domingo, 15 de diciembre de 2019

Las redes sociales fuera de internet y la soledad.


Me preguntaba hace tiempo en un artículo qué pasaría con nuestro Facebook el día que nos fuéramos al otro barrio. Pero resulta que las redes sociales de toda la vida, las de carne y hueso, deben ser analizadas también.

Se publicó en prensa un caso es espeluznante.  Una mujer llevaba quince años muerta dentro de su casa, pero, como estaba al día de sus pagos en la comunidad, a nadie le importaba si contestaba a la puerta o no, si salía, compraba en la tienda o cogía el teléfono.

La verdad es que podemos pagar nuestros recibos y tener para comer, pero la soledad forzada mata lentamente. Internet nos permite estar más cerca de los que más lejos están, pero no sustituye la creación de redes sociales afectivas. Somos lo que nuestros vínculos con otras personas (familiares, parejas, amigos, compañeros de trabajo, vecinos…) son. Cualquier familiar o amigo hubiera alertado de que la fallecida no daba señales. No al año, sino a las horas.

En esta sociedad líquida de deseos insatisfechos, como decía Bauman, todo se desvanece mucho más rápido de lo que creemos. Muchos de los grandes filósofos y gran parte de las religiones han alertado siempre de que la vida está llena de dolor y de que, o bien debemos prepararnos para el fin, o bien aguantar de forma equilibrada lo que nos venga. Por eso, buscamos incesantemente compañía, el calor de la tribu o el clan para poder sentirnos más seguros. No obstante, aunque es un logro librarnos de las cadenas de los gremios y de los estamentos, un hiperindividualismo exacerbado también nos aísla y nos vuelve mucho más vulnerables.

Parece que las relaciones afectivas se han contaminado del consumo. Bauman establece que nos enfrentamos a un mundo con sucesivos principios e indoloros finales. Parece que nada arraiga y que, como bien refleja su metáfora, se diluye como el agua.

Debemos tener en cuenta que Internet es un medio, no un fin, para conectar personas. Por mucho que se crea en lo contrario, cinco minutos de contacto visual y conversación equivalen a meses de chateo interrumpido, caótico y a deshoras. La mejor forma de resistir estos tiempos, además de la formación intensa y extensa, es saber construir no solo una red de contactos profesional, sino una buena alianza de afectos con gente. Llamadlo familia, grupo de buenos amigos o lo que queráis. 
Desde luego, la idea del individuo aislado servirá para comprar en Amazon y para que Facebook nos conozca bien, pero no nos aportará la seguridad ni el calor que necesitamos.


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