lunes, 9 de marzo de 2015

Las habilidades digitales, mercado laboral y desigualdad




Es normal que se tenga en cuenta la importancia creciente que tiene dominar, con cierta destreza, determinadas habilidades digitales dentro del mercado laboral. Según un artículo publicado en el diario 20 minutos:

“Es importante que los candidatos tengan presencia digital, es decir, que se creen una marca personal online. Para ello, es recomendable tener un perfil en Linkedin muy desarrollado con toda la información profesional posible: cursos, experiencia, conferencias a los que se asistieron o artículos publicados.”

Lo hemos hablado muchas veces, pero no por ello se debe evitar tratar de nuevo el tema. En una sociedad informacional, lo importante es saber gestionar la información tanto que recibes como que emites. Para mí, un perfil 2.0 no es otra cosa que generar un espacio dentro de la red en el que seas capaz de dinamizar y crear contenidos. Para ello, ese espacio se fusiona con tu vida online, de tal forma que todo lo que hagas en tu carrera profesional puede ser señalado en la red, y todo lo que haces en la red se suma a tu carrera profesional.

La brecha digital es un tipo de desigualdad que se une a las de toda la vida o, mejor dicho,  un reflejo más de la fracturación social: desigualdades en cuanto  a formación o situación económica, acceso a nuevas tecnologías, acceso a la educación superior, etc. Todos esos factores afectan al acceso al empleo de igual forma o más  que manejarse de forma docta con la informática. Por lo tanto, la tecnología no es origen de desigualdad, sino, más bien, las desigualdades que se enquistan en la sociedad dificultan más o menos el acceso y el dominio de la tecnología. Esto es importante señalarlo, así evitaremos demagogias cuando se habla de Internet. La solución no es volver a la era de la primera industrialización, con fábricas contaminantes y barracones llenos de obreros concienciados contra el patrón, sino de evolucionar hacia una sociedad cuya tecnología esté al servicio del desarrollo humano. Si los avances científicos pueden servir para trabajar mejor y ser más productivos, no debemos permitir que se utilicen para reprimir, espiar o incrementar el poder de los estados frente a los individuos. En fin, se trata de que los avances repercutan en el progreso de la mayoría.

Un mayor dominio de la red es un mayor dominio de una nueva realidad que lleva tiempo imponiéndose. Es como saber leer y escribir; ya no hay excusas para seguir considerando el ordenador una moda friki. Los profesionales debemos ponernos las pilas, pero la ciudadanía en general debe aprender que la nueva era exige personas con habilidades y destrezas que hace unos pocos años no eran tan importantes.

Si nos tomamos en serio la importancia del acceso ciudadano a la red, entonces las políticas públicas orientadas a garantizar esto cobran un nuevo sentido. Telecentros en barrios y poblaciones que faciliten el acceso a la red de personas con menos recursos, la  defensa a ultranza de la neutralidad en la red, la importancia de que la orientación profesional tenga en cuenta el 2.0 a la hora de buscar trabajo, la necesidad de enseñar informática y programación en los colegios… Cuando la red coge tanta fuerza, se convierte en interés público.

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