miércoles, 16 de julio de 2014

Campañas electorales, Podemos y situación política




Las campañas electorales, aunque muchas veces la gente considera que no sirven, en ocasiones, suelen ser bastante útiles. Un ejemplo es la de Podemos, que debería estudiarse en las facultades de Políticas -yo estudié en una- como ejemplo de optimización de recursos y estrategia.

Que en poco tiempo una formación desconocida pero que contaba con un liderazgo de reconocido prestigio, el del mediático Pablo Iglesias, irrumpa en el parlamento europeo con más de un millón de votos es de tomárselo muy en serio. Financiándose con crowfounding, usando de forma magistral Internet y las redes sociales y aprovechando el posicionamiento en los medios de comunicación de sus dirigentes, Podemos ha supuesto un terremoto político que ha puesto a mucha gente muy nerviosa. Ya he dicho en más de una ocasión, entre risas, que el ascenso de Podemos está suponiendo un incremento del prestigio de los politólogos, puesto que sus caras más visibles son verdaderos expertos en la ciencia política que han aplicado, en la práctica, mucho de esos debates que teníamos en las aulas, pero que parecía que no iba a ningún lado.

Según el último estudio del CIS, un 30,9% considera buena o muy buena la campaña electoral de Podemos. La peor valorada es la del Partido Popular, pero  una cosa es evidente: tanto al PSOE como al PP les interesaba enfriar una campaña electoral en la que no estaban muy interesados en plantear un debate abierto sobre la política española en el que salieran aún más perjudicados.

Además, como leemos en la prensa, “Podemos se coloca con 15,8 puntos como el segundo partido que tiene una posición más cercana a los encuestados, muy cerca del PP (16 puntos). En tercer lugar se encuentra el PSOE (14,3) y muy alejadas otras formaciones como Izquierda Plural o UPyD”.   La campaña y la posterior puesta en marcha del incipiente partido han generado más simpatías que rechazo.

Hay un antes y un después del 15M y, desde luego, viendo la campaña anti Pablo Iglesias, un antes y un después de las elecciones europeas que significaron un severo correctivo para el bipartidismo, que, por primera vez en nuestra historia democrática, no sobrepasaba el 50% de los votos.

Las prisas que le han dado al gobierno central para intentar cambiar la ley para que en las elecciones locales sea elegido alcalde directamente el que encabece lista más votada, sin permitir pactos de gobierno, significa, en mitad del partido, un intento por cambiar las reglas un tanto sospechoso. Para frenar el avance de otras fuerzas políticas que pueden hacer peligrar muchas alcaldías al PP, éste último opta por el rodillo de su mayoría absoluta. Pero la formación liderada por Rajoy no sólo está tambaleándose debido a Podemos, este último es  el efecto de una situación política y social muy crítica cuyos efectos más duros -pobreza, paro, exclusión social- están golpeando cada vez más a una población harta de despropósitos.

La violencia con la que se intenta desprestigiar a Podemos está, a mi modo de ver, creando el efecto inverso. La gente puede pensar que si hablan tan mal los que llevan tantos años gobernando, será porque tienen miedo de perder sus privilegios. Por eso, el concepto casta está haciendo tanto daño al establishment, porque se inserta muy rápido en las mentes de las personas y va creando un escenario que enlaza directamente con el 15M: la que nos habla del 1% y el 99%; los de arriba y los de abajo; las élites que han provocado la crisis y la mayoría que la paga, etc. Desde luego, hablar de casta es algo que ha penetrado tan bien en el lenguaje popular que, con mucho que se empeñen, la palabra ha llegado para quedarse.

La política está para solucionar problemas, no para crearlos, y los problemas sociales que tenemos en nuestro país son tan graves que, en vez de intentar echar pestes de partidos nuevos que irrumpen en las elecciones, el poder político actual debería intentar ponerse manos a la obra e intentar solucionar algo de una vez. ¿Serán capaces o seguirán buscando provocar el miedo? Claro, mucha gente ya no tiene miedo. Cuando no tienes nada, o casi nada, poco tienes que perder. Os recomiendo este artículo de JuanTorres; da que pensar: 


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