martes, 8 de marzo de 2016

El lío de los pactos políticos


Los partidos políticos parecen no llegar a un acuerdo de investidura. Era y es necesario negociar líneas programáticas con los presupuestos al lado, sabiendo que estamos dentro de la Unión Europea y que hay unas limitaciones. ¿De dónde se sacará el dinero? ¿Qué pasará con la troika?, ¿nos encaminamos hacia otras elecciones?

No voy a entrar en muchos detalles sobre lo que se hapactado entre el PSOE y Ciudadanos, como, por ejemplo, el tema de las diputaciones. No me creo que las quiten; aquí hay otra trampa. La mayoría del personal es funcionario, por un lado; por otro, habrá que seguir dando servicios a los ayuntamientos pequeños. Las diputaciones gestionan, por ejemplo, servicios sociales comunitarios. ¿Quién costearía eso ahora? ¿Realmente se ahorrarán 5000 millones? Otro elemento es el complemento salarial: por mucho que se intente rectificar, me parece peligroso si se generaliza. Estoy a favor de la flexibilidad alemana en determinadas empresas grandes que, por circunstancias de la producción, tengan que reducir el número de horas trabajadas. Aquí es necesario que el estado, en vez de pagar desempleo, pueda compartir el salario con la empresa para que no se pierdan puestos de trabajo. Lo que no entiendo es que se subvencione tener contratos por debajo de los 800 euros al mes (pág. 31 del documento). Además, así es muy difícil sacar a determinados colectivos del desempleo. Me parece que políticas como la del trabajo garantizado -estudiada por Alberto Garzón- con matices y bien aplicada puede ser beneficiosa, pero todo es discutible, y de estos temas hablaré otro día.

Es cierto que los cerca de cien mil millones de euros que propone de subida Podemos en el gasto público parecen exagerados. Hay que ver las cuentas con lupa. Pero el Estado del Bienestar tiene un coste y cada vez mayor. Quien diga que va a mejorarlo reduciendo presupuesto miente. Y miente porque converger con la UE de los 15 requiere un incremento del gasto social, y es bueno poner este debate encima de la mesa para no llevarnos a engaño. Cómo se va a financiar, cómo eliminar gastos innecesarios y mejorar la eficiencia es otra cosa. Además, no olvidemos que la ortodoxia presupuestaria es un corsé muy difícil de desatar y que cuando se promete bajar impuestos y subir el gasto hay que dudar.

Creo que el problema de Pedro Sánchez no ha sido su intento de negociar con Ciudadanos a toda prisa. Como comenta en un artículo Ignacio Escolar, ha sido más bien la parafernalia mediática con la que ha querido adornar su pacto con  la formación naranja lo que no ha calado. No entiendo eso de que firmo un acuerdo con Rivera y luego los demás tienen que sumarse. Además, el acuerdo es tan amplio que deja poco margen para cambiarlo.  Si se hubiera llegado a unos mínimos con IU y Compromís, Podemos estaría más debilitado y obligado aunque fuera a abstenerte y, si no, seguramente tendría problemas en las urnas. Sánchez no ha aprovechado las discrepancia dentro de las otras fuerzas de la izquierda para forzar a Iglesias en lo que, a mi entender, ha sido un error estratégico. No creo que Ciudadanos se alejara mucho de unas líneas generales programáticas aprobada por la izquierda (al margen cuestiones como el referéndum),  ¿Por qué digo esto? Pues por la razón de que Ciudadanos no está nada interesado en que se repitan elecciones. . Está mal apoyarse en los nacionalistas catalanes y vascos como pretende Iglesias, pero, ¿sí en el Partido Popular como quiere  Albert Rivera o, incluso, como propone Sánchez?  Podemos habla de acuerdos de progreso, pero también partía de un necesario apoyo de, por ejemplo, CIU, que puede ser tan de derechas como el PP aunque ahora están a favor de la independencia de Cataluña.

Creo que las elecciones anticipadas se desarrollarían en un escenario en el que las posiciones ideológicas están más determinadas. Ahora sí se sabe por dónde tirará cada uno. Podemos intenta crecer comiéndole el espacio al PSOE, lo cual es lógico,  y éste último intenta acercarse a Ciudadanos para intentar dar una imagen de moderado en busca del voto de “centro”. Entre medias, un debate bronco entre Pablo Iglesias y líderes del PSOE. Pero, claro, que nadie dude de que estamos en campaña electoral y en esta época  se dicen muchas cosas para contentar a los hooligans. Hace nada parecía que, en opinión de Pedro Sánchez,  Rivera era el delegado del Partido Popular y ahora es un progresista de pro. No pasa nada, la política es así.

Que Podemos se centre en un reparto de sillones viene dentro de la lógica del poder; que nadie se escandalice a estas alturas con todo lo que llevamos visto. La formación morada nació con voluntad de poder. Lo que la diferenciaba sustancialmente de IU no era una cuestión de programa, sino de estrategia para ganar. Si quieres que se cumpla un programa, la mejor forma es estar dentro del gobierno. Otra cosa es la ansiedad, el espectáculo que rodea todo lo que intentan hacer los de Pablo Iglesias en esa obsesión constante de ser noticia para que los medios no paren de hablar de ellos. Les ha funcionado, pero puede haber un momento en que se canse la gente.

Considero que  provocar otras elecciones puede desengañar al votante medio de las izquierdas, cansado de tanta historia y con ganas de cambio. ¿Qué pasa si el PP recupera voto perdido? ¿Y si se acerca aún más a la mayoría absoluta con el apoyo de Ciudadanos? Pues que nos acordaremos del escenario actual. El fiscal Villarejo ha criticado a Podemos por no abstenerse en la investidura de Sánchez. Parece que la experiencia nos recuerda que, muchas veces, las segundas partes no son tan buenas. Lo que realmente debilitaría a un PP asolado por casos de corrupción y liderado por un Rajoy en horas bajas es que pase un tiempecito en la  oposición dedicado a renovarse. Ya veremos lo que ocurre.


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