martes, 30 de agosto de 2016

Libertad de expresión y malestar en las redes sociales


La otra mañana desayunaba leyendoun interesante artículo de Enrique Dans sobre la libertad de expresión en Internet. Los continuos casos de acoso en Twitter, por ejemplo, con estrategias de insulto de dudoso gusto, plantean continuamente si todo lo que se le pasa por la cabeza a cualquiera debe ser emitido con total impunidad en la red. ¿Se puede/debe controlar la voz de millones de personas cuando atentan contra la dignidad de las personas? ¿Debe ser la misma comunidad la que denuncie estos casos o la empresa debe tomar partido de forma eficiente? Es cierto que Twitter tiene una política contra los acosadores, tal y como se expresa en el siguiente enlace. ¿Es suficiente? ¿Habría que hacer más cosas? Complicado debate.

La libertad de expresión es sagrada, pero el honor y la dignidad personal también. Además, me parece que Twitter tiene una gran debilidad en este caso, puesto que se transforma fácilmente de una plaza pública a un bar a las tres de la mañana lleno de gritones bebidos. Gestionar esto es básico para la compañía y, según Dans, este problema está detrás del hecho de que muchas personas hayan abandonado la red social.

Que se generen oleadas de insultos y comentarios aberrantes con tanta frecuencia demuestra o que la gente está muy aburrida o que el malestar social se está canalizando en Internet, tal y como lo puede hacer en las gradas de fútbol o en los bares. Pero el malestar teñido de odio sólo genera más odio, sociedades bipolarizadas y tensiones artificiales que escogen a cualquiera como chivo expiatorio, y esto no es problema de Twitter, sino de la educación de cada uno.  No obstante, esto mismo puede pasar en cualquier periódico que, con tal de vender, publique noticias vomitivas sobre cualquier persona. En fin, que nadie está a salvo de que lo acribillen.

Repito que la libertad de expresión es sagrada, pero nadie se querría ver en el centro de un huracán de comentarios de acoso y derribo  por ejercer un cargo concreto, aparecer en determinado programa de televisión o tener determinado color de piel.  Es como si justificamos el bullying mirando hacia otro lado y pensando que esto es cosa de chavales.

Los insultos y el odio que se vierten en determinadas ocasiones en las redes sociales deben hacernos reflexionar como sociedad. ¿Es constructivo pasar el día rajando? ¿Que uno esté frustrado justifica todo? Parece que hablar de límites de libertad de expresión es cosa de totalitarios, pero, repito, hasta que te pueda tocar una oleada de injurias sin ningún sentido.
¿Qué pensáis? ¿Debe perseguirse más el insulto gratuito y destructivo en Internet? ¿Cómo se puede combatir?
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