todavía utilizo mucho y que tiene por título “La Democracia” y me he puesto manos a la obra. Esta será la primera de una serie de entradas muy esquematizadas que dedicaré a profundizar en conceptos, términos y estudios de interés sobre este modelo político.


Según el autor, el concepto de democracia como algo positivo es relativamente reciente. Hasta bien entrado el siglo XIX, las simpatías por este término eran escasas. Cierto es que en la Antigua Grecia fue donde se acuñó el término, pero en Teoría Política tenemos que esperar hasta las luchas por el sufragio universal decimonónicas para encontrar opiniones más universales y radicales en defensa de la democracia 

Cuando hablamos de democracia, se suele entender como la democracia representativa, liberal, como se la conoce. Del Águila, sin embargo, profundiza más en este término y nos dirá que podemos abordar el concepto de democracia desde dos áreas: empírica y normativa. La empírica tratará de responder a la pregunta ¿qué es la democracia y cómo funciona? Se centrará, por tanto, en analizar las instituciones, los actores que participan, las cuestiones económicas, etc. Por el contrario, el enfoque normativo intentara responder a la pregunta ¿qué debería ser la democracia? Aquí se diseñará y construirá un ideal normativo que reúna todos los requisitos que debería tener una democracia si quiere denominarse como tal. 

Por lo general, encontraremos definiciones de democracia que incluyen las siguientes características:

  • Régimen en que los ciudadanos se gobiernan a sí mismos a través de representantes o directamente.
  • Régimen en el que los representantes son responsables de sus actos ante la ciudadanía gobernada: elecciones, control sobre ellos, etc.
  • Sistema plural con competencia libre entre élites (partidos, etc.).
  • Y esta última es la que más me gusta: no se trata de que nos gobiernen los mejores, sino de tener mecanismos para expulsar a los peores con costes sociales y humanos mínimos.

El autor establece una serie de modelos para poder ilustrar mejor qué funciones, requisitos o variables debe reunir un sistema democrático según distintos puntos de vista. A saber:

  1. Modelo Liberal protector
  2. Modelo Democrático participativo
  3. Modelo Pluralista competitivo

Resumiendo esquemáticamente cada uno de ellos, diremos que:

El liberal protector es el modelo básico del liberalismo. Se basa en el control del poder y la elevación del individuo como elemento supremo. Tendrá las siguientes características:

  • Protección de los individuos frente al estado y frente a otros individuos.
  • Derechos civiles (protección de la intimidad y de la propiedad, libertad de expresión, etc.).
  • División de poderes.
  • División territorial del poder.
  • Consentimiento de los gobernados.
  • Control de los representantes.

El modelo democrático participativo tendrá, además, otras características partiendo de ciertas limitaciones del modelo anterior que, entre sus deficiencias prácticas, plantea un rechazo generalizado a la “política”. Concebir al individuo como algo aislado en la sociedad, que busca su interés en un mundo en el que las instituciones tienen poco que decir,  obliga -según este modelo- a replantearse la democracia no como un juego entre ciudadanos independientes del poder, sino como una esfera convergente entre administración y decisiones colectivas. Por tanto, las principales características del modelo democrático participativo son:

  • Garantizar el autogobierno colectivo y lograr una ciudadanía informada que participe.
  • Deliberación conjunta por parte de la ciudadanía en la toma de decisiones.
  • Autodesarrollo individual a través de la participación política.
  • Sufragio universal y uso ciudadano de las instituciones.
  • Participación ciudadana en una sociedad civil densa y poblada de instituciones mediadoras.

El problema de este modelo será poder dilucidar cómo se consiguen abrir estos cauces de participación… y que funcionen.

El modelo pluralista competitivo consideraría que el juego democrático está en manos de unas élites. Aquí  entrarían los análisis de Michels, por ejemplo, que ya habló en su día de la ley de hierro de la oligarquía.

Entre sus características más destacadas están:

  • Es un sistema para elegir élites adecuadamente preparadas y autorizar gobiernos.
  • El sistema de selección de élites consiste en la competencia entre dos o más grupos autoelegidos de políticos.
  • El papel de los votantes no es el de deliberar y decidir sobre cuestiones políticas y después elegir representantes que los pongan en práctica, sino elegir a personas que adopten de hecho esas decisiones.
Tras estos “modelos” o tipos ideales, en el sentido weberiano, que el autor ha ido desarrollando a lo largo del artículo, podemos obtener, a modo de conclusiones, qué elementos transversales son o deben ser primordiales en toda democracia. En este caso, hablamos de mínimos que todo sistema democrático debería garantizar:
  • El control sobre las decisiones gubernamentales ha de estar conferido a cargos públicos elegidos.
  • Los cargos públicos han de ser elegidos en elecciones frecuentes. Dichas elecciones deben desarrollarse sin coacciones y limpiamente.
  • Prácticamente todos los adultos han de tener derecho al voto.
  • Prácticamente todos los adultos deben tener derecho a concurrir a elecciones como candidatos.
  • Debe haber libertad de expresión.
  • Los ciudadanos deben tener derecho a acceder a fuentes plurales de información.
  • Los ciudadanos deben tener derecho a formar organizaciones, partidos o grupos de presión independientes.
  • Los cargos públicos deben poder realizar su trabajo sin interferencia de otros poderes, como pueden ser las burocracias, los militares, etc.
  • Debe existir soberanía nacional, sin que un país dependa “obligatoriamente” de lo que establezcan otros.
En la siguiente entrada seguiremos analizando el concepto de democracia, aunque creo que con este resumen del artículo de Del Águila ya podemos ir haciéndonos una idea de que la democracia, en esencia, no es otra cosa que reparto y control del poder por parte de la ciudadanía.


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