domingo, 23 de octubre de 2016

En política siempre hay que elegir entre lo malo y lo peor




fuente: eldiario.es
No hay escenarios óptimos en política; siempre hay que tomar decisiones complicadas. El origen de la crisis del PSOE no es la abstención a Rajoy: viene de la época de los recortes de Zapatero y el 15M, del surgimiento de Podemos y de la reducción del espacio electoral del PSOE por la izquierda. 


Los socialistas no han hecho una reflexión profunda de lo que les está pasando. En mi opinión, deben debatir cuál debe ser su relación con Podemos, una fuerza que tiene tirón sobre todo en los jóvenes. Si se pacta en las comunidades autónomas, ¿por qué no pactar en las nacionales? Este problema está ahí flotando y, aunque se quiera esquivar, es el núcleo principal de uno de los más difíciles dilemas que tiene el PSOE. Sumado a lo anterior, también hay una crisis de liderazgo grave, reforzada por peleas internas y la cuchillada que se le ha dado a un Pedro Sánchez que cometió grandes errores. 


El PSOE tiene 84 escaños. Con este resultado no se es alternativa  de gobierno, hay que sumar más y hay que entenderse con la izquierda. Siempre he dicho que Podemos no se lo puso fácil a Pedro Sánchez cuando intentó gobernar con Ciudadanos. El papel que ha tenido el PSOE de partido fundamental en la construcción de un sistema político que nos viene de la transición no lo pone en duda nadie. Pero, ¿hacia dónde se quiere dirigir ahora? ¿No es rehén de una brecha generacional? ¿Se han dado cuenta de los cambios profundos en la estructura social, cultural y mediática que ha vivido España en los últimos años?


El debate de la izquierda no sólo pivota alrededor del PSOE. La formación morada también anda discutiendo sobre simbología, poder popular, populismo o moderación. Mientras cada uno discute sobre su identidad, el Estado del Bienestar sigue en crisis y los sueldos menguando. Un año lleva Rajoy  como presidente en funciones y, si se repiten elecciones, lo más probable es que vuelva a ganar. La izquierda tiene un problema de luchas internas ancestral, y a veces no quiere darse cuenta de que eso dificulta muchísimo articular cualquier alternativa de gobierno. Si sus miembros se pelean entre ellos, ¿cómo pretenden gobernar? Es la pregunta de mucha gente y es de sentido común. También determinados debates productivos y muy interesantes son distorsionados por determinados medios de comunicación atendiendo más a la polémica que al fondo de la cuestión. Prefiero, como ciudadano, debates de altura entre corrientes ideológicas que proponen medidas para la discusión que partidos monocromáticos donde todo el mundo piensa lo mismo (o uno piensa por todos). Pero del debate al sectarismo y a los navajazos entre compañeros hay un trecho.




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