viernes, 21 de noviembre de 2014

VII 2014 Informe sobre exclusión y desarrollo social en España: esquema




La fundación de estudios socialesy de sociología aplicada ( Foessa) ha publicado su VII Informe FOESSA sobreexclusión y desarrollo social en España. A continuación, os voy a dejar un breve esquema que he realizado para que podamos visualizar de primera mano los datos que nos  plantea el estudio.  
El informe se divide en:

  1. Introducción
  2. Hacia un nuevo modelo social: ¿la privatización del vivir social?
  3. La distribución de la renta, condiciones de vida y políticas redistributivas.
  4. La fractura social se ensancha: intensificación de los procesos de exclusión en España durante 7 años Trabajo y cualificación.
  5. Estado de bienestar en España: transformaciones y tendencias de cambio en el marco de la Unión Europea.
¿Qué sociedad saldrá de la actual crisis? ¿Qué salida de la crisis impulsará la sociedad? 

Capital social y cultural en España
 
  • España en el entorno internacional. Una aproximación a la evolución del bienestar social en España durante el auge y la  recesión. El Índice FOESSA de Bienestar Social (IFBS

  • Partiendo de la crisis que asoló el mundo en los 70, y el posterior avance del neoliberalismo, parece ser que la tendencia privatizadora se ha ido haciendo cada vez de más espacio en Europa.

  • El descenso de la masa salarial supuso un incremento de la tasa de ganancia empresarial. Sin embargo, estos beneficios no se reinvirtieron en la economía productiva en las cantidades que se hubiera deseado, sino que encontraron en el sector financiero internacional un lugar donde colocarse,

  • Los nuevos valores económicos surgidos del consenso de Washington serán: “la desregulación, la apertura de los mercados, la privatización, la reducción del  peso del sector público, la disciplina fiscal y la potenciación de la competencia y la productividad” se expanden rápidamente.

Sin conseguir los niveles de crecimiento anteriores a los 70, si se consolidó dos elementos muy característicos de la época en la que estamos sumergidos: la globalización y la financiarización

 Mirada internacional
El crecimiento económico permitió reducir el número de pobres absolutos del planeta. Hay que aclarar que esta reducción se cumple fundamentalmente en China.

Sigue existiendo una amplia desigualdad extrema en nuestro planeta.

Algunas regiones de mundo han empezado a contar con una emergente clase media. “No obstante, en muchos de estos casos, la polarización y la pobreza siguen siendo muy intensas y los logros económicos y sociales están lejos de haberse consolidado”
toma de conciencia respecto a los límites ecológicos del modelo económico.
La pertenencia a la Unión Europea nos ha supuesto:

“Como consecuencia de la implantación del  euro, los tipos de interés en la eurozona se  unificaron cayendo en España muy por de bajo de lo que había sido su nivel tradicional. Esto generó un fuerte crecimiento económico (el mayor de la Europa-15), vinculado en buena medida a la generación de una burbuja inmobiliaria propia conduciendo a un  nivel de endeudamiento excesivo”.


  • En principio la moneda única supuso ventajas para España. Sin embargo, al final, el encarecimiento de las exportaciones fuera de la Unión y otras variables supuso una pérdida de competitividad.
  • El diseño del Banco Central Europeo, centrado en la inflación y no en el empleo, también supone un obstáculo.
  • Cada país de la Unión europea, en resumidas cuentas, defiende su propio interés.


“En el periodo precedente a la crisis actual habíamos llegado muy alto. Sin embargo, el periodo de 1995 a 2007 demostró que el crecimiento económico por sí mismo no genera distribución y la propia distribución queda supeditada al crecimiento”.  Además, “desde los años ochenta, venimos conviviendo con algo que podemos denominar la autoinfligida crisis fiscal pues se han producido bajadas de impuestos siempre justificadas para el crecimiento, lo que generó una insuficiencia para las políticas de cohesión social”.

¿Qué caracteriza nuestro estado del Bienestar?
“Es fruto de una combinación de un sistema contributivo, donde las cotizaciones sociales de trabajadores y empresas son uno de sus tres soportes, con un sistema de carácter universal, donde determinadas necesidades son accesibles para toda la población vía recaudación de impuestos (sanidad, educación), segundo soporte. Y como tercer soporte, los vacíos de protección que deja el Estado son suplidos por un entramado de redes de apoyo, básicamente familiares y del Tercer Sector, que complementan un bajo gasto público y una protección de baja intensidad”.

3.- la redistribución de la renta
Nos encontramos con una estructura productiva débil que dificulta mucho competir únicamente por la vía de la devaluación salarial. 

“La inaccesibilidad, entendida como falta de oportunidades para muchos sectores de población en diferentes dimensiones, es la clave para comprender la convulsión del cambio de modelo”.
la devaluación ocupacional, aumenta el grupo de los «inempleables», el de los «parados desanimados» (que se concentra especialmente en los mayores de 55 años), y el grupo normalmente joven que ni tienen ocupación ni reciben formación.

La reforma laboral del 2012 ha incrementado el riesgo de pobreza en el empleo.
El incremento de la desigualdad nos está llevando a una sociedad cada vez más dualizada.
“Lo que realmente se está erosionando y socavando es el ámbito de los derechos como ámbito definitorio y de estructuración del modelo social. Lo que tiene el efecto consecuente de que al dejar de ser los derechos la categoría estructuradora de lo social y de la sociedad, desaparecen las «obligaciones»”. No sólo es cuestión de perder derechos, sino de sino de “la pérdida de las condiciones de acceso a los bienes necesarios para la satisfacción de necesidades básicas «basadas en los derechos”.

Se ha roto el pacto social, “fundamentalmente debido a que a «secesión moral de los ricos», bajo el supuesto de que no deben nada a la sociedad, que cada uno tiene lo que cada uno se ha ganado; y esto está polarizando la sociedad a límites cada vez  más extremos”. Ruptura con el concepto de redistribución de la renta por parte del Estado. 

Espacios duales: la “pérdida de recursos de las personas, familias y grupos y de las propias redes familiares se combina con la pérdida de servicios públicos, de condiciones educativas y laborales”.
Estamos transitando de un modelo de «integración precaria» a un modelo de «privatización del vivir social.

 


Imagen tomada del informe

3.    La distribución de la renta, condiciones de vida y políticas redistributivas.
Nuestro modelo de distribución de la renta no reduce sustancialmente la  desigualdad en épocas de bonanza y, por el contrario, hace que aumente en periodos recesivos.
“Las fluctuaciones en el tiempo de los indicadores  de pobreza han estado acompañadas de algunos  cambios en los perfiles de riesgo”. Veamos cuáles son los cambios:


  • Una clara juvenilización de la pobreza y su  aumento en los hogares con niños.
  • Una progresiva mejora de las personas mayores.
  • Un riesgo mayor de los hogares monoparentales,  que ya son uno de cada diez.
  • El incremento del riesgo de los titulados  universitarios, aunque todavía muy por debajo  de la media. La ausencia, en general, de grandes cambios  según la relación con la actividad, aunque con  niveles altos de trabajadores pobres.

Aumento simultáneo de la privación material y de la baja renta
“En la crisis prácticamente han aumentado todos los indicadores de privación material, especialmente en los problemas de dificultad financiera. El índice sintético de privación material que se aplica en este informe muestra que en tan solo cinco años se pasó de un valor ligeramente superior al 15% a otro cercano al 25% de los hogares”.
“El porcentaje de hogares afectados simultáneamente por problemas de privación material y de pobreza monetaria ha aumentado en la crisis casi un 50%”.
La crisis ha invertido la movilidad ascendente. Mientras en la parte alta de la distribución de la renta no se ha notado apenas, la caída hacia niveles más bajos se ha dado, especialmente, en la parte baja de la distribución de hogares.

Nuestro modelo distributivo: alta desigualdad en las rentas primarias y capacidad de redistribución decreciente.


  • Altos niveles de desigualdad salarial, limitada capacidad redistributiva del sistema de impuestos y un modelo de prestaciones pequeño, excesivamente ligado a lo contributivo, poco protector en el tiempo y que no se adecúa a las necesidades de los hogares en función de sus características.

  • Para la última década ha aumentado también la evidencia sobre el efecto de la dualidad en el mercado laboral entre trabajadores indefinidos y temporales, junto con el impacto de los flujos migratorios y los efectos de la burbuja en el sector de la construcción.

  • España es uno de los principales países de la Unión Europea donde menor es la capacidad redistributiva de los tributos.

La convergencia territorial entre comunidades autónomas se ha ralentizado
La descentralización gradual de determinadas funciones del sector público no ha sido neutral sobre los resultados distributivos.
Las diferentes estructuras productivas, junto con las diferencias en las tasas de paro y los rasgos institucionales, determinarán una gran disparidad en términos de renta en los próximos años, además de una continuidad en el aumento de las diferencias en términos de desigualdad y bienestar social.
El crecimiento económico no asegura la reducción de la pobreza. La pobreza puede ser un freno para el crecimiento económico.
Los altos niveles de desigualdad guardan relación con la debilidad de la estructura productiva, los problemas estructurales de creación de empleo estable, niveles muy altos de desigualdad en las rentas primarias, una capacidad redistributiva reducida en el contexto comparado y grandes diferencias territoriales.

4. La fractura social se ensancha: intensificación de los procesos de exclusión en España durante 7 años.

Enorme deterioro que la cohesión social que se está experimentando en nuestro país durante los últimos 7 años, con un incremento notable de los procesos de exclusión social, que se hacen además más graves, y con una expansión significativa también de las situaciones de precariedad y vulnerabilidad social.
El núcleo central de la sociedad española, que llamamos integración plena, es ya una estricta minoría. La población excluida en España representa ya el 25%: más de 11,7 millones de personas. De ellas, 5 millones se encuentran en exclusión severa.

No solo la economía de los hogares ha empeorado, el deterioro social se extiende a otros ámbitos como la vivienda y la salud, entre otros.
De los 11.746.000 excluidos, el 77,1 % sufren exclusión del empleo, el 61,7% exclusión de la vivienda y el 46% exclusión de la salud.

Incluso la recuperación del empleo, si llega, puede ser insuficiente. Cada vez menos el acceso al empleo garantiza la integración social: la tasa de exclusión social entre los trabajadores ha ascendido hasta el 15,1% y hasta los empleos de exclusión de la economía sumergida, que no están creciendo, son cada vez una alternativa más inaccesible para un volumen creciente de personas excluidas.

Se multiplica de forma generalizada la vulnerabilidad del colectivo juvenil: jóvenes recién emancipados, jóvenes que viven en hogares excluidos, jóvenes desocupados que están fuera del sistema educativo. En cierto sentido, podemos hablar de una «generación hipotecada»

La exclusión social en las comunidades autónomas no se distribuye de la misma forma que la producción y la distribución de la riqueza. Son siempre los territorios más ricos los que mayores niveles de integración social alcanzan y hay diferencias sustanciales en la incidencia de la exclusión social en territorios con niveles de riqueza similares.

La solidaridad familiar y las redes de ayuda resisten…, pero comienzan a debilitarse.
El efecto amortiguador de las políticas sociales en España se está erosionando, teniendo en cuenta, además, que dos tercios de la exclusión provienen de antes de la crisis.
Trabajo y cualificación

Nuestra economía participa de la tendencia general de las economías desarrolladas observada en las últimas décadas, de una demanda creciente de mano de obra más cualificada, aunque con matices.
España sigue manteniendo un peso en el empleo total inferior al europeo en las categorías que agrupan a las ocupaciones no manuales más cualificadas («técnicos de apoyo») y un peso mayor en categorías relacionadas con puestos manuales (tanto cualificados como no cualificados) y en ocupaciones de servicios de baja cualificación. La estructura sectorial solo explica en parte las diferencias con la media de la Unión Europea.

En el conjunto de la Unión Europea se está produciendo un fenómeno de polarización del trabajo.
La situación diferencial en España es que nuestra economía se ha ido especializando durante décadas en actividades de servicios de bajo valor añadido y en actividades industriales donde predominan las labores fabriles frente a las profesionales y técnicas.
En España, el fenómeno de la sobrecualificación de los trabajadores o el de los infrarrequerimientos de los puestos de trabajo, no es tanto un problema transitorio como de carácter más permanente en las carreras laborales de las personas.
Subsistirá el problema de la falta de personas con cualificaciones intermedias.

En la recesión se ha producido una crisis del empleo caracterizada por un bloqueo de entrada en el mercado de trabajo cuyos efectos podrán sentirse durante muchos años.
Aquellos que por primera vez entran en el mercado de trabajo durante los años de crisis tienen grandes dificultades para encontrar un empleo y aquellos que lo pierden tienen también graves problemas para ser contratados de nuevo.
Para los primeros, que son los jóvenes, la caída de las contrataciones suele paliarse con prolongaciones de los estudios, algo que se vuelve cada vez menos práctico conforme se prolonga una recesión.
Existe una «generación expulsada» de trabajadores para los que ha mermado en gran medida el tipo de puesto que desempeñaban y cuya cualificación (si hubieran acumulado alguna a lo largo del tiempo) es escasamente aplicable en otros sectores.

No hay grandes cambios en la tasa de empleo de bajos salarios (ronda entre el 15% y el 20% de la población asalariada antes y durante la crisis)

5. Estado de bienestar en España: transformaciones y tendencias de cambio en el marco de la Unión Europea.

  • Las políticas de inclusión social de la Unión Europea han demostrado su debilidad estructural y su subordinación a las políticas de austeridad.

  • Esa debilidad es uno de los resultados de la tensión entre el Parlamento Europeo y la troika. De las tensiones entre el modelo social europeo y el tipo de neoliberalismo a desarrollar. La crisis del euro es también, y sobre todo, una crisis de los valores europeos.

  • Las políticas de austeridad, con sus recortes en servicios sociales y bienestar, así como su impacto deflacionario en la economía, son incompatibles con la consecución del objetivo de reducción de la pobreza de la Estrategia Europea 2020.


La reforma del Estado de bienestar español vive de la tensión del paso de un modelo bismarckiano a uno socialdemócrata, y de este a uno neoliberal.
El periodo 2000-2013, para el conjunto del Estado de bienestar español, puede definirse como una combinación de contención del gasto social (sobre todo, entre 2000 y 2004) y reestructuración institucional (la denominada por los expertos como recalibración o reequilibrio entre políticas y funciones de gasto social entre 2005 y 2010) que han abocado finalmente a la regresión iniciada en mayo de 2010 y, sobre todo, profundizada desde diciembre de 2011 hasta la actualidad, sin soporte en el diálogo social.
Mercado de trabajo fuertemente segmentado y con tendencias internas de polarización en cuanto a salarios y condiciones de trabajo y, finalmente, un modelo de Estado de bienestar de amplia cobertura en servicios y prestaciones, pero de baja intensidad protectora; es decir, con una limitada capacidad para reducir la pobreza y la desigualdad.

Las reformas en el sistema de bienestar social en España han supuesto una regresión en las políticas sociales.
Un tiempo nuevo – en España- que viene precedido por la aceleración de desequilibrios sociales (dualización social en el mercado de trabajo), económicos (desequilibrios en la geografía económica acelerados por la globalización y la ubicación dependiente del centro económico europeo) y políticos (crisis del modelo territorial y político pactado en los años de la transición, 1977-1981), desequilibrios no nuevos, ya que fueron desarrollándose a partir de los primeros años de la década de los noventa. Como consecuencia, se ha fragilizado la fábrica institucional del Estado de bienestar e intensificado la pobreza y la exclusión social, a la vez que el espacio social de la precariedad se ha extendido a una parte creciente de las clases medias españolas.
El asunto central es si la respuesta a la cuestión social, es decir, la reforma social, se orientará de manera predominante hacia la privatización e individualización de los riesgos sociales o hacia nuevas formas de institucionalización y socialización de riesgos.

¿Qué sociedad saldrá de la actual crisis? ¿Qué salida de la crisis impulsará la sociedad?
Una aproximación a la  evolución del bienestar  social en España durante el  auge y la recesión. El Índice  FOESSA de Bienestar Social  (IFBS)
El  producto interior bruto (PIB) nos ofrece una  falsa medida de la economía y que no refleja  el bienestar económico de una sociedad
El bienestar de una sociedad no depende solo del producto que obtiene a partir de sus recursos económicos, sino también de su riqueza material, humana y financiera, que completarían la dimensión económica, y del resto de dimensiones no económicas, como el stock de capital natural, cultural y social y el conjunto de condiciones de vida, sobre todo las laborales, que tan definitorias son en la satisfacción de la vida de los personas.
El Índice FOESSA de Bienestar Social (IFBS) pretende alimentar el debate necesario sobre la medición del bienestar, elemento imprescindible para vivir en una sociedad que no sea «solo economía».

 



La evolución del  IFBS muestra como gran parte del  crecimiento económico no se traduce en aumento  del bienestar, y ello a pesar del fuerte aumento  del empleo experimentado durante el auge.

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