domingo, 10 de diciembre de 2017

Redes sociales en España: uso y perfiles


IAB Spain ha publicado un estudio sobre la penetración de las Redes Sociales en la sociedad española. Quiero exponeros algunos de sus datos, pero antes quiero  reflejar lo que, a mi parecer, podría ser un titular:
“Un 86% de los internautas de 16-65 años utilizan redes sociales, lo que representa más de 19 millones usuarios en nuestro país.”

Es difícil encontrar a una persona que utilice Internet que no sea a su vez usuario de redes sociales.  

¿Cuál es el perfil del internauta?

Como podéis  observar en la imagen anterior, el perfil  mayoritario de  usuario de redes sociales es una persona que trabaja, con estudios universitarios y con una edad media de 39 años.

Por el contrario, el perfil mayoritario de quién no usa las redes sociales nos dirige hacia  un hombre, de alrededor de 44 años, con estudios universitarios y trabajador activo.
Para explicar por qué no se utilizan las redes, el estudio nos comenta que: “Al igual que en el anterior estudio, los principales frenos son la falta de interés y el miedo a la falta de privacidad, este último es un aspecto que aumenta vs 2016, y pasa a ocupar el primer lugar de las barreras.”


Facebook es la red social más conocida. O por lo menos, es lo que la gente concibe como red social por antonomasia. Luego iría Twitter, Instagram, LinkedIn y WhatsApp. Esta última, aunque seguramente será la más utilizada en España, todavía no se percibe por parte de un gran sector poblacional como red social. Lo cual puede llevar a que no se sepa utilizar correctamente.


Facebook sigue siendo la red social más visitada, pero ojo, el descenso con respecto al año anterior es considerable.  El segundo lugar lo ocupa WhatsApp.
También quiero mencionar Instagram, que sigue subiendo paulatinamente, sobre todo gracias a que es la red social que más interés suscita en los jóvenes y muy jóvenes.

Como podemos observar, y es lógico, WhatsApp es la red que con más frecuencia se consulta.
Pues sí,  si hablamos que para qué se utilizan las redes, la respuesta es clara:  chatear y hablar con los contactos es de lejos el uso más común. En segundo lugar ver vídeos y, como tercera posición, cotillear a los contactos.



 La mayoría de los usuarios utilizan el móvil para conectarse a las redes, aunque el ordenador sigue siendo un fuerte rival. Es evidente que si la red social más utilizada es WhatsApp, el móvil gane. Por el contrario, como se refleja en la imagen, YouTube y Facebook suelen ser redes que, principalmente, suelen ser más visitadas a través de un ordenador. 

Como media, el horario de mayor éxito a la hora de conectarse a las redes es el que responde al intervalo de 20:30 a  00:30 de la noche.
En el caso del móvil la hora de comer gana: entre las 13:00 y las 16:00.
Si continuáis leyendo el estudio, hacia el final, se analiza la relación entre redes sociales, usuarios y marcas comerciales. 







domingo, 3 de diciembre de 2017

Poder, anonimato y control de información en Internet


La semana pasada traté el anonimato y el odio en la red centrándome en casos de personas que, utilizando redes que permiten escribir de forma anónima, practicaban el acoso y el insulto. Hoy quiero seguir profundizando en este tema.

Enrique Dans escribió no hace mucho en su blog sobre la consideración de que el anonimato en la red es un derecho y que ir en contra de este concepto significa dos cosas: no entender la red y erosionar los derechos fundamentales.

El acoso constante que sufren muchos políticos, y personas particulares sin actividad en la esfera pública, nos lleva constantemente a reflexionar sobre si es bueno no permitir que los usuarios puedan refugiarse en el anonimato impunemente. Por una parte, quiero decir que el anonimato 100% no existe y que si alguien comete un delito y se le persigue, tarde o temprano se le encontrará. Pero claro, aquí hay que meter a la policía de por medio y a un juez, lo cual garantiza, en cierta medida, nuestros derechos, puesto que evita que las persecuciones sean arbitrarias (aunque  sobre la actuación policial y judicial también habría que reflexionar caso por caso).
Lo que ocurre es que censurar la red, donde millones de personas interactuamos unas con otras, es una tarea más que complicada por no decir imposible. Por ejemplo, en Twitter sería necesario comprobar los mensajes antes de ser publicados, lo que convertiría a esta red en un gran hermano constante que perdería su razón de ser. Si nos obligamos todos a identificarnos, también el grado de exposición es mayúsculo.

Quizá solo quieras el anonimato para tener libertad de compartir información en un foro sin ningún carácter delictivo, simplemente quieres separar tu vida normal y profesional de comentarios irónicos o relacionados con el ocio, o denunciar alguna injusticia que, por miedo a las represalias, no eres capaz de hacer con tu nombre, tu cara y apellidos. En estos casos, el anonimato nos parece una opción más que recomendable.
En este sentido, tal y como explicita Dans:
“Estoy totalmente a favor de identificar, perseguir y condenar a todo aquel que cometa un delito en la red, siempre que efectivamente sea un delito y que un juez así lo determine. Condenar a quienes injurian, difaman, acosan o amenazan en la red es importante, porque eso nos convierte en una sociedad más libre y evita que los matones dominen la conversación. Separar los delitos determinados por un juez de otras cuestiones importantes en una sociedad democrática, como el derecho a la parodia, a la ironía, al uso del humor en todas sus vertientes o a la crítica y el activismo es también fundamental, y debe ser considerado como algo muy importante, que no debería peligrar en una sociedad sana. Es importante buscar, además, un efecto ejemplificador que, dentro de la lógica y la mesura, contribuya a la educación de la sociedad en un contexto relativamente novedoso – ya no tanto, pero concedamos que no de manera universal – como el de las redes sociales. Se tarda tiempo en educar a una sociedad, pero se termina consiguiendo si se utilizan las herramientas adecuadas.”

Lo que ocurre es que, en la sociedad actual, nos vemos desprotegidos ante la viralidad en la red. Frente a una campaña de acoso y derribo implementada por centenares de perfiles y personas aburridas y con mala leche, un individuo se siente totalmente aislado. Creo que la obligación es que las redes sociales tengan protocolos estrictos en  estos casos y que, si somos acosados por alguien, nuestra denuncia a la red sea suficiente para suspender esa cuenta de inmediato e intentar parar el desastre independientemente de que se denuncie a la policía y se actúe en consecuencia.  

Uno de los ejemplos más sonados sobre el intento de las redes de evitar la suplantación de identidad y el anonimato es el hecho de que te terminen pidiendo una foto selfiepara comprobar que eres tú realmente el que dirige tu propio perfil de Facebook. La excusa es la seguridad, pero si esta medida se implementa en el resto de redes, todas tendrán nuestra foto y datos personales de forma explícita (más, si cabe, porque solemos regalar esta información alegremente). 

No nos engañemos, si a las principales redes sociales les interesa el fin del anonimato, lo mismo que nos requieren un correo electrónico y cada vez más información, obligarnos a fotografiarnos terminará, en cierta medida, con un buen espacio anónimo. Lo que el estado no puede lo haremos nosotros felizmente por compartir nuestra información en la red.
Es curioso, porque en Internet tenemos dos problemas: el uso del anonimato para intereses espurios y la sobreexposición de millones de personas ofreciendo más información que la que es racionalmente recomendable.

 Para saber más:


domingo, 26 de noviembre de 2017

Internet y anonimato: ¿espacios de odio?


Resulta que los jóvenes de ahora, aquellos a los que erróneamente se les llama nativos digitales (utilizan la tecnología, pero no tienen por qué hacer un uso correcto de ella), son seguidores no solo de redes sociales como Instagram. Se están dando casos de usuarios en redes como “ThisCrush”, cuyo principal atractivo es que se pueden dejar comentarios de forma anónima. Y digo principal atractivo porque este espacio tiene la estética de los foros de antaño, nada novedoso ni atractivo desde el punto de vista visual.

Es cierto que, en cierta medida, Internet supone la pérdida del anonimato, porque nuestra identidad digital al final proyecta una imagen que es la que se le queda a la gente; pero, por otro lado, levanta una pantalla en la que, refugiándose para no dar nombres reales, se utilizan las redes sociales y los foros para emitir insultos y mensajes de odio. Esto da pie al crecimiento del ciberbullying, así como la impunidad ante comentarios totalmente dislocados más propios de personas con algún problema profundo de comportamiento cívico.

¿Qué motiva a los jóvenes a meterse en estos foros? Pues a algunos, el cotilleo; otros se internan para insultar; otros para buscar espacios en los que no ser detectados. Redes como This Crush no son más que el típico foro de toda la vida en el que todavía el anonimato puede ser un valor. Por eso, es importante que, si se detectan mensajes de ciberbullying o insultos, al igual que en Twitter u otras redes, automáticamente se denuncien.

Internet se ha convertido en una zona donde se desahoga la gente y parece que hay mucho veneno por ahí circulando. Ya no es un asunto del típico troll que busca atención, sino que estamos ante problemas de orden público, porque no se puede dar impunidad a las amenazas en la red y a todo tipo de injurias e infamias. Pero claro, si queremos enseñar a los chavales a hacer un uso responsable de la tecnología, los padres deben dar ejemplo, y vemos como muchos adultos sueltan diarreas mentales en las redes a tontas y a locas creyéndose  graciosos cuando son maleducados - por no utilizar otro adjetivo calificativo-. Ya sea en  Whatsapp  , Twitter o Instagram, las normas protocolarias son muy importantes si no queremos circunscribir las redes sociales a un universo de críticas destructivas sin poco margen para lo positivo. ¿Quién quiere estar en una plaza pública donde todo el día se están lanzando improperios?


viernes, 17 de noviembre de 2017

La Ciberguerra

En el siguiente enlace podéis consultar un artículo en el que se recoge algunos de los mapas que mejor reflejan a ciberguerra en la que vivimos. Hay un par de ellos muy interesantes como:

CYBERTHREAT – REAL TIME MAP KASPERSKY
Este  mapa muestra los ataques que se perpetran a nivel mundial en tiempo real. Permite centrarse en un país para poder estudiar mejor cada caso. Estéticamente es genial. 

https://cybermap.kaspersky.com/es/





IPVIKING – NORSE

http://map.norsecorp.com/#/ 

En este intenso mapa podemos atisbar los países más activos a la hora de emitir ataques, así como los que más sufren. Seguro que os podéis imaginar quiénes son. Puede haber alguna sorpresa. 



jueves, 16 de noviembre de 2017

Internet y género humano


Internet es una herramienta neutral que, utilizada por cabezas retorcidas, puede convertirse en una auténtica arma de destrucción masiva. Desde piratas que pueden robar y manipular el ordenador de cualquiera, gobiernos que se entrometen en nuestra privacidad o terroristas que utilizan las autopistas de la información para sostener mejor la propaganda de sus ideas, la perversión está a la orden del día, sin obviar los casos de sexting, grooming, ciberacoso y un largo etcétera de prácticas abominables.

Pero hay una noticia que me ha dejado un poco estupefacto o, por lo menos, más de lo normal, porque ya estamos curados de espanto. Se trata de hecho de que pululan por YouTube dibujos animados para niños adulterados por gente sin escrúpulos, en los que se puede ver a personajes bebiendo lejía, muertos, etc. Desde luego, como sociedad tenemos un problema: falta formación y capacidad para gestionar la cantidad ingente de información que existe en la red. Y faltan filtros y capacidad crítica en una población que se cree que dejando a los niños solos ante un móvil ya se crían solos. Y sobra mala leche por parte de quien hace esto.

Como bien indica Enrique Dans, “Sin embargo, el verdadero análisis, para mí, es todavía más desasosegante: indudablemente, internet tiene un problema. La combinación de factores como el desarrollo sin límites de la economía de la atención, los algoritmos que premian el sensacionalismo o el contenido más impactante, las posibilidades de anonimato o de trazabilidad compleja y otra serie de características de la red han dado lugar a un sistema en el que constantemente nos sorprendemos encontrando cosas que, si hacemos caso a la gran mayoría de observadores, no deberían estar ahí. Pero en realidad, el verdadero problema no está en internet: está en la naturaleza humana.”

Claro que el problema, como bien indica Dans, está en la naturaleza humana, pero la red debe dotarse de mecanismos para reducir el daño de este tipo de contenidos. Las denuncias de la comunidad son muy importantes, pero los que usamos  las redes sociales, ¿estamos siendo conscientes de la envergadura del problema? Si controlo demasiado el contenido, resto espontaneidad y genero censura; si lo dejo todo circular, me encuentro con problemas de odio, viralización del insulto y contenido inapropiado o todo lo que se puede ver cada día.  

Hay otra noticia interesante que, en cierta medida, está relacionado con Internet y el género humano. Sean Parker, uno de los fundadores de Facebook, parece que reniega de su creación. Para él, la red social por antonomasia explota las vulnerabilidades humanas. ¡Vaya novedad! Y es que la cultura generalizada de las personas ha cambiado desde que vemos como nuestras fotos reciben deditos, caras sonrientes y comentarios motivadores. Hemos cambiado nuestra privacidad por un escenario en el que exponemos toda nuestra vida - o la imagen de esta que queremos proyectar- en busca del reconocimiento de nuestros “amigos”. Queremos ser actores de una película y pasar por el photocall cada dos por tres.






jueves, 9 de noviembre de 2017

Imperio romano, Europa y refugiados


Atención a lo que se puede leer en la prensa: Sólo el 30% de los refugiados que la UE repartió en cuotas hace dos años han llegado a sus países de acogida. España, obligada a reubicar a más de 9.000 personas, sólo ha acogido al 13%. Los acuerdos para bloquear las rutas y la discriminación por nacionalidad ponen en evidencia el programa que finaliza este martes”. Cuando analizo el papel de Europa ante los refugiados y la inmigración, me acuerdo del Imperio Romano.

Llevo unos cuantos meses leyendo sobre la caída de Roma. Existen teorías  interesantes, pero hay dos que me han parecido curiosas. La primera, la defendida por el  inglés Edward Gibbon (1737–1794), culpa al cristianismo de subvertir las virtudes romanas, esas que se basaban en sacrificarse por el Imperio, por Roma, y adherirse como lapas a los valores que defendían luchar hasta la muerte por la patria. Creer en la otra vida, como prometía el cristianismo, llevaba a los cristianos a que se preocuparan menos por esta vida y, por tanto, no estaban tan obligados a realizar  los sacrificios que eran necesarios para sostener el poder de la Urbe. Las virtudes romanas eran austeras y muy violentas; solo hay que pensar que en el Coliseo murieron cerca de un millón de personas  para divertir al vulgo.  

Ante esta pérdida de las buenas virtudes, poco se podía hacer contra los bárbaros, que encontraban cada vez más fácil derrotar a ejércitos de mercenarios -y no de ciudadanos- ávidos de dejarse la sangre por el emperador. También habría que sumar la corrupción de la clase dirigente y muchos más elementos.

No obstante, un interesante libro de Simon Baker, “Roma:auge y decadencia de un imperio”, se centra mucho más en la presión de los bárbaros, no en la pérdida de valores romanos.  La caída del Imperio fue lenta y paulatina, ni mucho menos algo que acaeciera de golpe. Baker establece (hablando de los bárbaros) que: “sus invasiones procedían de una simple idea: el Imperio Romano era un El Dorado que ofrecía la oportunidad de una vida mejor. No fueron a destruir Roma, sino a formar parte de ella” (Baker, 2007: 363). Sin embargo, nos dice el autor, en vez de sacar tajada, terminaron destruyendo el Imperio.

La historia de Roma está plagada de asesinatos, guerras civiles e insurrecciones, unidos a un esplendor y a un gran desarrollo cultural, urbano y social. Al fin y al cabo, nuestra cultura viene originariamente de ella.

Europa no es ni mucho menos un imperio unificado. Los valores de la democracia y la libertad, que dicen defender sus estados miembros, son un importante imán para aquellas personas que viven en tierras asoladas por la destrucción, la guerra, el hambre y la represión. No solo no estamos sabiendo gestionar la llegada de los refugiados, sino que se populariza la opinión de que vienen a destruirnos y creamos un mayor problema por no saber responder a este gran reto.

El auge de la extrema derecha, cuyo discurso se basa, principalmente, en el rechazo al extranjero (entiéndase extranjero pobre o con pocos recursos; si eres futbolista, eres un talento de fuera), viene a mostrarnos una  vez más que los problemas complejos no tienen soluciones fáciles. Si no solucionamos la guerra ni sabemos darles acogida,  ¿hasta cuándo durará nuestro contemporáneo “imperio romano”? ¿Podremos vivir eternamente de la guerra contra los que vienen de fuera?



miércoles, 1 de noviembre de 2017

Cuanto peor, peor

Si algo caracteriza a un político que lleve muchos años ostentando los máximos cargos de un estado, desde ministerios hasta, como ahora, la presidencia del gobierno, es que al final se impone cierto pragmatismo. Rajoy, convocando elecciones autonómicas en Cataluña para el 21 de diciembre, demuestra que se ha dado cuenta del hecho de que aplicar el 155 al nivel que se pretendía es prácticamente imposible. Cataluña es una comunidad en la que la Generalitat tiene un peso enorme y en la que el Estado español tiene pocas competencias y pocos funcionarios con los que articular la suspensión total del autogobierno. Si se quiere imponer una suspensión de la autonomía indefinida, se tiene que meter el ejército. Y entonces sí que iríamos a un abismo económico y social  más propio de mediados del siglo XX. Nadie quiere este panorama  (quien lo desee porque considera que cuanto peor, mejor, muestra una gran irresponsabilidad).

Estas elecciones plantean dos  escenarios:
  • ·         Que el bloque independentista no se presente por estar convocadas por el estado español. Esto está descartado porque ya ha mostrado su interés por participar. Es evidente que este escenario llevaba, inexorablemente, a alejarlo de las instituciones y solo dejaría las manifestaciones y la resistencia como forma de participación popular.  De todas formas, si un sector independentista no va a votar por no reconocer estas elecciones, los “unionistas” ganarían la Generalitat. ¿Qué pasaría entonces?
  • ·         Que se presenten todos a las elecciones, planteándolas unos como elecciones constituyentes, y otros como una ofensiva contra los separatistas. Pero ojo, que los independentistas vayan a estas elecciones también demostraría que no ha servido la DUI. Si el resultado que sale de las urnas es igual al que hemos tenido en las últimas elecciones, iremos a peor. Si el independentismo baja, seguramente se acusará al gobierno de falsear las elecciones y de fraude. Es curioso, porque el 1 de octubre fue una especie de referéndum sin ninguna garantía que enarbolan como legítimo. 

Puigdemont tenía en sus manos convocar elecciones y parar el 155. Rajoy tendría que haber salido públicamente y decir que si se convocaban, se paralizaría el artículo de la Constitución. Pero hoy en día, con las redes sociales y el ruido y la furia generados, el president ha preferido  ser acusado de desobediencia, incluso ir a la cárcel, antes que volver a su barrio como un traidor. Podía haber parado la DUI y proteger el autogobierno. No lo ha hecho y no sabemos hacia dónde vamos.


La historia está llena de mártires y parece que el gobierno de la Generalitat, actualmente cesado, tiene muy claro que ese será su papel.

Mientras tanto, no hablamos ni de corrupción ni de salarios ni de desempleo. El PP estará tranquilo en ese sentido, puesto que la agenda mediática la ha llenado completamente Cataluña. Se trata de una victoria del independentismo, pero también un balón de oxígeno político para un PP acosado por casos de corrupción. Aquí cada uno va a su bola.

 Pero el problema es que, aunque el separatismo considera que "cuanto peor, mejor" ( o una gran parte de él) está equivocado, al menos en mi opinión. Atrincherado en la idea de partir un estado y un país como España, con sus reivindicaciones que no entro a valorar, ha conseguido fracturar a la sociedad catalana y, de rebote, fortalecer al polo conservador en el resto de España. Romper un país y conseguir la independencia del territorio requiere consensos muy amplios, dentro y fuera de sus “fronteras”.  Este aspecto es algo que parte de la izquierda debe entender bien, porque cuando pide un referéndum pactado lo que está diciendo es que la población de un territorio tiene potestad para partir el estado en el que vivimos todos. ¿Existen pueblos oprimidos en plural dentro de España? Un trabajador precario de los arrabales de Barcelona tiene más que ver con un trabajador extremeño un sevillano precario que con unas élites que intentan ocultar sus vergüenzas con las banderas.

No obstante, el hecho de que el PP utilice a Cataluña para ganar votos en el resto de España con sus recogidas de firmas en su día contra el Estatut y un largo etcétera, no facilita la armonía natural que debe existir entre Cataluña y el resto de los españoles.

En una economía global, abierta e hiperconectada, necesitamos instituciones fuertes que defiendan el estado del bienestar. Europa está siendo continuamente golpeada por el desempleo, la precariedad laboral y una trasformación tecnología que está planteando un cambio de paradigma laboral y social radical. Sin embargo, estamos hablando más de los decretos de nueva planta que de cómo terminar con el paro. Que no se me malinterprete, soy un apasionado de la Historia, pero veo poco debate sobre cómo solucionar los problemas reales de la gente.

España es compleja, la mayoría no somos un grupo de franquistas descerebrados. Se ve que el independentismo, a pesar de la ventana de oportunidad que se abrió el 15M,  ni arrima el hombro para cambiar nuestro país consiguiendo mayorías suficientes con un proyecto ilusionante, ni parece que vaya a conseguir sus aspiraciones. Cataluña tiene unos niveles de autogobierno bestiales y ahora se encuentra intervenida  y con una sociedad partida por la mitad. Esa llegada a la república catalana llena de algodones de azúcar  y piruletas se ha demostrado falsa. El proceso está siendo duro, y solo acabamos de empezar. Mientras tanto, Rajoy sigue como presidente del gobierno.