lunes, 22 de septiembre de 2014

La industria de los contenidos, Internet y piratería



Parece mentira que cuanto mayores son las opciones de acceder a la información y, por extensión, mayores las posibilidades de ampliar el conocimiento humano, más voces surgen en contra del progreso infinito que ofrece Internet para potenciar la difusión de los contenidos culturales. Nostálgicos del papel y la imprenta lo que esconden, en realidad, es el fracaso de un modelo de negocio y la necesidad de adaptarse a los tiempos de la red. Los que hasta ahora tenían una posición de privilegio, los medios tradicionales e industriales, han fracasado intentando que los gobiernos se dediquen a legislar de espalda a Internet. Digo fracasado porque no han podido limitar su uso, no porque no paren una y otra vez de intentar usurpar la red con leyes retrógradas.
 Nadie dijo que fuera fácil la adaptación a la nueva era tecnológica, pero es irreversible. Los intermediarios cambian y cada vez más, muchos  están pasando a un lugar marginal. ¿El fin de la cultura? Imposible.

Enrique Dans lo expresa muy bien en su blog: la industria tiene que darse cuenta de que el consumidor ve el cine, u otros contenidos, en una pantalla de ordenador. Que si le obligamos a pagar precios elevados por una película o una serie, lo más normal es que se busque otras fuentes de acceso. Es la teoría de la optimización de tus recursos. Sin embargo, en vez de ofrecer buenos portales con una oferta cultural en red que se financien o bien con micropagos o bien con publicidad -o una tarifa plana mensual de bajo coste-, se pretende cerrar el ciberespacio y limitar la neutralidad de la red, criminalizando por extensión a todo internauta que se precie. No, no somos piratas; el negocio debe cambiar y la industria adaptarse.

Gracias a Internet he podido ver grandes clásicos del cine que no encontraba en ningún  videoclub -de los pocos que quedan- ni  en la televisión. También empapelarme de la discografía de algún clásico musical, o disfrutar de un grupo que luego he pagado por ver en directo. ¿La solución es prohibírmelo? ¿Condenarme a no poder disfrutar del cine porque no vivo en Madrid u otra ciudad en la que pueda ir a un videoclub lleno de películas de arte y ensayo? Seamos serios: si se inventaron las bibliotecas públicas fue precisamente por acercar conocimiento sin el obstáculo económico, y hasta ahíse pretende cobrar. Debemos crear un modelo de equilibrio entre el interés de los autores en cobrar y el interés del consumidor de optimizar sus recursos gracias al ancho de banda.
Seguro que si en vez de insultar a jóvenes que ven videoclips en Youtube, se  aplicara el sentido común y se buscasen alternativas realistas, se podría llegar a mejores resultados que los actuales.


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