martes, 31 de mayo de 2016

Reflexionando sobre el "Fin de la Historia"

Os dejo mi nuevo artículo que he preparado para la revista cultural "Amanece Metrópolis". Esta vez ha tocado reflexionar sobre el fin de la historia. 


Al caer el muro de Berlín, un politólogo norteamericano llamado Fukuyama se hizo mundialmente famoso. En su obra “El fin de la historia y el último hombre”, revisando la teoría hegeliana y siguiendo la lógica de Marx pero al contrario, afirmó que la historia había acabado, las ideologías llegaban a su fin y que, a partir de entonces, sólo quedaba actividad económica, no lucha entre conceptos ideológicos antagónicos. Desaparecida la URSS, la democracia liberal se tornaba como única ganadora frente a un marxismo en decadencia.
Pero, ¿cuál era el fundamento teórico de la hipótesis de Fukuyama? Todo empieza con Hegel.Para el filósofo alemán, la historia evolucionaba gracias a las ideas (el espíritu de un pueblo lo conformaba dicho mundo ideal)  que, contrapuestas entre sí, giraban de forma progresiva hasta llegar a un estado absoluto y racional. Tesis, Antítesis y Síntesis, como si fueran una rueda encaminada a la evolución permanente. Es importante saber que cada doctrina llevaba dentro su propia contradicción, pues toda tendencia lleva en sí misma su contraria y es esto, la contraposición de posturas, lo que hace evolucionar a la humanidad. Pero la historia acabaría algún día.
Para Carlos Marx, la historia de la humanidad no era otra cosa que la lucha de clases. Así, Tesis, Antítesis y Síntesis se trasladaban del mundo de las ideas y del espíritu a la esfera de la materia. Son las relaciones de producción las que determinan la cultura y la ideología. Es la infraestructura la que soporta y da forma a la superestructura. Además, cada clase social genera su propio enemigo y así, en el capitalismo, la burguesía crearía al proletariado que, gracias a la revolución, alcanzaría el poder para acabar con la lucha de clases.  Como si fuera el fin del Dharma, la rueda de reencarnaciones del budismo, el nirvana alcanzado por el proletariado sería la sociedad comunista. Por tanto, si se parase el motor de la historia, ésta acabaría.
Fukuyama plantearía, basándose en Marx, que la historia había acabado, pero esta vez con el triunfo del liberalismo. Lo que importa son las ideas, como establecía Hegel, y en este ámbito el liberalismo ha ganado. La lucha de clases, entendidas por Fukuyama como el conflicto entre los países comunistas y los capitalistas, ha concluido.
Pero, ¿cómo justificaría Fukuyama la existencia de conflictos sociales? Pues apelando a la cultura. Los negros en EEUU no están marginados como consecuencia de estructuras económicas desiguales, sino por la cultura, que todavía está impregnada de un racismo latente desde hace siglos. Así, Fukuyama desvía la atención hacia el ámbito de la cultura, como si aquí no hubiera ideologías, para justificar la existencia de conflictos en un mundo posthistórico.
Será otro politólogo, llamado Samuel  Huntington, el que establecería que, tras la caída del muro de Berlín, el mundo estaría abocado a un conflicto de tipo civilizatorio. Los países, agrupados según su civilización de pertenencia, no tendrían más remedio que luchar entre ellos. Según Samuel, existirán nueve civilizaciones: subsahariana, latinoamericana, sínica (China), hindú, budista, nipona, occidental, ortodoxa e islámica. La caída del muro de Berlín no traería la hegemonía mundial de la democracia liberal, sino un conflicto entre visiones distintas de la vida encuadradas en un marco de civilización. Para el autor norteamericano las civilizaciones lucharían por varios motivos: Primero, debido a las religiones, conjunto de creencias cerradas que no admiten disputas; segundo, porque el mundo es cada vez más pequeño y los conflictos son cada vez más probables; tercero, porque la modernización y el cambio social despojan a la gente de sus antiguas identidades locales y  ésta busca abrazar otro tipo de creencias que le pueda dar un sentido a su vida. Repito, es la religión el principal motivo de discordia.
Son varias las críticas que se les pueden hacer a los conceptos de fin de la historia y choque de civilizaciones. Primero, que la caída de la URSS no tiene por qué conllevar el fin de la historiografía como ciencia. Segundo, que los conflictos sociales y las desigualdades económicas siguen siendo motivo de conflicto y difícilmente se pueden encuadrar sólo en el ámbito cultural. Además, ¿no es la ideología un elemento que forma parte de la cultura? Tercero, que la caída del muro de Berlín significó el fin de un mundo bipolar, pero no la necesaria finalización de la lucha de clases como elemento de conflictos de intereses entre grupos sociales. Cuarto, que el marxismo puede seguir siendo visto, por muchos pensadores, más como una filosofía crítica que como una religión dogmática aplicada a un ámbito centralizado del estado.
No obstante, el debate suscitado por Fukuyama, más que por Huntington, sÍ me parece interesante. Me recuerda a Max Weber en la ética protestante, donde explicaba cómo las creencias pueden determinar qué orientación seguirá la economía. Es posible que, aunque la historia no haya acabado y las ideologías sigan, para imponerse un modelo económico, social y político primero tiene que ganar las mentes. Hegemonía, legitimidad… en fin, conceptos para el debate. Aquí, en la lucha de las ideas, sí creo que la democracia liberal sigue ganando la batalla

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