martes, 22 de abril de 2014

Profesiones a la deriva y formación permanente, mi nuevo artículo en eproform.




Es difícil predecir el futuro de un mercado laboral que cambia constantemente y que destruye empleo a una velocidad superior al que lo crea. La tecnología dinamiza nuevas oportunidades económicas, pero la crisis acaecida en otros sectores clásicos, como el de la construcción, hace que sea imposible determinar dónde se creará trabajo, cuánto se creará y si será suficiente. De ahí que todo sean expectativas, predicciones, proyecciones de futuro o previsiones de algún experto en la materia que, al final, termina fallando más que acierta.


En un artículo reciente del diario Expansión se reflexionaba sobre estas cuestiones: las profesiones con futuro y las que no lo tienen. Desde las ocupaciones desaparecidas, como la de telefonista, hasta los nuevos profesionales informáticos, ha habido un proceso de destrucción y creación constante. Incluso estos últimos, los informáticos, deben actualizarse y modernizarse constantemente si quieren que su profesión no caduque, aunque yo, particularmente, considero que es muy difícil que el sector informático pase de moda en la era tecnológica en la que vivimos sumergidos.

Si antiguamente la edad y la experiencia eran un grado, vemos cómo, al igual que el joven menor de 30 años, el colectivo mayor de 45 supera con creces la media de desempleados si lo comparamos con otros grupos de edad. La velocidad vertiginosa a la que se imprimen los nuevos cambios hace muy difícil que, aunque seamos capaces de estar en formación continua y permanente a lo largo de toda nuestra vida, tarde o temprano las generaciones más jóvenes nos pisen los talones con su energía a tope, su capacidad de trabajar por poco salario y las nuevas tecnologías aprendidas desde la cuna. El vertiginoso ritmo del consumo hace que, por parafrasear al sociólogo Zygmunt Bauman, todo se vuelva líquido. El empleo, también.


Además, tal y como se refleja en este otro artículo, la cuantía de las becas ha disminuido por primera vez en 15 años, lo que dificulta aún más que gente sin recursos acceda a esa formación tan importante y tan necesaria que supuestamente necesita para insertarse laboralmente. De nuevo, vemos cómo el problema individual del desempleado se ve afectado por decisiones políticas. Es obvio que en una sociedad el conjunto de relaciones y decisiones que toman las autoridades terminan afectándonos a todos. Y no digamos nada del fraude relacionado con la formación, lo que indigna aún más, sobre todo cuando desde el poder se nos recrimina tanto a los ciudadanos de que estamos parados porque queremos.


Creo que tan importante como la formación y el desarrollo de habilidades sociales tales como la comunicación, está la capacidad de crear proyectos profesionales interesantes que permitan establecer una tupida red de contactos. Si no tenemos un proyecto determinado, offline u online o como se quiera, seremos parte del proyecto de otro en el mejor de los casos; en el peor, estaremos condenados a ser excluidos.

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