miércoles, 10 de junio de 2020

Redes sociales y los guardianes de la verdad


En un artículo publicado por Enrique Dans se comenta que  Zuckenberg, todopoderoso de Facebook, declaró no hace mucho tiempo que las redes sociales no deberían ser verificadores de la verdad. Estas declaraciones, en medio de la polémica con Twitter y Trump, incrementan, si cabe, el debate en torno a  la posverdad: ¿las redes sociales deben asumir la responsabilidad  de que circulen bulos entre sus usuarios?  Ante las intenciones del dirigente de Facebook, muchos no tardaron en criticar sus declaraciones, incluidos trabajadores de la compañía. 

Si Facebook, que generalmente ya es famosa por censurar contenido,emerge ahora como defensora de las libertad de expresión absoluta, es sospechoso.Y es que, como observa Dans, todo esto puede estar relacionado con el dinero  y la publicidad. O sea, a los que no pagamos publicidad, simples usuarios, es más fácil que nos bloqueen un contenido (a mí me ha pasado varias veces y ha sido corregido tras mi queja) que al presidente de EEUU.

Es curioso que ahora, aunque ya se anunció hace varios meses, la red de Zuckerberg acabe de anunciar que van a etiquetar aquel contenido que sea “gubernamental”. Claro, no se trata de eliminar, simplemente de que el usuario sepa  cuál es la fuente y si esa noticia tiene visos de ser verdad o no. Estas acciones son necesarias. Y son necesarias porque, aunque el negocio de las redes sociales pasa por la viralidad y el click continuo, pueden perfectamente, al menos, avisar sobre la fiabilidad de los posts.

Lo que ocurre es que estoy con la mosca detrás de la oreja. Se etiqueta, según leo,  las noticias que son comunicadas  por medios controlados parcial o totalmente por  los gobiernos. ¿Diferenciará Facebook la BBC, medio público e independiente, de otros medios que, además de ser públicos, son voceros del gobierno de turno?

Tras la pandemia, y no me cansaré de decirlo, nos hemos dado cuenta, , de que la información falsa puede ser perjudicial para la salud, como (sucedió con la gente que bebió lejía tras las declaraciones del presidente de EEUU.  Pero también tenemos que hacer un ejercicio de análisis profundo sobre el  papel de las instituciones a la hora de comunicar. Por ejemplo, la OMS, que parece que cambia de criterio cada dos por tres: hoy los asintomáticos son los principales propagadores de, virus, mañana no; hoy mascarillas no, mañana sí. A veces estos vaivenes hacen que la gente busque fuentes alternativas de información que no siempre son fiables, porque lo que se buscan son certezas. Sabiendo que en la vida, por ahora, la única certeza es que vamos a morir todos, las instituciones deben tener en cuenta el público al que se dirigen para intentar que sus cambios de opinión (en muchas ocasiones, justificados) no creen más confusión.

 

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