domingo, 8 de septiembre de 2019

Artículo en prensa: Muertos y vivos en Facebook

Esta semana me han publicado un artículo en el periódico digital Almería 360. Tras ver series como Black Mirror o Years and Years le surgen a uno muchas preguntas y reflexiones como esta: 

Según puedo leer en la prensa, dentro de 50 años habrá más muertos que vivos en Facebook. No nos daremos cuenta la mayor parte de las veces, más allá, quizás, de preguntarnos por qué esa persona ya no publica nada o por qué de repente ya no observamos fotos de vacaciones en la playa de aquel contacto que nunca conocimos en el mundo alejado de los bits. Vivos en el mundo online, evidentemente su perfil sigue allí, como suspendido en un espacio en el que lo que fueron algunos destellos de su vida quedan atrapados en algún servidor propiedad del señor Zuckerberg.
Hace unos meses me enteré del fallecimiento de una conocida. Entré en su perfil, pero este no me decía que la usuaria había desaparecido para siempre, incluso había gente que le felicitaba el cumpleaños o la etiquetaba en alguna foto o recordaba su memoria. Y allí estaban sus publicaciones.
¿Cómo leer comentarios de una persona y suponer que no está? Antiguamente la palabra escrita solía ser la herencia de los escritores y artistas o de gente importante. Pero esos párrafos, quizás compartidos por 100, 2000 o no sé cuántos amigos, siguen allí fijados.
Aunque Facebook dispone de la opción para nombrar a alguna persona como heredera de nuestra cuenta en la red social, es posible que no nos acordemos de hacerlo. ¿Quién piensa en la muerte y, más aún, en lo que será de sus redes sociales cuando esto pase?
¿Cómo se ha de recordar nuestro paso por la vida en la sociedad tecnológica? Como en un capítulo de Black Mirror, quizás nuestra conciencia se base en toda la información que volcamos en la red y nuestro cerebro pueda ser sustituido por una amalgama de cables y piezas de coltán.
Somos información, mas podemos sobrevivir en un océano de datos más lejos de lo que las generaciones más cercanas de nuestros seres queridos puedan recordar; más lejos de lo que podían imaginar nuestros abuelos que, mirando fotos antiguas encerradas tras el cristal del portafotos, hablaban de cómo era la vida antes de que hubiéramos nacido.

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