domingo, 21 de octubre de 2018

¿Mucho influencer y poco referente?



https://pixabay.com/es/los-influenciadores-redes-sociales-3151032/ 
Tras la “polémica” sobre una canción de Mecano en la que se decía “mariconez” (no sabía que existía) y la negativa de una cantante de OT de decir esa palabra por considerarla homófoba, se ha generado también un interesante debate sobre influencers y referentes. Si se lía esto por Mecano, no quiero saber la que se puede liar si escuchan a otros grupos de rock o el género trap al estilo Yung Beef (mientras escribo, en mi ordenador suena Extremoduro  y me da la risa).
No voy a entrar a valorar si la canción de Mecano es o no es insultante, porque el arte está ahí para sus múltiples interpretaciones. Se pretende, en mi opinión,  generar una censura en forma de tenaza en nuestro tiempo para que apriete bien la libertad de expresión: por un lado, el conservadurismo de toda la vida; por otro, el movimiento de los que se ofenden siempre, muchos en el espectro de la izquierda sociológica. Interpretaciones literales de obras artísticas, descontextualización de los mensajes y un largo etcétera de problemas que, con las redes sociales, se amplifican de forma considerable. Porque una cosa es decir que la canción te parece mala y mandar al grupo a tomar viento, que eso también es libertad, y otra es pretender eliminarla y crear una campaña de acoso y derribo en las redes sociales. Tenemos otros problemas, señores y señoras.  

Explicar que las obras artísticas, literarias y filosóficas  son fruto de su tiempo -también hay que saber leer entre líneas- es básico; si no, terminaremos prohibiendo a Aristóteles por defender la esclavitud ( lo hacía) con los ojos de ahora. La mejor forma de luchar contra un producto cultural es no consumirlo y/o hacer una crítica constructiva de éste. Si empezamos a pasarnos de frenada a la hora de juzgar obras artísticas, podemos generar el efecto contrario: que lo prohibido atraiga más y que se consideren rebeldes y contraculturales obras de calidad dudosa solo porque no son políticamente correctas o porque cuestionan el orden establecido. La necesidad humana de  transgresión siempre estará ahí; la calidad, muchas veces, no.

Lo más importante aquí, como establece Bob  Pop en una charla con Buenafuente, es que quizás estamos eligiendo mal  a los referentes y esto es debido al poder de las redes sociales. Las causas son buenas, pero elegimos mal los símbolos y representantes.  ¿Es Mecano un ejemplo de integridad artística? ¿Son los concursantes de un talent show televisivo  ejemplo de liderazgo social?, ¿son los twitteros ejemplo de lo que debe ser un debate político (sí, las tertulias y el congreso quizás tampoco)?

Pero lo de los influencers viene de lejos. Que una persona esté todo el día en Instagram probando productos y se convierta en objeto de atracción, por su número de seguidores, de las marcas, nos debe hacer pensar. Un  artículo de Puro Marketing analiza el escenario actual y no es muy optimista: las marcas quieren entrar en el marketing de influencers como sea, aunque esto conlleve elevar a personas que, en realidad, no sabemos bien de dónde sacan el número de seguidores.  Millones de personas tienen como referentes a youtubers e instagramers, y la potencia de éstos es mayúscula. 

Pero, ¿sabemos diferenciar la autenticidad del fraude? ¿Un influencer sirve para todo: da lo mismo que venda maquillaje, pruebe videojuegos, venga bragas  o hable del gobierno? ¿Qué hace a una persona influencer? ¿Puede comer cualquiera gratis o dormir en hoteles sin pasar por caja solo para hablar bien en Facebook de dichos negocios? El chantaje al que se puede enfrentar cualquier empresa por parte de personas que amenacen con hablar mal de ella  es una realidad  más común de lo que parece. Una cosa: si alguien te paga, es difícil que hables mal de él.  ¿Vas a hablar mal de un libro que te ha mandado una editorial? ¿O de ese zumo de frutas de la marca que te ha pagado? En fin, cuestionamos a los medios, pero ¿debemos creernos a los que se autodenominan influencers?
Cuando una persona tiene muchos seguidores, su opinión se convierte en norma para los que lo  admiran. Pero si una sociedad necesita, aún, líderes, deberíamos pararnos a pensar quién, desde luego, debe tener el privilegio de ostentar ese nombre.

lecturas recomendadas
Artículo de Alex Grijelmo sobre la polémica. Muy interesante: 

domingo, 14 de octubre de 2018

Blog, posicionarse profesionalmente, postureo y avalancha digital.



Soy blogger desde hace años y no conozco una mejor herramienta de posicionamiento tanto en el mundo online como fuera de él. Aunque tampoco me ha obsesionado mucho el número de visitantes, puesto que el blog lo veo más, siempre lo he dicho, como una herramienta profesional de gestión de contenido. En una era donde sobra información, gestionarla es la clave y el blog, su principal arma.
En un interesantísimo artículo, Andrés Pérez Ortega, quizás el mayor experto -o uno de los grandes- sobre marca personal en España, escribía sobre el problema de entender la marca personal como escupir contenidos a diestro y siniestro en las redes sociales. Esclavizados por la inmediatez y la foto fácil, pasamos más tiempo compartiendo nuestra vida en directo que aportando valor, valor profesional, algo que sirva para diferenciarnos y demostrar todo el conocimiento del que disponemos. Escribir cuesta trabajo; subir fotos a Instagram, menos. Si el contenido es el rey, ¿por qué nos centramos solo en el continente?

 Yoriento dijo una vez, creo recordar, que sin blog eres un “sintecho” digital.  ¿Dónde está mejor tu tarjeta de presentación: en centenares de artículos donde muestras tu experiencia y análisis o en comentarios en redes sociales que se van sepultando a golpe de clic por segundo? Puedes cerrar tu página de Facebook, mudarte de Twitter a Instagram o lo que sea, pero tu blog, tu casa, tu espacio, sigue ahí de pie. Te da igual compartir tus contenidos en la red social de moda, todos los enlaces llegarán a tu website.

En un taller sobre marca personal me dijeron que el blog tenía los días contados. En ese instante me di cuenta de que algo falla en el análisis: el blog no está muerto,  lo que ha estado siempre muerto ha sido creer que se podía vivir bien teniendo solo un blog. Un blog es un medio, un camino, un inmejorable Currículum Vitae -el óptimo, dejaos de florituras- y el mejor depósito de información relevante al cual siempre podéis volver.

¿Por qué entonces no queremos tener un blog y construimos nuestra identidad online profesional sobre las redes sociales?  Porque escribir un blog cuesta trabajo y es un proyecto de por vida, a largo plazo. Es la soledad del corredor de fondo, un maratón permanente. Y esto casa poco, como os decía, con la obsesión de inmediatez y de obtener resultados a cortísimo plazo. Si resistes, ganarás reputación y posicionamiento.


domingo, 7 de octubre de 2018

Competencias digitales en el mercado de trabajo


La transformación del mercado de trabajo debido al cambio tecnológico, que ha traído nuevos empleos y modificado muchos antiguos, ha puesto encima de la mesa una serie de competencias profesionales cada vez más necesarias para la inserción laboral.
En un artículo publicado no hace mucho se mencionaban algunas de estas competencias, y me ha parecido interesante traerlas aquí. Comencemos:
  • Conocimiento digital global. Comprender a qué nos enfrentamos en esta nueva economía digital, conocer sus principales características y, por extensión, saber desenvolverse  en ella no solo profesionalmente, sino personalmente, es quizás de las más importantes.
  • Creatividad. Entenderemos creatividad, en este nuevo contexto social, a poder ver las posibilidades de negocio que pueden derivarse del uso de la tecnología.
  • Colaboración. La economía colaborativa – que habría que analizar detenidamente en otra ocasión- también se abre un hueco con fuerza, por lo que es necesario saber controlar o, por lo menos, conocer bien de qué se trata y cuáles son sus principales plataformas.
  • Capacidad analítica. Es lógico que en un mundo de exceso de información la gestión de esta y su análisis, para extraer las mejores conclusiones, sea una competencia esencial. 
  • Inquietud por aprender y desarrollarse. Ha terminado eso de que aprendo una cosa y la repito treinta años. El mundo se mueve constantemente y los cambios se suceden a una velocidad de vértigo obligándonos a todos, por tanto, a  estar preparados para ponernos al día en nuevos conocimientos de forma permanente.
  • Orientación al cliente. Entender al cliente, al consumidor, sus necesidades y sus costumbres.
  • Empatía. La empatía no solo es una competencia que nos hace mejores profesionales, sino mejores personas también.

La transformación digital es un reto para las empresas y profesionales. Según otro artículo, que se hace eco de un encuentro de ManpowerGroup y OnGranada Tech City , en Granada, el 100% de los empleos serán afectados por el cambio tecnológico. Además, la tasa de desaparición de las compañías se ha quintuplicado en las últimas décadas, según Juan Carlos Cubeiro, Head of Talent de ManpowerGroup. El trabajo indefinido  está marcado por la aversión de las empresas a contar con plantilla fija y a los contratos temporales, es posible, pero, además, la supervivencia de las empresas es muy limitada y su duración menor que nunca.
Las derivas  en las tendencias de consumo cambian constantemente y la obligación de adaptarse a estos entornos genera la sensación de vivir, como decía Bauman, en un mundo líquido.