miércoles, 23 de abril de 2014

Francia: recortes y socialdemocracia




Francia, cuna de la inolvidable Revolución y de tantas cosas más envidiadas por muchos, no está pasando un momento político y social para tirar cohetes. El ascenso de Le Pen muestra un desencanto político que no se ha sabido canalizar por otras fuerzas políticas -sobre todo en la izquierda llamada alternativa-, y a este panorama hay que sumarle que su gobierno socialdemócrata ha decidido andar por el saturado camino de la austeridad implementando recortes a diestro y siniestro.

Tal y como leemos en la prensa, “el programa lanzado por Valls el pasado miércoles contempla una reducción del gasto público de 50.000 millones de euros entre 2015 y 2017 y prevé que los sueldos de los funcionarios no suban y que hasta octubre de 2015 se congelen las pensiones y las prestaciones sociales”.

Ante esta decisión de Valls, un grupo de diputados ha presentado un documento alternativo a la inminente batería de reformas y recortes del primer ministro. Según los “rebeldes”, los recortes frenarían recuperación al mermar aún más la capacidad adquisitiva de las clases medias. Más austeridad de este tipo significa más contracción de la demanda agregada, lo que implica menos recaudación e, inexorablemente, más déficit y más deuda pública.

Ya veremos si lo de los diputados díscolos es un paripé o realmente la socialdemocracia se resquebraja en nuestra vecina república. Aquí en España, cuando Zapatero llevó a cabo su programa de recortes no se vio tal revuelo dentro de sus filas en el Congreso, y es que eso de la democracia interna de los partidos no se lleva muy bien con hacerse la foto y colocarse de por vida en el sillón. Lo que sí está claro es que, en los tiempos en los que vivimos, la austeridad entendida al modo de la Troika– menos estado del bienestar- no está funcionando. Y si en Europa no funciona por falta de recursos un modelo social que arranca, con sus altibajos, tras la segunda guerra mundial, me temo que la democracia se pone en peligro. Se llama pacto social a ese acuerdo que dio lugar al estado social y democrático de derecho en las cenizas de un continente barrido por la guerra. La desigualdad es causa de conflictos, pero algunos consideran que es el momento de romper la baraja y barrer para los suyos.  

Lo más curioso es que dentro de poco son las elecciones europeas. Si movemos el foco desde Francia hasta España -supongo que en  el país galo pasará igual-, la cantidad de grupos políticos antineoliberales se ha multiplicado, fraccionando más, si cabe, un voto de izquierda que no se termina de concentrar en una opción nítidamente clara. Si la socialdemocracia clásica no está solucionando problemas, parece que la izquierda “alternativa” se preocupa más por ser visionaria que por organizar una estrategia que permita concentrar el voto. Y es que cuando hay gente que cree que posee la verdad absoluta, se olvida de que, sobre todo, tiene que convencer a una amplia mayoría para conseguir su apoyo.
La política no es una tribu urbana minoritaria en la que cualquiera puede huir de la masa en nombre de la exquisitez.

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