domingo, 18 de noviembre de 2018

Facebook Jobs: ofertas de empleo en Facebook



Facebook tiene habilitada un área para buscar ofertas de trabajo. Se llama Facebook Jobs y permite localizar ofertas de empleo que se publican en un ámbito geográfico concreto.
La opción se sitúa en la columna izquierda de nuestro muro (versión PC, justo en "explorar") o si es la versión móvil, en el menú de las tres líneas:




Una vez seleccionamos la opción "Empleos" saldrán una serie de ofertas como las de la imagen, localizadas en el ámbito geográfico que hemos puesto en nuestro perfil.


Podemos concretar la búsqueda especificando el tipo de empleo: Jornada completa, media jornada, pasantía (pasantía, por lo que he leído, se refiere a prácticas), etc., o, especificar también el sector en el que buscamos.


Una vez localizadas, al hacer clic en cualquier oferta veremos que viene con la información básica: puesto, tipo de jornada, ámbito geográfico y requisitos.

Si estamos interesados en una oferta tan solo hay que elegir “postularte” y se abrirá nuestro currículum de Facebook


Como podéis observar  Facebook tiene bastante información de nuestro perfil profesional. Si no nos hemos preocupado por incluir información profesional en nuestro perfil no pasa nada, siempre podemos editar haciendo clic en el icono del lápiz o agregar aquella información que veamos relevante. Cuando hayamos completado dicha información, seleccionamos la opción “enviar”.

Facebook Jobs es una herramienta que debemos tener en cuenta, aunque siempre he dicho que lo más importante en Facebook es seguir buenas páginas y perfiles profesionales y, sobre todo, crear listas para organizar los contenidos de forma correcta. Además, es fundamental separar red profesional de red personal, evitando conflictos gratuitos y compartir contenido que pueda comprometernos. No olvidemos nunca gestionar bien nuestra privacidad, impidiendo que cualquier nos etiquete sin que previamente autoricemos el contenido o que nuestra información personal quede expuesta de forma pública sin que lo hayamos meditado bien.

Sigamos con el empleo. No es necesario que todos los días hagamos búsquedas para ver si se ha publicado alguna oferta. Es indispensable saber utilizar los trucos que nos facilitan estas herramientas y, quizás el más importante, es la generación de alertas. Podemos suscribirnos a las alertas de empleo a través de la opción “Suscribirte”.


Una vez suscritos se nos notificarán las novedades en las ofertas de empleo según las categorías seleccionadas.

Más información interesante

Si os preocupa la privacidad de Facebook, os paso el artículo que escribí hace tiempo sobre cuestiones básicas de su configuración: Pinchad aquí.

Facebook prepara una serie de vídeos en los que da recomendaciones para buscar empleo. Es un salto más de esta red social orientado a convertirse en un portal especializado en empleo y formación. Podéis leer la información en este enlace.



domingo, 4 de noviembre de 2018

Facebook añade el botón de contexto



La posverdad,  que siempre ha existido pero con las redes sociales adquieren un matiz apoteósico, está intentando ser controlada como bien se puede.  Por ejemplo, Facebook ha añadido un botón,llamado de “contexto”, que permite profundizar más sobre el medio que publica dicha información. Insuficiente a todas luces, porque medios “serios” también pueden difundir bulos según el interés de su línea editorial y el grupo que los financie ( como ya se pudo observar en la vida del magnate William Randolph Hearst y su relación con el bulo del que el Maine fue hundido por España).

Veamos  de qué se trata lo que os comentaba de Facebook. Como podéis observar en el primer pantallazo, vemos una noticia. En este caso, nos alertan sobre un tiroteo en Pittsburg (EEUU).
En primer lugar, pulsamos, tal y como se señala, el símbolo indicado por la flecha.




En segundo lugar, accederemos a información sobre el medio que publica dicha noticia.






Como se puede observar, nos da una breve información enlazada de la Wikipedia, nos determina la fecha de publicación de la noticia, y nos remarca más artículos publicados de la web.
En tercer lugar, también podemos analizar en qué zonas del mundo se ha compartido, principalmente, este contenido:





Lo que busca esta nueva opción de contexto es analizar el medio que difunde. Cuál es su trayectoria y el tiempo que lleva funcionando. Pero a todas luces es insuficiente. Sería necesario que esa noticia, a su vez, pudiera ser contrastada con otros medios, aspecto que todo ciudadano debería hacer una vez que se detiene a leer la noticia. La lectura crítica y rigurosa es básica para no caer en el engaño, pero, ¿se hace? Pues seguramente no, porque requiere tiempo, elemento del que se suele carecer y que lleva a centrarnos solo en los titulares y no en el resto de la noticia.

Las noticias falsan se difunden un 70% más que las verdaderas. Apelar a  las emociones del receptor del mensaje, decirle lo que quiere escuchar, indignarle o emocionarlo de muchas maneras parece estar detrás de que se reaccione así.  No es solo culpa de Internet. Simplemente, se deja de creer en lo que se considera “oficial” para abrazar cualquier noticia que se recibe vía WhatsApp o redes sociales dando veracidad a contenido que no sabemos bien si está contrastado.


domingo, 21 de octubre de 2018

¿Mucho influencer y poco referente?



https://pixabay.com/es/los-influenciadores-redes-sociales-3151032/ 
Tras la “polémica” sobre una canción de Mecano en la que se decía “mariconez” (no sabía que existía) y la negativa de una cantante de OT de decir esa palabra por considerarla homófoba, se ha generado también un interesante debate sobre influencers y referentes. Si se lía esto por Mecano, no quiero saber la que se puede liar si escuchan a otros grupos de rock o el género trap al estilo Yung Beef (mientras escribo, en mi ordenador suena Extremoduro  y me da la risa).
No voy a entrar a valorar si la canción de Mecano es o no es insultante, porque el arte está ahí para sus múltiples interpretaciones. Se pretende, en mi opinión,  generar una censura en forma de tenaza en nuestro tiempo para que apriete bien la libertad de expresión: por un lado, el conservadurismo de toda la vida; por otro, el movimiento de los que se ofenden siempre, muchos en el espectro de la izquierda sociológica. Interpretaciones literales de obras artísticas, descontextualización de los mensajes y un largo etcétera de problemas que, con las redes sociales, se amplifican de forma considerable. Porque una cosa es decir que la canción te parece mala y mandar al grupo a tomar viento, que eso también es libertad, y otra es pretender eliminarla y crear una campaña de acoso y derribo en las redes sociales. Tenemos otros problemas, señores y señoras.  

Explicar que las obras artísticas, literarias y filosóficas  son fruto de su tiempo -también hay que saber leer entre líneas- es básico; si no, terminaremos prohibiendo a Aristóteles por defender la esclavitud ( lo hacía) con los ojos de ahora. La mejor forma de luchar contra un producto cultural es no consumirlo y/o hacer una crítica constructiva de éste. Si empezamos a pasarnos de frenada a la hora de juzgar obras artísticas, podemos generar el efecto contrario: que lo prohibido atraiga más y que se consideren rebeldes y contraculturales obras de calidad dudosa solo porque no son políticamente correctas o porque cuestionan el orden establecido. La necesidad humana de  transgresión siempre estará ahí; la calidad, muchas veces, no.

Lo más importante aquí, como establece Bob  Pop en una charla con Buenafuente, es que quizás estamos eligiendo mal  a los referentes y esto es debido al poder de las redes sociales. Las causas son buenas, pero elegimos mal los símbolos y representantes.  ¿Es Mecano un ejemplo de integridad artística? ¿Son los concursantes de un talent show televisivo  ejemplo de liderazgo social?, ¿son los twitteros ejemplo de lo que debe ser un debate político (sí, las tertulias y el congreso quizás tampoco)?

Pero lo de los influencers viene de lejos. Que una persona esté todo el día en Instagram probando productos y se convierta en objeto de atracción, por su número de seguidores, de las marcas, nos debe hacer pensar. Un  artículo de Puro Marketing analiza el escenario actual y no es muy optimista: las marcas quieren entrar en el marketing de influencers como sea, aunque esto conlleve elevar a personas que, en realidad, no sabemos bien de dónde sacan el número de seguidores.  Millones de personas tienen como referentes a youtubers e instagramers, y la potencia de éstos es mayúscula. 

Pero, ¿sabemos diferenciar la autenticidad del fraude? ¿Un influencer sirve para todo: da lo mismo que venda maquillaje, pruebe videojuegos, venga bragas  o hable del gobierno? ¿Qué hace a una persona influencer? ¿Puede comer cualquiera gratis o dormir en hoteles sin pasar por caja solo para hablar bien en Facebook de dichos negocios? El chantaje al que se puede enfrentar cualquier empresa por parte de personas que amenacen con hablar mal de ella  es una realidad  más común de lo que parece. Una cosa: si alguien te paga, es difícil que hables mal de él.  ¿Vas a hablar mal de un libro que te ha mandado una editorial? ¿O de ese zumo de frutas de la marca que te ha pagado? En fin, cuestionamos a los medios, pero ¿debemos creernos a los que se autodenominan influencers?
Cuando una persona tiene muchos seguidores, su opinión se convierte en norma para los que lo  admiran. Pero si una sociedad necesita, aún, líderes, deberíamos pararnos a pensar quién, desde luego, debe tener el privilegio de ostentar ese nombre.

lecturas recomendadas
Artículo de Alex Grijelmo sobre la polémica. Muy interesante: 

domingo, 14 de octubre de 2018

Blog, posicionarse profesionalmente, postureo y avalancha digital.



Soy blogger desde hace años y no conozco una mejor herramienta de posicionamiento tanto en el mundo online como fuera de él. Aunque tampoco me ha obsesionado mucho el número de visitantes, puesto que el blog lo veo más, siempre lo he dicho, como una herramienta profesional de gestión de contenido. En una era donde sobra información, gestionarla es la clave y el blog, su principal arma.
En un interesantísimo artículo, Andrés Pérez Ortega, quizás el mayor experto -o uno de los grandes- sobre marca personal en España, escribía sobre el problema de entender la marca personal como escupir contenidos a diestro y siniestro en las redes sociales. Esclavizados por la inmediatez y la foto fácil, pasamos más tiempo compartiendo nuestra vida en directo que aportando valor, valor profesional, algo que sirva para diferenciarnos y demostrar todo el conocimiento del que disponemos. Escribir cuesta trabajo; subir fotos a Instagram, menos. Si el contenido es el rey, ¿por qué nos centramos solo en el continente?

 Yoriento dijo una vez, creo recordar, que sin blog eres un “sintecho” digital.  ¿Dónde está mejor tu tarjeta de presentación: en centenares de artículos donde muestras tu experiencia y análisis o en comentarios en redes sociales que se van sepultando a golpe de clic por segundo? Puedes cerrar tu página de Facebook, mudarte de Twitter a Instagram o lo que sea, pero tu blog, tu casa, tu espacio, sigue ahí de pie. Te da igual compartir tus contenidos en la red social de moda, todos los enlaces llegarán a tu website.

En un taller sobre marca personal me dijeron que el blog tenía los días contados. En ese instante me di cuenta de que algo falla en el análisis: el blog no está muerto,  lo que ha estado siempre muerto ha sido creer que se podía vivir bien teniendo solo un blog. Un blog es un medio, un camino, un inmejorable Currículum Vitae -el óptimo, dejaos de florituras- y el mejor depósito de información relevante al cual siempre podéis volver.

¿Por qué entonces no queremos tener un blog y construimos nuestra identidad online profesional sobre las redes sociales?  Porque escribir un blog cuesta trabajo y es un proyecto de por vida, a largo plazo. Es la soledad del corredor de fondo, un maratón permanente. Y esto casa poco, como os decía, con la obsesión de inmediatez y de obtener resultados a cortísimo plazo. Si resistes, ganarás reputación y posicionamiento.


domingo, 7 de octubre de 2018

Competencias digitales en el mercado de trabajo


La transformación del mercado de trabajo debido al cambio tecnológico, que ha traído nuevos empleos y modificado muchos antiguos, ha puesto encima de la mesa una serie de competencias profesionales cada vez más necesarias para la inserción laboral.
En un artículo publicado no hace mucho se mencionaban algunas de estas competencias, y me ha parecido interesante traerlas aquí. Comencemos:
  • Conocimiento digital global. Comprender a qué nos enfrentamos en esta nueva economía digital, conocer sus principales características y, por extensión, saber desenvolverse  en ella no solo profesionalmente, sino personalmente, es quizás de las más importantes.
  • Creatividad. Entenderemos creatividad, en este nuevo contexto social, a poder ver las posibilidades de negocio que pueden derivarse del uso de la tecnología.
  • Colaboración. La economía colaborativa – que habría que analizar detenidamente en otra ocasión- también se abre un hueco con fuerza, por lo que es necesario saber controlar o, por lo menos, conocer bien de qué se trata y cuáles son sus principales plataformas.
  • Capacidad analítica. Es lógico que en un mundo de exceso de información la gestión de esta y su análisis, para extraer las mejores conclusiones, sea una competencia esencial. 
  • Inquietud por aprender y desarrollarse. Ha terminado eso de que aprendo una cosa y la repito treinta años. El mundo se mueve constantemente y los cambios se suceden a una velocidad de vértigo obligándonos a todos, por tanto, a  estar preparados para ponernos al día en nuevos conocimientos de forma permanente.
  • Orientación al cliente. Entender al cliente, al consumidor, sus necesidades y sus costumbres.
  • Empatía. La empatía no solo es una competencia que nos hace mejores profesionales, sino mejores personas también.

La transformación digital es un reto para las empresas y profesionales. Según otro artículo, que se hace eco de un encuentro de ManpowerGroup y OnGranada Tech City , en Granada, el 100% de los empleos serán afectados por el cambio tecnológico. Además, la tasa de desaparición de las compañías se ha quintuplicado en las últimas décadas, según Juan Carlos Cubeiro, Head of Talent de ManpowerGroup. El trabajo indefinido  está marcado por la aversión de las empresas a contar con plantilla fija y a los contratos temporales, es posible, pero, además, la supervivencia de las empresas es muy limitada y su duración menor que nunca.
Las derivas  en las tendencias de consumo cambian constantemente y la obligación de adaptarse a estos entornos genera la sensación de vivir, como decía Bauman, en un mundo líquido.


domingo, 30 de septiembre de 2018

Perfiles profesionales difíciles de encontrar y sobrecualificación


Se da una paradoja en España.  Por un lado, según un estudio realizado por ManPowergroup, “el 45% de los directivos afirma que no pueden encontrar el Talento que necesitan, y el porcentaje es aún mayor en el caso de las grandes empresas, en ellas, el 67% de los empresarios ha experimentado Escasez de Talento en el año 2018”;  por otro, según leemos en la prensa, “un 22,4% de los empleados españoles está sobrecualificado para el puesto de trabajo que ocupa. Además, casi el 35% de los trabajadores tiene un empleo en un campo que no corresponde con su especialización durante la etapa formativa”.

Esta paradoja es preocupante: tenemos a gente con mucha formación desempeñando puestos que no necesitan tanta cualificación mientras, en la otra cara de la moneda,  falta personal cualificado para determinados trabajos. Veamos primero la problemática de la falta de talento.

                                                                      Gráfico 1




Fuente de la imagen: informe Manpower. Enlace a infografía aquí.



Imagen 1



Fuente de la imagen: informe Manpower. Enlace a infografía aquí.

Como se puede observar en la imagen anterior, existen problemas para encontrar gente de profesiones tan diversas como: electricistas, soldadores y mecánicos, auditores, representantes comerciales o conductores.  Es lógico que para muchos de estos puestos no sea necesaria educación universitaria, por lo que la formación profesional juega aquí un papel más que interesante. Si seguimos analizando la infografía, observamos que los motivos por lo que no se pueden cubrir las vacantes, según el estudio, son: falta de candidatos (19%), falta de experiencia (29%),  carecen de habilidades demandadas (29%), etc.

¿Realmente falta talento cuando existe sobrecualificación?

Todo señala que el problema de la sobrecualificación viene derivado, principalmente, de estudiar áreas que no tienen demanda en nuestro mercado laboral. Además, por lo general, las empresas suelen pedir bastante más cualificación de la que se requiere para el puesto, no sabemos si por pedir lo máximo y pagar menos, porque hay mucha gente para esa oferta y es necesario cribar o por otros motivos ocultos.

Gráfico 2
España se encuentra entre los países de la OCDE cuyo porcentaje de ocupados que están empleados en un campo diferente al de su especialización es más alto.

Si los españoles optan por formación universitaria por encima de otras opciones, deberíamos conocer qué campos estudian. Según el artículo de cinco días:
“destacan los relacionados con la educación (16% de los graduados) donde predominan las diferentes modalidades de magisterio; los graduados en salud (un 13,6% de los graduados), donde se incluye medicina, farmacia o enfermería; graduados en Derecho (con un 5,1%); y también los graduados en carreras relacionadas con el sector servicios (con un 7,4%), donde aparecen especializaciones como turismo o comercio.”

Gráfico 3


El sistema productivo español tampoco da oportunidades a profesionales de alta cualificación. "En 2017, España estaba entre los cinco países de la UE con un menor porcentaje del total de empleados ocupados en tareas de alta cualificación”. Hay muchos graduados y quizá las ramas escogidas no son las que más salidas laborales tienen.

La dualidad del mercado de trabajo nos lleva, de nuevo,  al eterno debate sobre la formación en España:  o se estudia mucho o no se estudia casi nada. O apenas tenemos la ESO o tenemos una carrera, dejando opciones intermedias como la Formación Profesional al margen.

Pero hay competencias transversales y técnicas que también son muy importantes. Como señala el artículo,  “existe escasez de trabajadores para ocupaciones técnicas o profesionales con unas competencias precisas y profundas, tecnologías de la información, ciertos tipos de ingeniería, conocimientos informáticos y electrónicos, lo que refleja las reducidas habilidades digitales en España respecto a otros países"

En líneas generales, España tiene mayor inclinación por profesiones de baja cualificación, encontrando algunas excepciones como el estudio de Manpower group, pero que no eliminan el problema estructural que arrastramos desde el boom de la construcción y su posterior desplome.

No obstante, tener estudios universitarios no implica dominar determinadas competencias, como pueden ser las tecnológicas: "Un cuarto de los adultos españoles (23%) carece de los conocimientos básicos sobre las tecnologías de la comunicación y la información (TIC), frente al 15% de media en la OCDE. Debido al bajo nivel de habilidades básicas, la tasa de empleo entre los graduados en educación superior es del 68,7%, muy lejos de la media de la UE que es del 81,9%".

La OCDE es clara en este aspecto. A pesar de la sobrecualificación, el problema del mercado laboral español, por lo menos uno de los principales, está relacionado con la formación.


jueves, 13 de septiembre de 2018

Trabajo y tecnología: ¿polarización social?


El debate sobre si la tecnología destruye o crea empleo es bastante antiguo, pero sigue siendo importante. Si el cambio tecnológico actual, imbuidos como estamos dentro de la sociedad red, no es capaz de crear más oportunidades laborales de las que la destruye, nos dirigiremos hacia sociedades cada vez más polarizadas y desiguales. Pero también tenemos un problema si el empleo que se crea es de bajo salario y poco estable, porque tampoco garantizará unas condiciones mínimas de emancipación. Ambos aspectos, desempleo y precariedad, son problemas que debemos abordar de forma urgente. 

Un artículo reciente en el blog “Nada es gratis” analiza el impacto de la tecnología en el mercado de trabajo español y apunta hacia la destrucción de empleo considerado de “clase media”. Este hecho  incrementaría la brecha entre empleos bien remunerados y cualificados y los que no lo son. 

Tradicionalmente se ha creído que el avance tecnológico aumenta la demanda de trabajo cualificado sobre el no cualificado. Sin embargo, según nos relata el artículo citado, parece que no es del todo así: 

“El mercado de trabajo ha experimentado un cambio espectacular con el devenir tecnológico. En España, así como en la mayoría de los países de nuestro entorno, se ha encontrado evidencia de que muchos puestos de trabajo, aquellos más rutinarios, han sido sustituidos, al menos parcialmente, por “máquinas”, mientras que otros están siendo cada vez más demandados. Entre los últimos se encuentran tanto empleos poco cualificados, aunque ligados a la atención personalizada (lo que les hace difícilmente sustituibles por máquinas), como empleos que requieren el uso de capacidades cognitivas (que exigen una alta cualificación). Es el llamado proceso de polarización del empleo.”

Es cierto que la precariedad laboral, que no es otra cosa que sumar temporalidad y bajos salarios, es una constante en nuestro mercado de trabajo. Además, parece que el trabajo cualificado y bien remunerado no se crea en la cantidad suficiente como para cubrir la demanda y, aunque así fuera, tenemos otro problema: necesitamos políticas de formación y recualificación más ambiciosas. Una persona sin estudios no se hace ingeniero informático en los dos años como máximo que dura la prestación  por desempleo (suponiendo que cotizara lo suficiente para acceder a ella).

Si la tecnología supera al humano haciendo un trabajo y lo desempeña de forma más rentable, este último será sustituido. Por mucho que se intente parar, la automatización es algo inexorable. Quizá si, en vez de discutir tanto sobre identidades personales y nacionales, sexuales y espirituales, nos centráramos en este gran reto, podríamos ir sacando conclusiones e ideas que podrían mejorar la calidad de vida de las personas.