jueves, 26 de febrero de 2015

Europa y las empresas tecnológicas



Enrique Dans hablaba en un artículo reciente sobre la manifiesta incompetencia que muestra Europa para crear empresas tecnológicas potentes que compitan con EEUU. Fruto de esto es que se ha ido creando un infierno legislativo que coloca palos en las ruedas de cualquier emprendedor tecnológico. Ejemplos varios: derecho al olvido, tasa Google…

Disfrazadas de normas a favor del ciudadano, la presión de los lobbies de la prensa u otros está poniendo muy difícil que Europa, en general, y España, en particular, puedan crear un caldo de cultivo favorable a una nueva economía. Y es curioso, porque de la misma manera que se defiende desde determinados ámbitos que la cultura tiene que ser una cuestión de estado que debe ser protegida y fomentada, creo que el ámbito tecnológico no puede ser atacado como lo está siendo. En un modelo postfordista, con altas tasas de desempleo, con un incremento de la flexibilidad y la precariedad, ¿podemos permitirnos no buscar nuevos nichos de empleo? ¿Podemos paralizar sectores en auge sólo porque grupos de presión no quieren afrontar el cambio que vivimos desde hace años? ¿Debemos seguir enfocando la creación de empleo en poner a los desempleados a embellecer calles?

El exceso de burocracia es un problema. Debemos afrontar el reto urgente de equilibrar la necesidad de un estado del bienestar con la de una economía dinámica. Pero ya ha sido dicho por mentes lúcidas otras veces: el estado, al final, se convierte en un instrumento en manos de la clase dominante. Para qué se va a permitir que se desarrollen nuevas empresas a un ritmo rápido, si ponemos en peligro el chiringuito de más de uno. Si se pretende, como escribí hace unos días, bajar el paro hasta el 8% en cuatro años así, vamos apañados.

Un país que se considere desarrollado no se puede permitir no avanzar en esta nueva revolución industrial llamada tecnología. No se puede seguir viendo Internet como una moda pasajera propia de cuatro frikies que no quieren pagar por ver películas. La tecnología significa mucho más: es un incremento de la productividad sin parangón, un acortamiento de la distancia entre productor y consumidor como no se ha visto antes y un nuevo espacio para crear empleo y riqueza. Si la robotización destruye un tipo de empleo, más nos vale ver en qué medida podemos crear nuevos.

Con tasas de paro que superan el 20%, no entiendo cómo en España somos capaces de aprobar una tasa Google que afecta a todos los que tenemos blogs o desarrollamos proyectos profesionales en la red. ¿No podemos enlazar? ¿No podemos compartir? ¿No podemos innovar? Pues se ve que no. Luego que no digan que la gente no quiere emprender.

La red ha generado un cambio de paradigma. Es la cultura de compartir, como diría Castells, la que se está abriendo un espacio cada vez más amplio. Todos esos términos, como los de economía colaborativa, adquieren un nuevo sentido cuando los enfocamos desde la perspectiva de las nuevas tecnologías de la información. Se abren nuevas posibilidades de industrialización, no entendida como hace 200 años, sino algo lleno de riesgos y novedades que, aunque genera incertidumbre, también puede abrir espacios de esperanza para el crecimiento económico a un ritmo tremendamente vertiginoso. Si los recortes en investigación perjudican a los avances científicos para luchar contra enfermedades, por ejemplo, ¿no deberíamos fomentar la innovación en todos los sectores económicos? Es una pregunta que dejo para el debate; sin embargo, la gran cuestión no es qué queremos, sino cómo conseguirlo.

martes, 24 de febrero de 2015

Debate del estado de la nación. Primera parte: promesas y triunfalismo de Rajoy


Fuente: 20 minutos
Aunque no estoy siguiendo en su totalidad el debate sobre el estado de la nación, sí he ido leyendo y viendo extractos de la intervención de algunos de los líderes políticos. En esta entrada exprés, voy a centrarme en la exposición de nuestro Presidente del del Gobierno.
Por lo que veo, Rajoy entra de lleno en campaña electoral. Hemos salido, según él, de la crisis y avanzamos con paso firme hacia la creación de unos cuantos millones de puestos de trabajo antes de cuatro años. Hay que ser optimistas, nos comenta Rajoy, puesto que hemos esquivado el rescate y vamos a crecer a más del 2%.

De camino, también ha caído alguna promesa. Tal y como leemos en la prensa, el gobierno avisa de que va a aprobar “una ayuda de 1.200 euros a las familias monoparentales con dos hijos y la prometida ley de segunda oportunidad para que a las familias y pequeños empresarios que lo han perdido todo y viven asfixiados por las deudas” puedan salir a flote. Ya iré analizando el resto de medidas en cuanto las vaya estudiando, porque también se ha anunciado una nueva tarifa reducida para contratación, con los primeros 500 euros de salario exentos de cotización y bajadas de las cotizaciones sociales.

Está claro que la estrategia del gobierno es centrar el debate en la economía. No en la corrupción, que tiene bastante tocado al PP; no en otro tipo de variables vinculadas a los servicios públicos, que también puede ser un punto débil de éste. Si bien es cierto que la economía y el paro son los principales problemas de este país, la corrupción no se queda atrás. Además, la profundización en las desigualdades y en las bolsas de pobreza en España también son un escenario a tener muy en cuenta. La  mejora de la prima de riesgo no quita que nuestra deuda sea prácticamente del 100% del PIB. Y la bajada del precio del petróleo puede abaratar las cosas, pero no cambia nuestro problema en relación al modelo productivo que estamos construyendo. Mejor dicho, ¿qué modelo productivo estamos construyendo tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria? La respuesta que demos a esta pregunta será la que marcará nuestro futuro.

Rajoy pretende presentarse como un pragmático con sensibilidad social que ha tenido que tomar decisiones difíciles pero que, gracias al sacrificio de todos los españoles y a la sapiencia amplia del gobierno, ha conseguido que lideremos el crecimiento y la creación de empleo en la Unión Europea.

Aunque un porcentaje enorme de los contratos sean temporales y mal remunerados, es evidente que hay creación de empleo. Sin embargo, la baja productividad del trabajo que se crea hace que nuestra recuperación sea muy débil. En cualquier momento, todo el empleo que se crea fácil puede destruirse de igual forma. Asimismo, tampoco se habla mucho de los trabajadores pobres. ¿Podemos considerar que un trabajador cuyo sueldo no le da para vivir es alguien que ha salido de la crisis? Con datos de octubre de 2014, más del 12% de los trabajadores estaría bajo el umbral de la pobreza. No creo que esto sea una buena forma de salir de la crisis ni que este tipo de mercado laboral asegure el estado del bienestar, tal y como afirma el Presidente.

El optimismo de Rajoy, al igual que el de las grandes empresas que os comentaba en otra entrada, está enfocado más a convencer de que vamos por el buen camino que a dibujar un análisis realista de la realidad. Por ello, Rajoy advierte del peligro de votar por “demagogos” y populistas. Le ha faltado decir que vamos muy bien como vamos. “Pa qué cambiar”.

El problema de todo esto es el siguiente, y sé que me repito más que el ajo: cuidado con las expectativas. Si las bolsas de pobreza se intensifican en España, la corrupción sigue impune y el paro no baja lo que tiene que bajar, es posible que el PP pierda la partida y su espacio político se fragmente entre los que apoyan a Ciudadanos, por ejemplo, o incluso a Podemos. Nada es descartable. Pero, de igual modo, si gana Podemos, su margen de maniobra no será muy amplio. Sólo hay que ver el caso, hasta ahora, de Syriza en Grecia.


Continuará.

lunes, 23 de febrero de 2015

¿Bajará el paro hasta el ocho por ciento como dicen las grandes empresas?

Leo esto en el diario 20 minutos: “El Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC) estima que la tasa de paro española, que cerró 2014 en el 23,7%, puede bajar 15 puntos en cuatro años, hasta quedar situada en el 8%”.

El optimismo del consejo me parece exagerado, máxime cuando esa tasa de paro sólo la hemos rozado en época de plena burbuja inmobiliaria. Con el desempleo que tenemos en la actualidad, no veo muy realista pretender reducir dicha tasa tan significativamente. Se trataría, nada más y nada menos, de una bajada en cuatro años de 15,70 puntos porcentuales, algo que, al día de hoy, me parece de ciencia ficción.
El presidente de Telefónica, César Alierta, comenta que el secreto para conseguir tan ambicioso objetivo está en la educación, puesto que el 70% de los jóvenes que está en paro sólo tiene la primaria. Además, según Alierta, el 48% de los jóvenes quiere emprender pero no sabe cómo, lo cual refleja lo cerca que estamos de despegar.

Es interesante conocer que estas declaraciones han sido expuestas en un evento organizado por Lanzaderas de Empleo -ya os he hablado otras veces de este programa pero, en síntesis, es un interesante proyecto que trata de fomentar la cooperación entre desempleados para encontrar trabajo-. Digo que es interesante porque parece que empieza a cambiar la mentalidad de mucha gente a la hora de enfrentarse al desempleo, dejando en un segundo plano la cuestión netamente individual/competitiva para pasar a una visión más cooperativa y de trabajo en equipo. Si buscar trabajo es un trabajo, ¿por qué no apoyarse en otra gente que pase por lo mismo? Pero esto es materia de otro artículo; prosigamos con lo anterior.

En cuatro años no se cambia un modelo productivo y ese es el problema de España. En cuatro años no vamos a conseguir que todos los desempleados que sólo tienen el título de enseñanza primaria primaria se formen en carreras o ámbitos específicos que, milagrosamente, les den un trabajo en tan corto periodo de tiempo. En cuatro años no se va a cambiar la mentalidad en un país con aversión al riesgo y con elevados obstáculos para emprender-sólo hay que ver la cuota del autónomo-. En fin, que veo muy lejos el 8%, aunque no por ello menos deseable.

Como os comentaba, España tiene un problema de modelo productivo. El ladrillo se lo ha comido todo, y es el momento de pensar qué modelo queremos. No vale sólo competir por la vía de la devaluación salarial. Si queremos innovar, crear empresas de alto valor añadido y generar empleo de calidad, no podemos supeditarnos al sol, la playa, la hostelería y algo de construcción cuando mejore y la gente empiece de nuevo a hipotecarse como loca. No es ya una cuestión de demanda -que la gente no tiene dinero para comprar-, sino una cuestión de oferta empresarial -qué producimos, cuál es su calidad, qué inventamos, en qué podemos ser buenos, etc-. La visión optimista de las grandes empresas, en mi opinión, está más cerca de buscar un clima de confianza generalizado en nuestra economía que alumbre cierta esperanza de que no vamos tan mal que de hacer un análisis riguroso de la realidad socioeconómica. Así, además de intentar ofrecer buenas noticias que puedan potenciar inversiones en nuestro país, también se podría contrarrestar el auge de fuerzas políticas rupturistas como Podemos. La sentencia podría ser así: “cuidado con lo que elegís, que, como vamos, podemos llegar muy lejos sin necesidad de grandes cambios políticos”.

Pero, como siempre digo y me da igual quien emita el discurso, ya sea Podemos o un grupo de empresarios, hay que tener mucho cuidado con generar expectativas: si no se cumplen, las consecuencias pueden ser muy poco saludables.

viernes, 20 de febrero de 2015

Interesante charla sobre coaching y creatividad: reflexiones

El pasado jueves 19 de febrero celebramos una interesante charla en #eproformtv sobre Coaching y Creatividad. Para ello, tuvimos la suerte de contar con Diego Serrano, un experto coach profesional que además es formador y orientador profesional. Aunque ya nos conocíamos vía redes sociales, tuve la oportunidad de desvirtualizarlo en unas jornadas organizadas por “Lanzaderas de empleo Almería”. Diego participaba con una ponencia sobre creatividad y el tema me pareció tan interesante que no pude resistir la tentación de ofrecerle la posibilidad de organizar un hangout para hablar no sólo de la creatividad, sino también del tan famoso coaching.

Yo siempre entendí el coaching como algo sofisticado orientado al mundo de los negocios; se me representaba, cuando escuchaba esta palabra inglesa, un cuadro lleno de  altos ejecutivos bloqueados que buscaban a una persona que los iluminara por los inexorables caminos hacia el éxito. Con el 2.0 ha surgido una inmensa burbuja, y parece que el coaching vive un repunte sin igual inflado por el carácter exponencial de la red; además, no podemos obviar el hecho de que orientadores laborales/coachs  tan famosos como Yoriento han ayudado a expandir, más si cabe, esta disciplina.

Lo comentaba con Diego antes de iniciar la emisión en directo: parece que el coaching sirve para todos los ámbitos de la vida y, quizás, uno se pierde entre tanta madeja. Sin embargo, esto no le resta importancia ni valor, puesto que un buen coach pone a disposición del interesado unas herramientas interesantes para plantearse, por lo menos, ciertas cosas importantes en la vida.

El origen del coaching arranca con el libro de Timothy Gallway “El juego interior del tenis”. Por lo visto, había algo que bloqueaba a los jugadores y no era precisamente su preparación física. El nivel emocional, la actitud mental ante la competición, era algo tan importante como entrenar el cuerpo y la técnica. Luego saltó al mundo de la empresa y ahí adquirió otra dimensión.

Pero podemos trasladar el origen a un punto aún más lejano en el tiempo, pues ya con la mayéutica socrática se define un método en el que, mediante preguntas por parte de un sabio, el cuestionado debía llegar por sí solo a la verdad o, mejor dicho, a contestar por sí mismo las preguntas y evolucionar en su aprendizaje. No olvidemos que mayéutica significa ‘dar a luz’, y eso es en realidad lo que se buscaba, que en la persona aflorara el  conocimiento.
¿Cuál sería la verdad hoy en día? Pues, a nivel particular, podríamos establecer que la verdad - no en términos filosóficos o metáfisicos- sería enfocar bien nuestros objetivos, saber hacia dónde vamos, quiénes somos y cuáles son nuestras motivaciones. No hablamos de buscarle sentido al universo en general, sino al nuestro en particular. Y esto se puede aplicar al nivel deportivo, profesional o para afrontar el desempleo.

Diego también nos habló de la creatividad y de algunas herramientas conocidas para incrementarla. Desde la lluvia de ideas o hasta otras vías potenciadas por empresas como Toyota, la creatividad se ha convertido en algo extremadamente necesario en nuestra sociedad actual. Trabajar en equipo y cooperar entre todos forman parte de una liturgia muy necesaria para potenciar un espíritu creativo que, si lo vemos desde la mirada puramente empresarial, se convierte en un arma indispensable para incrementar la productividad.  

Bueno, no me demoro más. Os dejo con la charla que, por lo menos a mí, me pareció altamente interesante.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Entornos laborales hiperflexibilizados


Leo hace poco que se está implantando cada vez más una tendencia propia del nuevo mercado laboral: los entornos hiperflexibilizados. ¿Qué supone este modelo? Pues un auge del trabajador independiente, freelance, líder de su propia empresa unipersonal y que trabaja por objetivos.
Esa es la parte buena; la parte no tan buena es un incremento de la inseguridad y de la precariedad.

Las empresas están obligadas a competir en ambientes tremendamente complicados y la pauta más común es subcontratar servicios específicos cada vez que necesiten de un profesional. Esto puede ser una ventaja para muchos, pero también supone el fin de la seguridad tal y como se concebía hasta no hace tanto. Si bien el modelo post segunda guerra mundial, ligado al estado del bienestar, planteaba el puesto de trabajo como algo fijo, dentro de una misma empresa y que duraba hasta la jubilación, hoy en día esto ha cambiado.

Hoy, el profesional es el encargado de plantearse su propia carrera, de formarse, de generar capital social y valor por sí mismo. Convertirse en referente ya no depende de que un solo contratador te incluya en su plantilla y te promocione, es necesario trabajar para varios clientes para conseguir completar un sueldo. Sin embargo, como os comentaba, el ambiente flexible también desencadena una fuerte precariedad, caracterizada por trabajos temporales y muy mal remunerados que dificultan, si cabe, que el trabajo sea sinónimo de vivir con dignidad.

La sociedad red, a la que Castells hace referencia, se caracteriza porque vivimos sumergidos en cambios que se producen a una  velocidad lumínica y que nos obligan a innovar, adaptarnos a las nuevas pautas de consumo y afrontar nuevos retos por parte de las empresas y, cómo no, de los profesionales.

Según el artículo, en EEUU “cerca de 53 millones de estadounidenses trabajan hoy de forma independiente, formando parte de la economía freelance como profesionales a tiempo parcial, temporales o multitarea. Cada vez más organizaciones confían en este modelo de trabajo y en los profesionales que se acogen a él”. Era evidente que no tardaría mucho en llegar a Europa este modelo.
Ulrich Beck, en su afamado libro “Un nuevo mundo feliz”,  determina que este proceso más que flexible es precario, un contexto que caracteriza a países en vías de desarrollo como Brasil. De hecho, el sociólogo llama “brasileñacización” de occidente al proceso mediante el cual modelos de precariedad laboral propios de este país se trasladan a occidente: pésimas remuneraciones, temporalidad, etc.

Como en todo, en el punto medio está la virtud. Si bien es cierto que es necesario facilitar la flexibilidad para afrontar los constantes cambios en el mercado, al día de hoy, las instituciones públicas se tienen que encargar de la seguridad que antaño daba un sueldo fijo. Si trabajar no te da para comer, a ti la flexibilidad te importa un comino. Y la exclusión de muchos, al final, es un fracaso del sistema.

lunes, 16 de febrero de 2015

Interesante charla sobre desempleo activo



 
El pasado jueves 12 de febrero tuvimos, como parte de nuestras actividades dentro de eProform,  una interesante charla sobre desempleo activo con Helen Gómez (@HelenEgrorienta), Luisa Sánchez (@formadoraocup), y Ana Carmen Moruga (@Acm36). Por problemas técnicos no pudimos contar con Julio Amigo, pero esperamos que la próxima vez podamos disfrutar charlando con él.

El desempleo activo es un cambio de actitud ante la pérdida de trabajo o la búsqueda de empleo por primera vez. Un profesional no debe quedarse parado cuando le rescinden un contrato, debe salir a la calle, crear contactos, utilizar Internet para desarrollar un buen perfil profesional digital, llamar puertas y seguir formándose. El desempleo activo requiere máxima motivación y esfuerzo para poder enfrentase al drama del paro con la energía suficiente para que no te tumbe al primer asalto. Si la vida es una carrera de obstáculos, el desempleo es un foso que debemos afrontar con todas nuestras fuerzas. No ganamos nada quedándonos avergonzados y  encerrados sin salir.


Un desempleado no puede aislarse. Lo peor que puede hacer es empezar a compadecerse y culparse por todos los males del universo. Debe rehuir de la negatividad y darse cuenta de que si se siente un inútil y abandona la búsqueda y el desarrollo de su perfil profesional, al final se verá cada vez más excluido. Es la pescadilla que se muerde la cola: vas dejando tu actividad profesional por no tener a nadie que te pague, te vas quedando obsoleto, pierdes el contacto con el mercado de trabajo y al final te vuelves alguien cada vez menos empleable. 


Gracias a Helen y Luisa, pudimos obtener información sobre los retos de convertirse en un desempleado activo, puesto que, además de ser profesionales del ámbito de la formación y la orientación profesional, son gente que no ha parado de organizar eventos y otras actividades destinadas a ayudar a quien quiere abordar la búsqueda de empleo. No es fácil, pero la vida no lo es y más vale echarle narices a todo. Ana Carmen, impulsora de la iniciativa Noquiero ser Portada de los Lunes al Sol, también compartió con nosotros parte de la filosofía y el espíritu que una iniciativa como ésta desarrolla y aporta a los desempleados. Ganar visibilidad y mejorar tus actitudes y aptitudes es clave en un mercado laboral tremendamente cambiante.

 Sin más preámbulos, os dejo con el vídeo. Espero que os guste y lo dicho: a la vida hay que echarle ganas. Lo demás es cuestión de tiempo.




viernes, 13 de febrero de 2015

Nuevo artículo: Ética de la responsabilidad, ética de la convicción




Ética de la responsabilidad, ética de la convicción, Grecia y España


«Hay tres cualidades que pueden considerarse decisivas para un político: la pasión, el sentido de responsabilidad y la seguridad interna. La pasión concebida como una dedicación realista: una entrega apasionada a la causa, al dios o al demonio que reina sobre ella”
Max Weber
Cuando un partido político está en la oposición suele prometer muchas cosas que, en caso de gobernar, a veces olvida. ¿Traición? ¿Responsabilidad? Depende de cómo se mire, pero lo que está claro, viendo la facilidad con la que los políticos se desdicen, es que más nos vale tener mucho cuidado con las expectativas que nos hacemos del poder. Puede llevarnos a la frustración constante no saber ver la realidad con todos sus matices y esperar milagros de la nada.
El catedrático de Ciencias Políticas de la UNED, Ramón Cotarelo, establecía en su blog un análisis interesante sobre el discurso de Podemos, el papel del PSOE y, de soslayo, el rol que juega Izquierda Unida. Plantea algo muy interesante, que no es otra cosa que lo que en su día estableció Max Weber en el “Político y el Científico” sobre la distinción entre la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción.
Cuando el PSOE pasó de cargar contra la OTAN a hacerlo a favor de la coalición, echó mano de esta distinción, estableciendo que una cosa es lo que se dice fuera del gobierno y otra su responsabilidad en el tablero político del poder. ¿Es así? ¿La convicción está en contradicción con la realidad? Es lo mismo que hace  el gobierno actual, incumpliendo muchas de sus promesas electorales -por ejemplo, bajar el IVA- cuando alude a la responsabilidad  de afrontar el desastre heredado de Zapatero. Pero este argumento sólo sirve, como bien establece Cotarelo, para los que gobiernan, no para los que aspiran a gobernar. O sea, que o bien el poder te cambia o es la oposición. Lo que es evidente es que el incumplimiento sistemático de los programas electorales proyecta una mala imagen a la ciudadanía que se siente, y con razón, como un cliente estafado.
Es probable que las “viejas convicciones” se puedan convertir en un obstáculo para ganar elecciones. De hecho, el intento que hace Podemos de superar la clásica dicotomía izquierda y derecha por “la lucha entre los de arriba y los de abajo” -o, como en su tiempo defendió Ocuppy Wall Street, la dialéctica enfrentada entre el interés de un 1% de privilegiados contra el 99%-, va orientada a generar nuevos significados que rompan los tradicionales marcos que guiaban la ideología de la gente: “yo siempre he sido de los socialistas”, “en mi familia somos de derechas de toda la vida”, “aquí todos somos del partido comunista”.  Exclamaciones y  pensamientos que, solidificados en muchos sectores de la población, dificultarían la emergencia de un partido político nuevo. Pero si este partido conecta con esos sectores en valores e ideas comunes (“lucha contra la corrupción”, “abajo el desempleo”, “hay que echar a la casta de privilegiados”…), será más fácil conseguir la movilización. Un discurso pragmático y modulado orientado a la conquista del poder.
 Para los sujetos a las convicciones heredadas de las luchas del movimiento obrero, de los grandes logros a favor de los derechos sociales y de la idolatría perpetua de los mitos del  izquierdismo, lo que pretende Podemos es pecado, puro oportunismo. Pero, desde el punto de vista del estratega, seguramente es la única forma de ampliar una base electoral que se nutre, fundamentalmente, de personas consideradas por sí mismas como clase media. Si nos guiamos por viejas etiquetas, los votantes mirarán hacia sus antiguos compromisos; sin embargo, si se cambia el tablero de juego, habrá que aprender nuevas reglas. Y esto es tan osado como arriesgado.
Izquierda Unida se está viendo, por lo menos en las encuestas, barrida por un huracán cabalgado por Pablo Iglesias, y no parece que los resultados electorales le vayan a ser muy halagüeños. ¿Es por no actualizarse? ¿Cuál ha sido su problema para no saber canalizar el descontento? ¿Las convicciones explican el bochornoso papel de la coalición en Madrid o al final todo se reduce a la banal lucha por el poder?
En Grecia, con la victoria de Syriza, también vuelve el debate entre la ética de la convicción y la de la responsabilidad. ¿Es responsable plegarse a la Troika? ¿O es, sin embargo, un grave error permitir que el pueblo griego continúe el proceso de empobrecimiento? Aún le doy otra vuelta a la pregunta, pues Grecia ha perdido un 25% de PIB desde el inicio de la crisis, con bastantes decenas de miles de millones de rescate de por medio que salvaron a un sector privado que les prestó dinero: ¿puede una sociedad aguantar la situación griega sin estallar un conflicto violento de graves consecuencias?, ¿es responsable permitir eso? Nos encontramos de nuevo con la pelea eterna entre tecnocracia e idealismo. Pero creo que es más importante encontrar otro espacio político, que debe ser tan materialista como valiente. ¿Será Syriza esa nueva vía?
Grecia no debió entrar en el euro. Su gobierno por entonces falseó las cuentas sobre su deuda- con la ayuda de Goldman Sachs- y entró en la unión monetaria con grandes fallos -bolsa de fraude y corrupción descomunales incluidos-. Ahora la situación es la que es, y el juego sigue en marcha. La crisis económica no se arregla con más desigualdad y  pobreza, pero uno siempre tiene más pregunta que respuestas.
De nuevo, escuchemos a Max Weber:
«Este es, precisamente, el problema: ¿cómo combinar la pasión ardiente y la fría seguridad? La política se hace con la cabeza y no con las otras partes del cuerpo o del alma. Y sin embargo, la entrega a la política sólo puede nacer y nutrirse de la pasión, si no queremos que sea no un juego frívolo e intelectual, sino una auténtica actividad humana. Ese dominio sobre el alma, que caracteriza al político apasionado y que le diferencia del diletante político con su “nerviosismo estéril”, sólo es posible si la persona se acostumbra a mantener la debida distancia en todos los sentidos de la palabra. La “fuerza” de una “personalidad” política implica, en primer lugar, la posesión de esas cualidades».

@Hecjer