lunes, 27 de enero de 2014

Lo que voy leyendo: “El cociente agallas”




Aún recuerdo la entretenida película “Gattaca”. La historia está ambientada en un futuro en el que la revolución genética hace que las personas, desde su nacimiento, sean destinadas a una profesión, actividad o éxito probable, tal y como sucedía también en la novela de Huxley “Un mundo feliz”. En la película, el protagonista se rebela y consigue, con esfuerzo y tenacidad, llegar muy lejos sin estar determinado por la genética “perfecta”. Tuvo agallas, como se suele decir.

Os comento esto porque acabo de leer un interesante ensayo, “El cociente agallas”, escrito por el Doctor Mario Alonso Puig y que habla no sólo del genial, fascinante y misterioso órgano que tenemos encima de los hombros llamado cerebro, sino de la voluntad, el esfuerzo y la ilusión por mejorar. En un ambiente lleno de desasosiego y riesgo, el ser humano está acostumbrado a adaptarse, modificar conductas y transformar el entorno exterior e interior. Aunque creamos que por nacimiento heredamos el talento, la inteligencia o la fuerza física, sin entrenamiento, estudio, formación y ganas de progresar nada sirve. Incluso sin disposición genética, mucha gente lucha cada día y consigue lograr metas “a priori” inalcanzables.

El libro consta de tres partes: “Conocerse y comprenderse”, “Superarse” y “Trascenderse para descubrirse”

En “Conocerse y comprenderse” (págs. 17 -89), el doctor analiza lo que a mí me ha parecido lo más interesante del libro por su carácter científico y altamente pedagógico. ¿Somos optimistas o pesimistas por naturaleza?, se pregunta el autor. ¿Está en los genes de cada uno la visión que tengamos del mundo? Puede influir, pero no determinar. La importancia de las emociones, como bien afirma el neurocientífico Antonio Damasio, es crucial. Las decisiones son una mezcla de razón, emoción e intuición. Aunque nazcamos con un perfil emocional determinado, ¿quién dice que no se pueden modificar nuestra forma de sentir? Y también cabe decir que no educarnos teniendo en cuenta el lado emocional supone olvidarnos de algo tremendamente importante en nuestras vidas.

La descripción del cerebro que hace el doctor Puig me parece muy esclarecedora y, sobre todo, rompe una serie de mitos. Según el doctor, nuestro cerebro es como si fuera de plastilina. Sí, no es algo rígido que impide el aprendizaje una vez creemos saberlo todo. Aunque tradicionalmente se dice que no podemos crear nuevas neuronas, los estudios demuestran que en determinadas partes de nuestro cerebro sí se pueden ver nacer estas importantes células. Procedentes de otras que en su origen habían sido “células madre”, tenemos “células indiferenciadas, capaces de transformarse en nuevas neuronas” (pág. 25).

Estas células madre se encuentran alrededor de las cavidades cerebrales, los ventrículos, y son “capaces de emigrar donde comienza su transformación en neuronas”. Y aquí viene lo más curioso: “cuando mantienes la ilusión, cuando te atreves a superar tu miedo, cuando das un paso hacia adelante en medio de la ambigüedad y de la incertidumbre, cuando sales de la zona de confort y aprendes cosas nuevas, estás favoreciendo que esas células madre se trasformen en neuronas” (también pág. 25).
 
Cuando vamos al gimnasio y  hacemos deporte (da igual si lo practicamos al aire libre), el cuerpo se acostumbra y nuestros músculos y sistema cardiovascular se van desarrollando para adaptarnos mejor al esfuerzo; por lo tanto, al igual que los músculos del cuerpo, nuestro cerebro responde ante los retos potenciando sus capacidades. Por cierto, también se ha demostrado que el ejercicio físico puede estimular la creación de neuronas. En un experimento realizado con ratones por el Instituto Salk, se demostró que dicha actividad física  podía multiplicar por tres el número de neuronas en el hipocampo.
La nueva creación de neuronas, o neurogénesis, es un proceso lento que exige esfuerzo por parte de la persona. La persistencia y la paciencia favorecen la neurogénesis, pero, como bien dice el doctor, esto también incrementa el grosor del hipocampo y, por lo tanto, amplifica la sensación de que somos más valientes y capaces (pág. 27). El hipocampo es fundamental a la hora de aprender. Repito un axioma que hay que tener claro: sin esfuerzo, no hay logros. Los milagros y los atajos o bien no existen, o bien no nos llevan a ningún sitio.

Si hablamos de las emociones, vemos como éstas se producen en la región prefontal. La prefontal izquierda es generadora de emociones positivas y la prefontal derecha, de emociones negativas. Según el doctor, cultivar el optimismo es potenciar la región prefontal izquierda. Buscar emociones positivas, compañías que sumen, no que resten, o ver el lado positivo de las cosas, influyen en nuestra salud tanto física como emocional. Una vez más, cuerpo y mente van de la mano.

¿Y qué pasa con el miedo y la aversión al riesgo? Pues que nos obligan a hablar de otra parte de nuestro cuerpo  llamada amígdala. No la que nos quitaban cuando éramos pequeños y las anginas nos atosigaban, sino el  conjunto de núcleos de neuronas localizadas en la profundidad de los lóbulos temporales. Cuanta más actividad tiene la amígdala, más aversión al riesgo, o sea, más miedo (pág. 51).
El miedo es lo que nos roba la felicidad. Por eso es importante avanzar y combatir los temores, pero para eso es crucial saber hacia dónde vamos (pág. 63). Los objetivos y las metas o la idea de misión en la vida -que no es otra cosa que encontrarle sentido a esto que nos rodea y que nos acompaña hasta la muerte-, generan ilusión y ganas de combatir la incertidumbre. Cuanto más creamos que somos dueños de nuestro destino y de nuestras vidas, mejor estaremos emocionalmente. 

No quiero extenderme más, porque lo importante es leer el libro y que cada cual extraiga sus propias conclusiones, pero me queda alguna idea más por poner encima de la mesa. 

 Evitar las emociones tóxicas tales como “miedo, angustia, frustración, etc. (pág. 66)” es un paso más hacia la estabilidad emocional. Nuestro sistema nervioso vegetativo -formado por neuronas, núcleos encefálicos y nervios- tiene dos partes: el sistema nervioso simpático y el parasimpático (págs. 66-67). El primero nos prepara para la lucha y el desafío; el segundo para la recuperación. El primero genera el estrés necesario para huir de los peligros, pero este estrés, si se alarga, es tremendamente nocivo para nuestra salud psíquica y física: aumenta la tensión arterial, destruye el sistema inmunológico, incrementa  la glucosa en sangre y un largo etcétera.
Tras esta introducción a cómo funciona nuestro cerebro, la segunda y la tercera parte del libro recopilan una serie de consejos, anécdotas y planteamientos para poder mejorar nuestro estado de ánimo. Explorar nuestro cerebro creativo (pág. 103) y no dejar de aprender parecen dos fuertes pilares que nos ayudarán a entrenar a nuestro cerebro construyendo así un edificio emocional más fuerte. “Si quieres superarte, lee, fórmate, interésate por temas diversos, aprende cosas nuevas y dedica tiempo a reflexionar” (pág. 108).

La tercera parte es quizás más espiritual, más trascendental, como bien dice su título. Aquí entrarían las creencias de cada cual, puesto que buscar el sosiego en la vida terrenal ha sido una constante de las religiones. Pero creo que la parte espiritual está más relacionada con la reducción de incertidumbre y la generación de objetivos o, por lo menos, de un sentimiento de pertenencia a algo superior y de misión que a otro sentido más etéreo. Como vemos, cuerpo y mente, emociones y materia, se suman de nuevo.
A modo de  conclusión, la idea fundamental que he sacado tras la lectura de este ensayo es que si quieres y te esfuerzas, el cerebro responde de la mejor manera que puede. No es tanto que te compares con grandes genios, sino que intentes desarrollar todo tu potencial. La peores palabras que se pueden escuchar son “es que he nacido así” o “yo ya no puedo cambiar”. Más que en el éxito, hay que pensar en nuestra salud.  

Ficha técnica:
 Título: “El cociente agallas.  Sé valiente, cambia tu vida”
Autor: Dr. Mario Alonso Puig
Editorial: Espasa.
Nº de páginas: 224 págs.

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