viernes, 19 de junio de 2015

Twitter, humor negro y marca personal




Los tweets de Zapata, exconcejal de cultura de Madrid, le han llevado a una de las más rápidas dimisiones que se conocen. Apenas unas cuantas horas ha durado en el cargo. 

¿Debía dimitir? Los mensajes que lanzó sobre el holocausto judío y otras muertes y atentados, aunque tuvieran un contexto, no hacen gracia y menos si una persona pretende ser cargo público. Estoy seguro que Zapata no es racista ni antisemita, no me lo parece, pero uno tiene que saber ser prudente. Las formas son importantes aunque hace unos cuantos años este hombre no tuviera en su cabeza meterse en política. Su dimisión parecía inexorable viendo las presiones de todos los partidos en la oposición, a pesar de las disculpas públicas de Zapata, que asume que lo que hizo no fue correcto por muy posmodernos que nos pongamos.  Si realmente no piensa lo que escribe y ahora se le culpa de lo que no es, no deja de ser paradójico y creo que hasta injusto. Pero es evidente que en 140 caracteres no se puede explicar con profundidad lo que uno pretende ni permite analizar con rigurosidad científica las ideas que se quieren defender. 

Dicho esto, quizás haya que seguir reflexionando sobre los límites del humor, los límites de la libertad de expresión y, por qué no, lo mal que utilizan muchos las redes sociales. Charlie Hebdo puede hacer un chiste y todos defendemos la libertad, a pesar de que sus viñetas son claramente ofensivas para un número enorme de personas. El humor, que casi siempre puede molestar a alguien, no justifica, en mi opinión, comentarios toscos fuera de lugar. Pero no puedo evitar acordarme de Woddy Allen y  otros por el estilo, cuya ironía ha tocado todos los temas y nadie diría que son antisemitas. Lo de Zapata, ¿eran comentarios ideológicos o ironía crítica?  ¿Justifican el supuesto debate sobre el humor negro sus tweets? Según respondamos, así sabremos qué responsabilidad tiene que asumir.

Twitter calienta mucho a la gente  y luego vienen las consecuencias.  Arrepentirse parece que ya no es suficiente y esto da miedo, porque podemos equivocarnos todos. 

Todavía no somos conscientes de que las redes sociales han amplificado nuestras palabras a límites nunca conocidos y que eso queda en la Red para cualquier avispado que lo busque. Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras.

Aprovechando los tweets de Zapata, los ataques al recién estrenado gobierno de Manuela Carmena no han tardado en venir. Creo que la legislatura será tensa, pero si la alcaldesa de Madrid consigue liderar un buen proyecto presentando resultados interesantes a la vez que motivadores, es posible que no desilusione a los que la votaron, aunque siempre dependemos del listón que muchos ponen a los políticos. A lo mejor se espera la revolución y no llega a tanto.  

En un país donde no dimite nadie y con los casos de corrupción tan lacerantes que tenemos, sacar las cosas de quicio por unos tweets desafortunados que no tenían la intención que se les quiere dar no lleva a nada. Es muy esperpéntico.  

Otro elemento que quiero resaltar es la cuestión de la marca personal, si nos ponemos a analizar todo lo que está pasando desde un punto de vista estrictamente profesional. Comentarios a tontas y a locas o no saber gestionar la información que emitimos, como en su día también le pasó al director de cine Nacho Vigalondo (por cierto, con un chiste sobre el holocausto similar)  puede destrozarnos la carrara de por vida.  Es el problema de no discernir bien redes profesionales de personales, no separar la vida privada de la pública y laboral y aplicar sentido común con poco criterio. O directamente tuitear con unas cuantas copas encima y querer ir de guay supermoderno que grita en Twitter sin parar, como vemos que pasa todos los días.
Las redes sociales son un gran foro para mejorar la democracia, según sostiene el sociólogo Manuel Castells. Sin embargo, como todo, su mal funcionamiento puede hacer que se parezca cada vez más a un bar a las 5 de la mañana lleno de gente desquiciada diciendo burradas. Vamos muy rápido y hay que pensar más. 

Para concluir, otra reflexión: la obsesión por lo que se escribe en las redes puede llevarnos a plantear una serie de cuestiones sobre las que trata Enrique Dans en su blog: 

“¿Tiene algo de bueno hacer que cualquier ciudadano, sea o no político, tenga que pensarse el escribir algo en Twitter si su abogado no está presente? ¿Tiene sentido someter a ese minucioso escrutinio a toda persona que pretenda asomarse a la vida política? ¿Es bueno privar a la sociedad de los aportes que muchas personas válidas podrían haber hecho en caso de ser propuestos para un cargo público? ¿Es mejor que solo puedan dedicarse a la política aquellos que siempre han mantenido una exquisita prudencia en su comunicación en redes sociales, o que cuentan con asesores específicamente encargados de ello? ¿Pretendemos que todo aquel que se plantee iniciar una carrera en el mundo de la política tenga que eliminar todas sus cuentas “por si acaso” no resisten esa especie de malintencionada “prueba del pañuelo”? ¿Es así como pretendemos dotar de transparencia a la vida política?”

Para reflexionar:

Sobre los borrados en Twitter del señor Carmona: 
http://www.enriquedans.com/2015/06/esqueletos-en-el-armario.html

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