lunes, 18 de agosto de 2014

Reflexiones veraniegas: España, esfuerzo, empresas y el mito de Sísifo.



Termino hoy  mi descanso veraniego y empiezo de nuevo a actualizar este humilde blog con una reflexión colectiva: España es un país -por lo menos, es mi percepción y la de mucha gente- que no suele valorar  el concepto de profesión. Cuando me refiero a profesión quiero decir aquella actividad desempeñada por un profesional de forma eficaz, que interesa a un tercero y que se basa en la especialización, la formación permanente y el esfuerzo.
 Cuando alguien entra en una empresa dice que “me estoy enseñando”, no que está aprendiendo y, lo que es más grave, con un contrato de semanas da poco tiempo para aprender destrezas que te sirvan para ser cada vez más capaz en tu trabajo. Si a esto le sumamos los típicos “Esto es para nada” o “lo otro no hace falta” o “¿sirve de algo?” que muchos empresarios y profesionales emiten constantemente ante nuevos retos innovadores -o no tanto-, estamos apañados. Pongo varios ejemplos.

Idiomas
¿Es lógico que, al día de hoy, en empresas destinadas al turismo, algunos de sus empleados - que encima tienen que trabajar de cara al público- no sepan inglés? Pues no. Pero si lo dices, es posible que te contesten que “no hace falta” o que si vas a Inglaterra, ellos no te hablan en español. En esta situación, cuando nos machacan desde los poderes públicos y empresariales diciendo que sin inglés no se va a ningún lado, es evidente que están mintiendo, porque, para empezar, ya nuestro presidente del gobierno desconoce la lengua de Shakespeare. Entonces uno pasa horas y horas estudiando idiomas para darse cuenta de que en España vale más tener contactos que tener conocimientos. ¿O no? Sé que estoy generalizando, pero mi idea es conocer vuestra opinión.

Redes sociales e Internet   
Hablo como usuario de Internet, como muchos de vosotros.  Vuelvo con las preguntas: ¿veis normal que una empresa dedicada al turismo no tenga página web? Pues las hay. Me da igual el sector, porque, en fin, hoy en día tener un blog corporativo con un dominio comprado cuesta casi nada y es un servicio de información incalculable para los clientes. De hecho, si busco información para un viaje y resulta que un camping o determinada empresa no tiene web, no contrato nada con ellos. Serán manías mías, pero si no inviertes en informar bien a los clientes, no puedes esperar que estos te hagan mucho caso, a no ser que tu reputación sea tan enorme que no necesites ofrecer información en la red. Si no gestionas tu reputación online, es que te da igual todo. No conozco a nadie que no investigue en Internet cada vez que va a viajar. Y la cosa no se queda en la web: las redes sociales ya son fundamentales.

Con estas últimas pasa más o menos lo mismo. Como usuario, repito, y como blogger y persona que ha recibido cierta formación en estas materias, veo constantemente que se hacen las cosas de mal en peor: publicar sin una planificación, escribir todo en mayúsculas, sólo publicitar servicios -provocando un spam insoportable- en vez de buscar la conversación, abandonar las redes días y días, no aprovechar la creación de promociones y ofertas, no buscar crear comunidad, etc. Pero, claro, si te ofreces como profesional, es posible que alguien te diga: “para eso no hace falta pagar; total, el Facebook lo domina cualquiera”. En fin, la culpa también la tienen muchos que cobran cantidades irrisorias por llevar las redes. Cantidades que te obligarían a ser el Community Manager de quinientas empresas para poder configurar el salario mínimo, pero que saca del mercado a gente muy preparada que hace trabajos muy destacables. Si cobro diez euros por llevarle las redes a una empresa al mes, ¿verdaderamente ofreceré un servicio de calidad?

La cantidad de gente preparada que se va de España es sinónimo de que no lo estamos haciendo bien. Cuesta retener el talento porque el talento no se valora, se  paga mal - cuando se  paga- y encima cualquiera  puede venir y dar lecciones sin tener ni puñetera idea.

Esforzarse en España, en ocasiones, da la sensación de estar empujando la piedra de Sísifo.

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