domingo, 30 de septiembre de 2018

Perfiles profesionales difíciles de encontrar y sobrecualificación


Se da una paradoja en España.  Por un lado, según un estudio realizado por ManPowergroup, “el 45% de los directivos afirma que no pueden encontrar el Talento que necesitan, y el porcentaje es aún mayor en el caso de las grandes empresas, en ellas, el 67% de los empresarios ha experimentado Escasez de Talento en el año 2018”;  por otro, según leemos en la prensa, “un 22,4% de los empleados españoles está sobrecualificado para el puesto de trabajo que ocupa. Además, casi el 35% de los trabajadores tiene un empleo en un campo que no corresponde con su especialización durante la etapa formativa”.

Esta paradoja es preocupante: tenemos a gente con mucha formación desempeñando puestos que no necesitan tanta cualificación mientras, en la otra cara de la moneda,  falta personal cualificado para determinados trabajos. Veamos primero la problemática de la falta de talento.

                                                                      Gráfico 1




Fuente de la imagen: informe Manpower. Enlace a infografía aquí.



Imagen 1



Fuente de la imagen: informe Manpower. Enlace a infografía aquí.

Como se puede observar en la imagen anterior, existen problemas para encontrar gente de profesiones tan diversas como: electricistas, soldadores y mecánicos, auditores, representantes comerciales o conductores.  Es lógico que para muchos de estos puestos no sea necesaria educación universitaria, por lo que la formación profesional juega aquí un papel más que interesante. Si seguimos analizando la infografía, observamos que los motivos por lo que no se pueden cubrir las vacantes, según el estudio, son: falta de candidatos (19%), falta de experiencia (29%),  carecen de habilidades demandadas (29%), etc.

¿Realmente falta talento cuando existe sobrecualificación?

Todo señala que el problema de la sobrecualificación viene derivado, principalmente, de estudiar áreas que no tienen demanda en nuestro mercado laboral. Además, por lo general, las empresas suelen pedir bastante más cualificación de la que se requiere para el puesto, no sabemos si por pedir lo máximo y pagar menos, porque hay mucha gente para esa oferta y es necesario cribar o por otros motivos ocultos.

Gráfico 2
España se encuentra entre los países de la OCDE cuyo porcentaje de ocupados que están empleados en un campo diferente al de su especialización es más alto.

Si los españoles optan por formación universitaria por encima de otras opciones, deberíamos conocer qué campos estudian. Según el artículo de cinco días:
“destacan los relacionados con la educación (16% de los graduados) donde predominan las diferentes modalidades de magisterio; los graduados en salud (un 13,6% de los graduados), donde se incluye medicina, farmacia o enfermería; graduados en Derecho (con un 5,1%); y también los graduados en carreras relacionadas con el sector servicios (con un 7,4%), donde aparecen especializaciones como turismo o comercio.”

Gráfico 3


El sistema productivo español tampoco da oportunidades a profesionales de alta cualificación. "En 2017, España estaba entre los cinco países de la UE con un menor porcentaje del total de empleados ocupados en tareas de alta cualificación”. Hay muchos graduados y quizá las ramas escogidas no son las que más salidas laborales tienen.

La dualidad del mercado de trabajo nos lleva, de nuevo,  al eterno debate sobre la formación en España:  o se estudia mucho o no se estudia casi nada. O apenas tenemos la ESO o tenemos una carrera, dejando opciones intermedias como la Formación Profesional al margen.

Pero hay competencias transversales y técnicas que también son muy importantes. Como señala el artículo,  “existe escasez de trabajadores para ocupaciones técnicas o profesionales con unas competencias precisas y profundas, tecnologías de la información, ciertos tipos de ingeniería, conocimientos informáticos y electrónicos, lo que refleja las reducidas habilidades digitales en España respecto a otros países"

En líneas generales, España tiene mayor inclinación por profesiones de baja cualificación, encontrando algunas excepciones como el estudio de Manpower group, pero que no eliminan el problema estructural que arrastramos desde el boom de la construcción y su posterior desplome.

No obstante, tener estudios universitarios no implica dominar determinadas competencias, como pueden ser las tecnológicas: "Un cuarto de los adultos españoles (23%) carece de los conocimientos básicos sobre las tecnologías de la comunicación y la información (TIC), frente al 15% de media en la OCDE. Debido al bajo nivel de habilidades básicas, la tasa de empleo entre los graduados en educación superior es del 68,7%, muy lejos de la media de la UE que es del 81,9%".

La OCDE es clara en este aspecto. A pesar de la sobrecualificación, el problema del mercado laboral español, por lo menos uno de los principales, está relacionado con la formación.


jueves, 13 de septiembre de 2018

Trabajo y tecnología: ¿polarización social?


El debate sobre si la tecnología destruye o crea empleo es bastante antiguo, pero sigue siendo importante. Si el cambio tecnológico actual, imbuidos como estamos dentro de la sociedad red, no es capaz de crear más oportunidades laborales de las que la destruye, nos dirigiremos hacia sociedades cada vez más polarizadas y desiguales. Pero también tenemos un problema si el empleo que se crea es de bajo salario y poco estable, porque tampoco garantizará unas condiciones mínimas de emancipación. Ambos aspectos, desempleo y precariedad, son problemas que debemos abordar de forma urgente. 

Un artículo reciente en el blog “Nada es gratis” analiza el impacto de la tecnología en el mercado de trabajo español y apunta hacia la destrucción de empleo considerado de “clase media”. Este hecho  incrementaría la brecha entre empleos bien remunerados y cualificados y los que no lo son. 

Tradicionalmente se ha creído que el avance tecnológico aumenta la demanda de trabajo cualificado sobre el no cualificado. Sin embargo, según nos relata el artículo citado, parece que no es del todo así: 

“El mercado de trabajo ha experimentado un cambio espectacular con el devenir tecnológico. En España, así como en la mayoría de los países de nuestro entorno, se ha encontrado evidencia de que muchos puestos de trabajo, aquellos más rutinarios, han sido sustituidos, al menos parcialmente, por “máquinas”, mientras que otros están siendo cada vez más demandados. Entre los últimos se encuentran tanto empleos poco cualificados, aunque ligados a la atención personalizada (lo que les hace difícilmente sustituibles por máquinas), como empleos que requieren el uso de capacidades cognitivas (que exigen una alta cualificación). Es el llamado proceso de polarización del empleo.”

Es cierto que la precariedad laboral, que no es otra cosa que sumar temporalidad y bajos salarios, es una constante en nuestro mercado de trabajo. Además, parece que el trabajo cualificado y bien remunerado no se crea en la cantidad suficiente como para cubrir la demanda y, aunque así fuera, tenemos otro problema: necesitamos políticas de formación y recualificación más ambiciosas. Una persona sin estudios no se hace ingeniero informático en los dos años como máximo que dura la prestación  por desempleo (suponiendo que cotizara lo suficiente para acceder a ella).

Si la tecnología supera al humano haciendo un trabajo y lo desempeña de forma más rentable, este último será sustituido. Por mucho que se intente parar, la automatización es algo inexorable. Quizá si, en vez de discutir tanto sobre identidades personales y nacionales, sexuales y espirituales, nos centráramos en este gran reto, podríamos ir sacando conclusiones e ideas que podrían mejorar la calidad de vida de las personas. 

jueves, 6 de septiembre de 2018

Paro registrado Agosto 2018 y el debate sobre el mercado de trabajo en España


Los datos de paro de este mes de agosto de 2018 no son buenos, a pesar de que estamos acostumbrados a que casi nunca lo son por estas fechas. Según leemos en la prensa,  “el paro sube en 47.047,  el mayor aumento en un mes de agosto desde 2011. La cifra total de desempleados inscritos se sitúa en 3.182.068.” Pero quizás el dato más preocupante es el relativo a los inscritos en la Seguridad Social:
“Por su parte, la afiliación media a la Seguridad Social alcanzó en agosto los 18.839.814 ocupados, tras descender en 202.996 personas con respecto a julio, lo que supone un 1,07% menos. Este es el peor dato de agosto desde 2008.”

Si seguimos confiando en financiar pensiones con cotizaciones, entre las bajadas de inscritos y la precariedad, mal vamos. Pero ese es otro debate. Sigamos con el paro.



Como podemos ver en la gráfica anterior, las tendencias son similares en los distintos meses.
También es necesario analizar el desempleo por comunidades autónomas:



Como podéis observar, las tres primeras son, de mayor a menor, Andalucía (792.577), Cataluña (380.718) y Comunidad Valenciana (373.052). Si comparamos el desempleo de, por ejemplo, Andalucía, con el total de España, vemos que acapara prácticamente el 25% del desempleo. Es cierto que también es de las más pobladas, pero cada vez que sale la EPA nos muestra cómo en relación a la población activa autonómica las cifras de desempleo de nuestra comunidad autónoma son escandalosas.

La cuestión es si debemos echarle la culpa al modelo productivo español, dependiente de áreas muy temporales como el turismo, o a la economía mundial, con variables que no podemos controlar, como el precio del petróleo o del dinero. Lo que ocurre es que el debate sobre el mercado laboral español ya dura demasiado y parece convertirse en el eterno cuento de nunca acabar: ¿necesitamos más flexibilidad o seguridad?, ¿más impuestos o menos?, ¿subir las cotizaciones o bajarlas para abaratar la contratación? En fin, dependiendo del modelo ideológico querremos ir hacia un lado o hacia otro. No obstante, es necesario añadir a este debate a los agentes de intermediación, tales como agencias de colocación, servicios públicos de empleo, Empresas de Trabajo temporal y asociaciones, ONG y colectivos varios que trabajen en este campo de la orientación, intermediación y formación para el empleo. ¿Funcionan todos? ¿No funciona ninguno?

Y vuelvo a la pregunta: ¿cómo modificar el modelo productivo? Complicado dilema, aunque cualquiera que vaya de experto siempre tendrá el bálsamo de fierabrás.

Lecturas para profundizar:


domingo, 2 de septiembre de 2018

Opiniones y redes sociales.



Si digo que la libertad de expresión es algo sustancial a la democracia, nadie me lo reprobaría. No obstante, ¿cuáles son los límites de ésta sobre todo en las redes sociales? ¿Amenazar y difamar es libertad de expresión?,  ¿y  emitir mentiras y bulos pseudocientíficos?, ¿ o difundir ideas extremistas? Creo que el tema es interesante, y ya escribió sobre este asunto Enrique Dans en su blog. Y es interesante porque dicho debate siempre ha existido, sobre todo cuando se ha permitido que existan partidos políticos que, supuestamente, aspiraban a destruir la democracia. Es necesario que una democracia permita, a través de canales pacíficos, la expresión de  todas las opciones políticas existentes.  Someter al control  de la opinión publica cualquier idea, para así, mediante la razón, poder vaciarlas de sus contenidos, es algo que puede fortalecer un sistema democrático.  Siempre y cuando prolifere la razón, ¿no?

Es posible que en una democracia, cuando prohíbes algo – hablo de ideas políticas-, lo haces más atractivo, porque generas la sensación de que el poder le tiene miedo porque ese algo tiene razón. Con las drogas pasa algo así, siendo peor el remedio que la enfermedad.  Se prohíbe para proteger, para eso se crean las leyes. Pero, ¿qué pasa cuando es imposible dialogar racionalmente contra los intolerantes? Y por cierto, ¿qué considero como intolerante?

Más que un artículo de opinión, este de hoy pretende ser una reflexión colectiva. Desde que las redes sociales se expandieron, continuamente somos testigos de insultos y refriegas, cuando no mensajes fomentadores de odio e ideas bastante perjudiciales. Si defiendo la libertad de expresión en todas sus esferas, una democracia no debería prohibir ninguna idea por muy peligrosa que pueda perecer, porque cada persona tendrá su propio concepto de peligroso. Como lo que se trata es de canalizar los conflictos que existan en una sociedad de forma pacífica, un sistema democrático no puede decir que ideas son buenas o malas de por sí. Teóricamente, claro.

Pero el debate toma otro matiz cuando es posible que la Tolerancia con la Intolerancia sea contraproducente.  Si utilizo Twitter para negar el Holocausto, ser racista y amenazar de muerte (entre otras cosas), somos conscientes de que esas ideas son peligrosas puesto que atentan contra otra base de la democracia: la convivencia pacífica de todos sus ciudadanos. Si le unimos la viralidad de las redes sociales y la falta de crítica de muchos a la hora de consumir información, tenemos un problema.  Porque la democracia es convivencia, igualdad ante la ley y, sobre todo, evitar el abuso de poder mediante elecciones, separación de poderes y derechos garantizados. Pero también  tenemos deberes ciudadanos, como puede ser el de mantener un mínimo de comportamiento cívico. Por lo menos un mínimo.

Internet ha servido de altavoz a todo tipo de teorías de la conspiración. Teorías que en cualquier debate serio serían fácilmente desmoronadas, pero que encuentran su público en aquellas personas escépticas que consideran que cualquier opinión  que venga de un medio oficial es una noticia manipulada. Pero, la pregunta básica -que no tiene una dictadura -, es: ¿debemos prohibir estas opiniones? Porque claro,  Facebook, Youtube y Twitter pueden tener buenas intenciones de cara a impedir en sus plataformas determinados comentarios e ideas, pero de ahí a una peligrosa censura tan solo puede haber un paso.

En fin,  ¿Cuál es el límite de la libertad de expresión sobre todo en esta época de redes sociales?
Os recomiendo este otro artículo de Dans sobre Interne como canal de difusión de ideas manipuladas, falsas y extrañas-