jueves, 21 de mayo de 2015

¿Hacia dónde va el mercado laboral?




A lo largo de la historia siempre ha hecho falta trabajo humano para transformar la naturaleza y así obtener bienes y servicios.  La revolución industrial sustituyó esfuerzo de las personas por tecnología e incorporó nuevas fuentes de energía que permitieron una gran transformación. Al día de hoy, con la nueva revolución tecnológica, nos encontramos ante un nuevo paradigma, que no es otro que la continua sustitución no sólo de “músculo”, sino de tareas intelectuales, o sea, de “cerebro”. 


La tecnología empieza a destruir empleo a un ritmo mayor que el que es capaz de crear y eso desemboca en la realidad siguiente: sobran horas de trabajo. Y muchas. No es cuestión de volverse un ludita, sino de analizar la realidad con todos sus matices. 


El economista Santiago Niño Becerra lo expresa muy claramente en un artículo: “Pues estamos en un punto en el que cada vez se precisa menos factor trabajo; en un punto en que el factor trabajo que se necesita puede estar en cualquier parte; en un punto en el que la oferta de trabajo es muy superior a la demanda lo que ha llevado a que casi todo el factor trabajo tenga un precio menor, es decir, un salario menor; en un punto en el que las condiciones de contratación y de trabajo pueden empeorar porque si quien desempeña esas tareas se niega la cola de candidatos que tiene detrás esperando a ser contratados llega a la puerta”.


El subempleo es una realidad. Cada vez hay más precariedad y, de hecho, el número de trabajadores pobres se está disparando. Podemos esperar que se abran nuevos nichos de empleo -yo creo que llegarán- pero, mientras tanto, parece que el reto en nuestra sociedad es cómo afrontar este problema. No profundizar en el debate de la precariedad y el desempleo sería un gran error.


Según Niño Becerra, la tendencia del capital siempre ha sido la de ahorrar factor trabajo y eso la tecnología lo facilita perfectamente. Además, la red permite una flexibilidad a la hora de consumir que se traslada a la producción. Las empresas deben adaptarse a cambios constantes en unos consumidores que exigen productos distintos de cualquier ámbito geográfico. Se necesita gente que trabaje en un momento dado, aquí y ahora, para luego prescindir de ellos. Esto nos lleva a un mercado laboral lleno de trabajadores a tiempo parcial, falsos autónomos y temporales. Y no se nos olvide, cobrando cada vez menos. La flexibilidad se impone si queremos competir, pero el exceso acarrea grandes males.


Invertir en innovación puede ser importante, así como incrementar la formación de los trabajadores y desempleados o implementar ayudas sociales que impidan que nadie se quede en la cuneta. Sin embargo, no es suficiente.

Son muchas preguntas las que están encima de la mesa: ¿hacia dónde va el mercado laboral?, ¿podremos resistir -sin grandes conflictos sociales- al incremento de las desigualdades?, ¿cuál será el sector que definitivamente creará empleo?, ¿habrá trabajo para todo el mundo?, ¿debemos abandonar la idea de pleno empleo?


Me gustaría conocer vuestra opinión sobre este asunto.


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