miércoles, 17 de febrero de 2016

España y la negociación del déficit público



Hace poco escribí en mi muro de Facebook estas palabras tras leer una entrevista en la que Luis Garicano afirmaba que cumplir con los objetivos de déficit impuestos por Europa sería suicida para España:
“A la espera de la letra pequeña (el supuesto plan que aprobará Europa y que justificaría una relajación el objetivo de déficit), bastante de acuerdo con lo que dice Garicano sobre el déficit. Por lo tanto, existe un consenso- más o menos- en España sobre el peligro de la austeridad y la necesidad de reformas. Si las reformas van en un sentido o en otro es otro dilema marcado por el debate ideológico, que es lo interesante en la política tal y como yo la entiendo: análisis de la realidad, propuestas para la discusión y medidas concretas. Si en la campaña hablabas de la necesidad de flexibilizar los objetivos de déficit te crujían, a pesar de que las bajadas de impuestos prometidas por algunos ortodoxos de la austeridad no permitían cuadrar las cuentas. Bienvenidos al sentido común. Lo que dudo es que Europa decida dejar de apretar. Nos esperan tiempos tensos de negociaciones".  

Rajoy admitió que España se desvió unas décimas del objetivo de déficit, pero es que regirse por la ortodoxia económica de la troika, bajar impuestos y querer subir el gasto público en época electoral no casan bien. A los que decíamos que era necesario negociar en Europa más flexibilidad, puesto que las necesidades económicas y sociales en España obligan a implementar programas –que tienen un coste-, simplemente nos ponían verdes. Que el gurú económico de Ciudadanos ahora diga que necesitamos relajarnos con el déficit, me parece una buena idea. Otra cosa, como comentaba con anterioridad, será el programa que se debería aprobar.

Y es que es muy difícil bajar impuestos, reducir gastos, cumplir con el déficit y mantener un estado del bienestar en condiciones. Este es un gran reto, y es necesario plantear el debate en la sociedad para que la gente sepa a qué nos enfrentamos. Si queremos sanidad y educación públicas hacen falta ingresos. Para tener ingresos hacen falta impuestos, reducir la economía sumergida, eliminar lo que se pueda el fraude fiscal y combatir los paraísos fiscales. Eliminar gastos superfluos como coches oficiales o hacer desaparecer duplicidades administrativas está bien, pero no es suficiente. Son muchos miles de millones de euros  lo que cuestan los servicios públicos. No quiero decir que no haga falta buscar la eficiencia del gasto. Para mí, un euro público es sagrado y se debería tratar con el máximo rigor.

A la espera de que se forme gobierno, y mientras los medios se centran en cuestiones amarillistas relacionadas con titiriteros y demás, España se juega en Europa un recorte de cerca de 10.000 millones de euros. La insensatez de Rajoy de bajar los impuestos antes de que se consolidara el crecimiento y la creación de empleo nos supone esta desviación, por lo que, o bien se sube la tasa impositiva o nos espera la tijera. ¿Dónde se recortará?.

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