viernes, 7 de agosto de 2015

Fin del trabajo, innovación y riesgo.



Según Andrés Oppenheimer, uno de los intelectuales más prestigiosos de Latinoamérica, en pocos años “sufriremos un terremoto económicoy el 47% del empleo desaparecerá”. La entrevista, publicada por el diario digital El Confidencial, nos deja mucha información que considero interesante.  

Oppenheimer estuvo investigando en Sillicon Valley  buscando el secreto del éxito de EEUU para producir algo parecido a un Bill Gates o un Steve Jobs, y una de las conclusiones del pensador es la capacidad que tienen éstos emprendedores -en EEUU- para superar el fracaso. Mientras que en otros países crucificamos al que fracasa, al otro lado del Atlántico parece que superar esas situaciones forma parte de la vida cotidiana.

Para este autor, la innovación no es algo que se inicia con capital riesgo, sino con el desarrollo de una cultura innovadora. Nos falta estimar más a los innovadores. Como bien dice Oppenheimer, estaría bien que los jóvenes admiraran a dichos innovadores tanto como a los futbolistas.
En cuanto a los cambios que viviremos a nivel mundial en el mercado de trabajo, sus predicciones no son muy halagüeñas: el trabajo mental valdrá más, pero el manual cada vez menos, lo que implica la desaparición constante de muchos de los puestos de trabajo existentes en la actualidad.

Lo curioso de este terremoto económico es que parece que la creatividad y variables típicas como la inteligencia emocional serán cada vez más importantes para afrontar nuevos retos profesionales. No queda otra: los robots hacen las actividades de forma más eficiente, sólo nos podemos diferenciar en aspectos emocionales y creativos… por ahora.
Cada vez más, los empleos se vuelven más sofisticados y complejos. Es inevitable, pues lo mecánico ya lo hace la tecnología y el espacio para la actividad humana requiere algo más que actividades monótonas en las que no hace falta pensar. Entre los que creen que la máquina terminará con el empleo y los que piensan que no, Oppenheimer se posiciona en un término medio. Nos enfrentamos a  una afirmación objetiva: cada vez hay menos horas de trabajo y más gente.
Si el reparto de horas de trabajo parece necesario, la innovación aún más. No es muy realista considerar que el número de puestos de trabajo que destruye la tecnología se vaya sustituyendo a la misma velocidad. En mi opinión, es necesaria una intervención pública para asegurar rentas que complementen trabajos mal pagados, fomentar el reciclaje profesional e, incluso, garantizar unas rentas de inserción a aquellas personas que no encuentran trabajo y que cada vez lo tienen más difícil.
El pleno empleo me parece una utopía, pero no podemos permitir que grupos cada vez más extensos de personas se queden excluidos.

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