miércoles, 24 de junio de 2015

Mejorar la transición de los estudios al trabajo y paro juvenil




El desempleo juvenil se está convirtiendo en un estigma para el futuro de los jóvenes. No lo digo yo, lo afirma la OIT. Sentirse excluido de los mínimos de bienestar social y no formar parte de una comunidad en base al empleo es un factor de alto riesgo de exclusión.


El 37% de los desempleados en el mundo son jóvenes. Es un dato escalofriante, pues la falta de expectativas puede mermar la capacidad de esfuerzo y, por qué no, las ganas de cumplir con las normas impuestas por la sociedad. ¿Para qué voy a obedecer si no puedo ni siquiera vivir dignamente?

Las cifras anteriores nos trasladan de nuevo a la importancia de la formación para los jóvenes (aunque, al día de hoy, es importante para cualquier colectivo).  Una formación que proporcione el desarrollo de competencias profesionales junto a las recurrentes prácticas en empresa es, sin lugar a dudas, un aspecto de máxima importancia. Por otro lado, tal y comoescribí en su día, no sólo se trata de formación. Las empresas suelen quejarse de que no encuentran perfiles adaptados a sus demandas, y es que no se trata de acumular títulos sin parar, sino de formarse en aquello que tiene una demanda en el modelo productivo existente.


A su vez, la Unión Europea ha puesto encima de la mesa lanecesidad de plantear una serie de directrices para mejorar la situación en relación al paro juvenil y su respectiva formación, orientadas a “resolver las debilidades estructurales en los sistemas de educación y formación a efectos de garantizar unos buenos resultados de aprendizaje y reducir el número de jóvenes que abandonan los estudios de manera temprana”. Es cierto que el desempleo en los menores de 30 años es preocupante, pero más preocupante son los que ni trabajan ni estudian.  Los Ni-Ni pueden  hipotecar su futuro de por vida oscilando entre la exclusión social por desempleo y la precariedad permanente, con todo lo que esto significa desde el punto de vista no sólo del crecimiento económico, sino incluso desde la perspectiva de mantener unos mínimos de paz social.


La UE propone medidas que se orienten a “reducir y prevenir la segmentación y combatir el trabajo no declarado. Por último se anima a impulsar la inclusión social, combatir la pobreza y promover la igualdad de oportunidades, a través de la modernización de los sistemas de protección social para dar una protección efectiva, promoviendo la igualdad de oportunidades y abordando las desigualdades”.

La cuestión  de la igualdad de oportunidades me sugiere reflexionar sobre la idoneidad o no de articular medidas específicas contra el paro juvenil, en vez de centrarnos en mejorar el empleo en su conjunto. Creo que este es un debate necesario, porque vemos muchas medidas, bonificaciones, subsidios y subvenciones para contratar jóvenes pero, sin embargo, no terminan de cuajar a la hora de reducir las estadísticas. Quizá sea hora de analizar el empleo digno en su conjunto y prestar atención a la cuestión juvenil como un añadido más de un plan estratégico global.






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