viernes, 5 de septiembre de 2014

Nuevo artículo: "Estados de violencia".

Os dejo mi nuevo artículo en el periódico digital "Almería 360º". Esta vez ha tocado reflexionar sobre la violencia.


 Aquí el texto íntegro:



Imágenes recientes de unos policías de EEUU disparando a un joven negro han dado la vuelta al mundo. Pueden parecer sacadas de una de sus exitosas películas de acción, pero son tan reales como la vida misma. Una lluvia de tiros abate al chico hasta dejarlo sin vida en el suelo, porque, supuestamente, portaba un arma -¿blanca?, ¿pistola? Quién sabe- y, por lo tanto, suponía un peligro contra dos agentes armados hasta las cejas. ¿Realmente era necesario matarlo a sangre fría? Una vez más, la violencia se convierte en forma de toma de decisiones. Para qué pensar, para qué hablar, si puedes apretar el gatillo.

Tras éste y otro asesinato más, las revueltas no se han hecho esperar. El fantasma del racismo surge de nuevo en la primera potencia mundial, un territorio que no hace mucho justificaba el segregacionismo racial como forma de orden público.
Uno de mis escritores de novela policíaca favorito, John Connolly, en una genial novela titulada “Los atormentados”, plantea un análisis interesante. Ambientada en el estado de Maine, describe ciertas torturas -los dirigentes de la cárcel no las llaman así- que se desarrollan en un presidio. Una abogada reflexiona ante el detective protagonista. ¿Cómo es posible que tratemos fuera de nuestras fronteras a alguien bien si dentro nos portamos así con los nuestros?, ¿alguien puede extrañarse de Abu Graib?, se pregunta la abogada mientras habla de la pena de muerte, los juicios a menores como si fueran adultos o la falta de asistencia para presos con graves problemas psiquiátricos.
 ¿Puede un país que permite regalar metralletas a chavales de 10 años aspirar a convertirse el líder moral de un planeta en conflicto? ¿Realmente esperamos que a la primera de cambio no arrasen con lo que pillen? Nos partimos el espinazo para que los juguetes sean lo más inofensivos posible, pero a una niña pequeña se le resbala la escopeta en un campo de tiro y se lleva por delante a su monitor. Qué paradoja la del país del Tío Sam. 

 Cuando varios alumnos menores mueren porque a un majara que dice ser un incomprendido se le va la cabeza y descarga un arsenal en un colegio, los defensores de las armas culpan a la televisión o a Marilin Manson, o a los Simpson, o a Obama o vaya usted a saber, pero nunca a la libertad para llevar un cañón recortado debajo del abrigo por si acaso tienes que cargarte a alguien. Como bien dice Connolly -un irlandés que vive largas temporadas en el país norteamericano- en una entrevista, “hay un radicalismo que me llama liberal y se cree que me insulta, que odia a Obama por ser negro y que confunde el individualismo con el derecho a que un hombre se siente a mi lado en un Starbucks con un arma automática. Esos tipos hacen que no quiera vivir en EEUU”.

Otro gran aliado de EEUU, Israel, también ha hecho de la ofensiva una forma de hacer política. Ante cualquier problema, su respuesta siempre es de una violencia descomunal y desproporcionada. Es la paranoia del que siempre ha estado perseguido llevado a sus últimas consecuencias. Uno de los mayores ejércitos del mundo compara bombardear un barrio matando niños con disparar a sus militares. En la balanza, los palestinos ponen más muertos, pero a eso se le llama derecho a defenderse. ¿Se puede construir la paz cuando las víctimas no valen igual para unos y otros?  El valor de una vida humana viene establecido por lo que diga su pasaporte, o su etnia, o su religión…
Es la ley de la selva, el sálvese quien pueda. Es la violencia verbal en el coche, la violencia contra el débil, la supremacía del que pega más fuerte. La violencia del que gana contra el que pierde, del mayor contra el menor, del hombre contra la mujer. Violencia que lleva siglos con nosotros, una guerra permanente que no parece tener fin. Que nadie crea que es culpa de las películas de Tarantino.
@Hecjer

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