lunes, 29 de diciembre de 2014

Sobre la subida del salario mínimo en 2015




Ante la inminente subida del salario mínimo interprofesionalen un 0,5% o, lo que es lo mismo, en unos 3 euros, es necesario hacer un recordatorio sobre el nivel salarial que estamos alcanzando en España. Os traigo una serie de datos que ya publiqué en noviembre de este año que se iráen breve:

  • El promedio del sueldo ha bajado un 1,4% al sueldo anual. El salario medio es  de 18.505 euros al año.
  • 7,7 millones de trabajadores son mileuristas o ganan menos.
  • El 34% de los 16.682.861 trabajadores perciben el Salario Mínimo (SMI) de 645 euros, en 14 pagos.
  • 74,7% de los algo más de un millón de personas de edades de entre 18 a 25 que trabajan en España cobra el SMI, lo que demuestra que la mayoría de la juventud se mueve en esta horquilla salarial (cuando no está desempleada o estudiando).
  • Del colectivo de edades entre los 26 a 35 años, el 38% cobró el SMI.

Como se puede ver, la subida del salario mínimo hará que, previsiblemente, ese 34% de trabajadores que lo cobren pase de 645 a 648 euros. Incluso en un contexto de deflación como el nuestro, es una subida claramente insuficiente si lo que se busca es incrementar el poder adquisitivo de la gente y su capacidad de consumo.

Deberíamos preguntarnos si las empresas tienen margen para poder subir los salarios, aunque sea de forma moderada. A nivel particular, cada empresa querrá pagar lo menos posible, pero, paradójicamente, a nivel general, este tipo de decisión perjudica nuestra economía en tanto en cuanto los trabajadores tienen cada vez menos poder adquisitivo para efectuar sus compras. De hecho, se ha visto incrementado el número de trabajadores pobres y en riesgo de exclusión social. El empleo está perdiendo su carácter de integrador social y de seguridad económica que se le suponía en otras épocas y eso nos enfrenta a un panorama bastante desolador.

Si una persona con su sueldo mínimo no tiene apenas para afrontar sus gastos esenciales (alquiler o hipoteca, luz, agua y comida), entonces hay que barajar varias formas de mejorar esa situación: o bien se sube el salario, o bien el Estado articula una serie de ayudas económicas que puedan complementar su sueldo para que esa persona o familia lleve una vida digna. Negarse a estas dos opciones es estar a favor del empobrecimiento, y dudo mucho de que, a estas alturas, nadie decente quiera que se vea incrementado el número de pobres.


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