martes, 8 de diciembre de 2015

Análisis del debate político del siete de diciembre en Atresmedia



Ayer, 7 de diciembre, pudimos ver un debate político de máximo interés entre tres candidatos a la presidencia del gobierno de España y una representante del PP: Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Iglesias (Podemos), Albert Rivera (Ciudadanos) y Soraya Sáenz de Santamaría (PP).

Se echaron en falta más participantes: Alberto Garzón y otros candidatos de partidos minoritarios y Rajoy. El presidente del gobierno vuelve a esconderse y empieza a ser un poco cansino ver cómo no da la cara para defender su gestión. Rajoy estuvo el pasado sábado en la sección “La Calle pregunta” de La Sexta Noche y no me pareció que lo hiciera tan mal dadas las circunstancias. 

Por lo demás, fue un debate vivo, sin reglas impuestas por los partidos y  con preguntas incómodas por parte de Vicente Vallés y Ana Pastor. Ya no hay vuelta atrás: el que quiera ser político tiene que aprender a debatir y los candidatos deben dar la cara.

El debate
En primer lugar, para mí y creo que, objetivamente, para la mayoría de los que vimos el debate, ganó Pablo Iglesias. Fue capaz de colocar sus mensajes de una forma muy eficaz, conectar con las emociones de su público objetivo y criticar tanto al PP como al PSOE sin caer en el mamporrerismo. Además, su minuto de oro seguramente dará mucho que hablar puesto que, mirando a la cámara, pidió a los ciudadanos que se acuerden de las tarjetas black, la trama Gürtel, los ERE y que luego sonrían al cambio, al 15M, a las plazas, etc. Más que propuestas, Iglesias buscaba mostrar la cara que mejor se le da: la voz de los indignados. Criticó que el PSOE diga una cosa en campaña y haga otra cuando gobierna, pero además también sacó el tema de la corrupción del PP con Bárcenas y los mensajes enviados por Rajoy con el ya conocido “sé fuerte”.

En segundo lugar, Albert Rivera también estuvo a la altura, aunque lo vi muy nervioso y, desde luego, no tan bien como en otras ocasiones. Pienso que empieza a acusar la intensidad de pasar tanto tiempo en debates y entrevistas y le faltó algo de frescura. Rivera intentó mantenerse en una posición más centrada, haciendo propuestas sin parar y criticando de forma moderada los años de gobiernos del bipartidismo. El mejor momento del líder de Ciudadanos, a mi parecer, vino cuando sacó un recorte de prensa en el que se hablaba de Bárcenas y Rajoy. En ese instante, la vicepresidenta se quedó a cuadros. Es evidente que Rajoy no fue al debate precisamente para evitar ese  tema, lo cual indica que el PP todavía no ha solucionado la lacra que le han supuesto los sucesivos casos de corrupción.

En tercer lugar colocaría a la vicepresidenta, que tuvo que afrontar el marrón que le dejó Rajoy. La noté al principio muy encorsetada, como si hubiera memorizado lo que tenía que decir y lo soltara ante un tribunal. La estrategia de Soraya, que es la misma que la de todo el PP, es defender que han conseguido sacar a España de la crisis, crear empleo e iniciar una etapa de crecimiento económico. La herencia recibida de Zapatero también es un fuerte argumento para que Soraya defienda las reformas y el ajuste del gasto. Sin embargo, en cuestiones sociales -como haber metido mano en la hucha de las pensiones y tener bolsas de desempleados sin cobrar nada- y de corrupción, la vicepresidenta fue incapaz de dar más de sí. Estaría bien pedir perdón por la corrupción y asumir responsabilidades políticas. Bárcenas dice que Rajoy recibía sobresueldos y el mensaje de “sé fuerte” persigue a Génova día tras día. Pero Soraya no tenía más remedio que interpretar un papel de secundario, representando de la mejor forma lo que podía haber dicho el candidato del PP.  

En último lugar, Pedro Sánchez. El candidato del PSOE es el que más problemas tendría en este debate, puesto que los últimos años de Zapatero pesan como una losa. Recibió golpes de todos los candidatos y de Santamaría; solo mostró solvencia en cuestiones relacionadas con las pensiones y el gasto público. Sobre esto último aseguró que si queríamos cumplir con el déficit, no se podía prometer bajar los impuestos. Por lo demás, lo vi también nervioso, entró en algún rifirrafe moderado con el resto de participantes y no fue capaz de defenderse con viveza de las críticas de Pablo Iglesias, que sacó a colación de nuevo las puertas giratorias. Aunque Pedro intenta bipolarizar la situación y mostrar que el PSOE es el único voto útil para que no gobierne ni la derecha del PP ni la “derecha” de Ciudadanos, Podemos está siendo una competencia importante en un espacio llenó de votantes jóvenes que alguna vez apostaron por el PSOE.

Creo que el debate pudo ayudar para que algún indeciso tomara partido; desde luego, refuerza el liderazgo de Iglesias y Rivera, y muestra un bipartidismo cansado. Todos intentaron presionar a Rivera para saber a quién apoyaría, pero la cuestión de los pactos se mantiene en secreto hasta después del 20 de diciembre.

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