miércoles, 11 de diciembre de 2013

Paro juvenil, formación y networking



Por mucho que se empeñen los sesudos analistas, no son los Servicios Públicos de Empleo, las ETT o  los portales web  de empleo los que tienen gran influencia en intermediación en el mercado laboral. El 70% de los puestos de trabajo que se crean se ocupa por la red de contactos, o sea, que no se ven publicados. Se trata de una afirmación que siempre ha estado encima de la mesa, pero esta vez es el IESE Bussines School el que lo dice a modo de conclusión en un informe que tiene por título 'Objetivo: reducir el desempleo juvenil en España'.

El citado informe está realizado por el Centro Internacional de Investigación de Organizaciones (IRCO) del IESE, y se realiza ante un panorama desolador en cuanto al desempleo juvenil: en España hay más de 900.000 jóvenes de entre 16 y 24 años sin empleo. Mientras que en la UE la media del desempleo en  el mismo colectivo de edad es del 23%, en nuestro país se sitúa en el 56%.
El mercado laboral juvenil se encuentra ante una dualidad tremendamente polarizada: jóvenes sobrecualificados que tienen que marcharse de España por falta de oportunidades laborales y jóvenes infracualificados que no encuentran opciones, pero a los que les resultará más difícil adaptarse a otros trabajos fuera de España precisamente por su falta de formación. Este último colectivo es el mayoritario.

El Estudio realizado por el IESE -basado en un sondeo realizado a unos 250 directivos- no sólo pone de relieve dicho desajuste entre formación y realidad laboral en cuanto a criterios formativos estrictos, sino que también alude a determinadas competencias, o skills, requeridas por las empresas.  
Para ser más gráficos, las competencias estarían divididas en Hard Skills y Soft skills. Las primeras se corresponderían a la formación técnica de toda la vida: saber dominar tal programa informático, hablar un idioma, etc.; mientras que las Soft skills se orientarían a determinadas habilidades sociales, como son la capacidad de trabajar en equipo y la flexibilidad para aprender. Además, también podríamos hablar de Marketeable skills, que agruparían aquellas  destrezas “vendibles” como, por ejemplo, la capacidad de prepararse exámenes y pruebas.

El colectivo juvenil se dividiría, por tanto, en tres grupos:
  • Capacitados (achievers): motivados y ambiciosos. Poseen educación de alto nivel y hablan al menos una lengua extranjera.
  • Media (average): jóvenes con una educación incompleta. No hablan ningún idioma extranjero con fluidez y sus aptitudes son limitadas.
  • No capacitados (unskilled): jóvenes que abandonaron la escuela y no poseen habilidades laborales de ningún tipo.
Entre los déficits del sistema educativo -pensando en la orientación al empleo- que se detectan, a nivel global estaría la falta de orientación en la juventud cuando tiene que escoger la formación de cara a su futuro profesional o la falta de una mentalidad internacional o de emprendimiento.
Sin embargo, tras todos estos datos tan abrumadores, cuando se les pregunta a los directivos cuál es el principal motivo por el que no contratan a personal, el 71% de ellos responde que es por falta de demanda de sus bienes  y servicios o, lo que es lo mismo, porque no venden. Ni formación ni subvenciones son motivos principales que lleven a las empresas o, más bien, las limiten -por lo menos, a las consultadas- a contratar. Esto no quiere decir que la burocracia sea un obstáculo y que la formación se convierta en el principal motor de una economía, pero es que si no hay actividad económica, de nada sirve lo anterior.

Es cierto que cuando hablamos de modelo productivo compararnos con Alemania -que se suele hacer desde los medios de comunicación muy a menudo- es un juego en el que salimos perdiendo. Su industria y su formación profesional son superiores a las nuestras, con un alto valor añadido y más flexibilidad para adaptarse a los nuevos ciclos económicos. Toda la juventud que dejaba de estudiar para irse a la construcción es un capital humano con falta de formación que no se sabe bien dónde terminará trabajando.





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