miércoles, 21 de mayo de 2014

Bipartidismo y monopartidismo





El último barómetro del CIS estimaba que, para más del 80% de la población, la situación económica era muy preocupante y con pocas probabilidades de mejorar a corto plazo. Siendo el paro el principal problema de la población y atendiendo a que, además, la política es vista como el tercer problema, las elecciones europeas plantean un escenario peculiar.

En primer lugar, es posible que la abstención sea superior a lo normal. ¿Motivos? Un constante desapego de la ciudadanía ante la falta de decisión y de coraje de lo que se conoce como clase política. Casos de corrupción y crisis económica se convierten en un revulsivo para un número importante de ciudadanos de cara a acercarse a las urnas. Si la abstención es amplia, lo más probable es que vayan a votar los convencidos, o sea, gente que tiene el voto meridianamente claro. Esto podría ser un punto a favor para el PSOE y el PP, que, según muchos analistas, son los principales interesados en que la participación no sea muy alta. ¿Por qué? Pues porque si la participación fuera superior al 70%, por poner una cifra alta, estas elecciones europeas se deberían interpretar en clave nacional. ¿Qué pasaría si perdiera el PP o el PSOE se diera otro batacazo? No se podría culpar a la abstención, por lo que tendrían que tomar medidas que irían desde adelantar elecciones hasta la de abrir procesos para elegir nuevos líderes.

En segundo lugar, según otra encuesta del CIS, aunque el bipartidismo sigue siendo dominante, no se puede asegurar que sus resultados sean los mejores. ¿Qué pasaría si ninguno de los dos obtuviera una mayoría para gobernar en España y el voto nacionalista catalán o vasco no sirviera para tener mayoría parlamentaria? Pues que tendrían que jugársela, así que ya han salido voces como la de Felipe González pidiendo un pacto de gobierno entre PSOE y PP (aunque luego dijera que se arrepiente y que no ve ese escenario posible, pero la piedra está echada). 

Dicho posible pacto de gobierno sería la versión española del acuerdo alemán entre le SPD y la CDU de Merkel. Lo que ocurre es que la propuesta del antiguo presidente del gobierno ha supuesto un golpe para una estrategia electoral que el PSOE había planteado con el lema de que ellos no se parecen nada al partido de Rajoy. Además, la moción de censura en Extremadura, que se sabía que no iba a salir adelante pero que suponía un intento de mostrar que IU está más interesada en ayudar el PP que en permitir gobiernos progresistas, se queda así descafeinada: siempre se puede decir que, al final, PSOE y PP terminarán gobernando juntos.

En tercer lugar, ¿a quién beneficiaría un “pacto de estado”? Pues seguramente al PP, porque el PSOE, desde que Zapatero asumió la política de recortes, tiene una crisis de credibilidad importante en un amplio sector del electorado progresista. Lo más peligroso de considerar que es necesario un pacto entre las dos fuerzas mayoritarias es trasladar a la opinión pública que los recortes y las políticas de ajuste son de “interés general” y que, por lo tanto, no existe otro camino a seguir.

En cuarto lugar, ¿qué pasa con el resto de fuerzas políticas? Parece que todavía están lejos de ejercer presión. Por un lado tenemos a VOX -fruto de una escisión de militantes del PP-, que no parece quitarle muchos votos.  UPyD, aunque crece, no arrastra un electorado suficiente para significar un problema ni a al PP ni al PSOE, al igual que Ciudadanos. IU tiene un techo electoral que no termina de romper y ahora se ha encontrado con la iniciativa PODEMOS, un movimiento muy interesante liderado por el profesor de Ciencia Política Pablo Iglesias. En unos pocos meses, PODEMOS ha conseguido establecerse en las encuestas como una posible fuerza con representación en el Parlamento Europeo. Eso sí, habrá que ver si las elecciones lo confirman o no y si, tras las europeas, esta iniciativa sigue creciendo para convertirse en un partido con opción a restarle suficiente espacio a IU.

Pero, por muchos partidos que se presenten, el bipartidismo sigue siendo hegemónico. Bueno, ¿bipartidismo o monopartidismo?

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