jueves, 26 de febrero de 2015

Europa y las empresas tecnológicas



Enrique Dans hablaba en un artículo reciente sobre la manifiesta incompetencia que muestra Europa para crear empresas tecnológicas potentes que compitan con EEUU. Fruto de esto es que se ha ido creando un infierno legislativo que coloca palos en las ruedas de cualquier emprendedor tecnológico. Ejemplos varios: derecho al olvido, tasa Google…

Disfrazadas de normas a favor del ciudadano, la presión de los lobbies de la prensa u otros está poniendo muy difícil que Europa, en general, y España, en particular, puedan crear un caldo de cultivo favorable a una nueva economía. Y es curioso, porque de la misma manera que se defiende desde determinados ámbitos que la cultura tiene que ser una cuestión de estado que debe ser protegida y fomentada, creo que el ámbito tecnológico no puede ser atacado como lo está siendo. En un modelo postfordista, con altas tasas de desempleo, con un incremento de la flexibilidad y la precariedad, ¿podemos permitirnos no buscar nuevos nichos de empleo? ¿Podemos paralizar sectores en auge sólo porque grupos de presión no quieren afrontar el cambio que vivimos desde hace años? ¿Debemos seguir enfocando la creación de empleo en poner a los desempleados a embellecer calles?

El exceso de burocracia es un problema. Debemos afrontar el reto urgente de equilibrar la necesidad de un estado del bienestar con la de una economía dinámica. Pero ya ha sido dicho por mentes lúcidas otras veces: el estado, al final, se convierte en un instrumento en manos de la clase dominante. Para qué se va a permitir que se desarrollen nuevas empresas a un ritmo rápido, si ponemos en peligro el chiringuito de más de uno. Si se pretende, como escribí hace unos días, bajar el paro hasta el 8% en cuatro años así, vamos apañados.

Un país que se considere desarrollado no se puede permitir no avanzar en esta nueva revolución industrial llamada tecnología. No se puede seguir viendo Internet como una moda pasajera propia de cuatro frikies que no quieren pagar por ver películas. La tecnología significa mucho más: es un incremento de la productividad sin parangón, un acortamiento de la distancia entre productor y consumidor como no se ha visto antes y un nuevo espacio para crear empleo y riqueza. Si la robotización destruye un tipo de empleo, más nos vale ver en qué medida podemos crear nuevos.

Con tasas de paro que superan el 20%, no entiendo cómo en España somos capaces de aprobar una tasa Google que afecta a todos los que tenemos blogs o desarrollamos proyectos profesionales en la red. ¿No podemos enlazar? ¿No podemos compartir? ¿No podemos innovar? Pues se ve que no. Luego que no digan que la gente no quiere emprender.

La red ha generado un cambio de paradigma. Es la cultura de compartir, como diría Castells, la que se está abriendo un espacio cada vez más amplio. Todos esos términos, como los de economía colaborativa, adquieren un nuevo sentido cuando los enfocamos desde la perspectiva de las nuevas tecnologías de la información. Se abren nuevas posibilidades de industrialización, no entendida como hace 200 años, sino algo lleno de riesgos y novedades que, aunque genera incertidumbre, también puede abrir espacios de esperanza para el crecimiento económico a un ritmo tremendamente vertiginoso. Si los recortes en investigación perjudican a los avances científicos para luchar contra enfermedades, por ejemplo, ¿no deberíamos fomentar la innovación en todos los sectores económicos? Es una pregunta que dejo para el debate; sin embargo, la gran cuestión no es qué queremos, sino cómo conseguirlo.

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