jueves, 20 de octubre de 2016

Sueldos en España y crisis del Estado del Bienestar


Fuente: 20 minutos

Leo la siguiente noticia en la prensa: “Más de 5,5 millones de ocupados cobran en España un sueldo inferior al salario mínimo”. Esto supone que el 35% de los trabajadores en España cobra esta cifra. Si le añadimos el porcentaje de desempleo, nos presentamos ante un panorama serio.

Con una elevada tasa de temporalidad, tener esperanza en que vuelvan los tiempos de la burbuja inmobiliaria y los sueldos altos se acerca cada vez más a una quimera. ¿Qué podemos esperar si un porcentaje enorme de la población se ve desplazado de los cánones que consideramos como una vida digna? Seguramente crecerá el descontento. Y esto, a su vez, se puede traducir en disturbios o crecimiento de movimiento políticos extremos que propugnan el odio como medicina política ante los graves problemas a los  que tenemos que hacer frente las sociedades tecnológicamente avanzadas.
A una persona con determinada edad que cobre 600 euros no le vale la excusa de la productividad. Eso se lo puede creer la gente un tiempo concreto, pero cuando tienes que pagar facturas, comer, dar lo mejor a tus hijos (si tienes), entonces no te sirve ninguna excusa. Ni siquiera que eres un afortunado porque peor se está parado. 

Estimo que vivimos en una sociedad en la que la crisis de expectativas puede ser muy peligrosa si no estamos pendientes de ella. Durkheim y Meton hablaban de anomia, ese proceso de frustración al ver que la sociedad no satisface los anhelos de un individuo. Lo curioso de esto es que no estamos hablando de cuestiones espirituales y metafísicas que se pueden cubrir con cuatro libros de autoayuda. Si ganas una miseria, por mucho que quieras simplificar tus necesidades estás mal.
Las distintas medidas que se plantean relacionadas con la necesidad de aumentar el poder adquisitivo de los españoles son múltiples: rentas básicas, complementos salariales, ayudas al alquiler, ayudas por hijo… pero, en un contexto de recortes del estado del bienestar, existe una duda razonable de que se implementen a medio corto plazo. Entonces, ¿hacia dónde nos dirigimos?

Sociológicamente, existe una teoría que determina que estamos en la sociedad de los tres tercios: un tercio excluido, un tercio vulnerable y un tercio de la población insertada. Si dos tercios, amplia mayoría, están entre mal y muy mal, es difícil mantener la cohesión social y los problemas sociales se acrecentarán. Sólo hay que estudiar un poco de la historia de Europa para verlo. El Estado del Bienestar no fue un regalo, fue una solución pragmática para crear un dique de contención ante las ansias revolucionarias de amplios sectores de la población. Cuando digo pragmático quiero decir que la solución salvó al capitalismo y a las democracias occidentales de una expansión, tras la II Guerra Mundial, de la URSS y, como no podía ser de otra manera, también evitó caer en otra oleada de totalitarismos fascistas.
A Una persona puede parecerle mal que exista policía, incluso impuestos, pero es consciente de que la inseguridad es una realidad. ¿Es difícil entender que  el desempleo y la enfermedad, generan riesgos individuales y, por extensión, colectivos? Mientras no se explique esto con detalle estamos abocados a seguir de mal en peor.

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