miércoles, 15 de mayo de 2013

Analizando el libro de Juan Carlos Monedero "El gobierno de las palabras"


Sumergido como estoy en lecturas sobre economía, redes sociales, marketing y empleo, a veces pierdo esa visión crítica idealista que tenía en los tiempos universitarios. Cuando hablo de crítica, hablo de cuestionar todo el sistema desde la cola hasta la cabeza. El mundo está muy mal, es cierto, pero también vemos bondad, innovación y esperanza. Hay gente que se muere de hambre, pero también hay gente cuya generosidad es de resaltar. La vida es  compleja y la sociedad, más.

A la redacción de Politólogo en red ha llegado un libro cuya lectura es muy saludable. Se titula El gobierno de las palabras y está escrito por el politólogo y profesor universitario  Juan Carlos Monedero.  
Aunque cada individuo se crea único, vivimos en sociedad. Pero vivimos en sociedad para, en palabras de Monedero, burlar a la muerte. Nos necesitamos los unos a los otros; la cooperación de cada individuo es vital para que podamos desarrollar nuestra vida. Entonces, ¿por qué tantas guerras, hambre, injusticias? Qué pregunta. Nuestra fragilidad nos lleva a convivir juntos, pero quizás nuestro egoísmo o falta de civismo nos lleva a pelearnos. Pobreza, daño medioambiental, muerte… Al fin y al cabo, un panorama desolador.

El autor desarrolla en esta obra la importancia de las palabras. Como ya estableció Orwell en 1984, quien controla las palabras controla el poder. Guerras humanitarias, gobernanza, competitividad, flexibilidad, daños colaterales… Cuántas palabras y cuánto sentido oculto en ellas. ¿Por qué son tan importantes las palabras? Está claro, quien gobierna necesita gobernar con argumentos, necesita convencer, necesita legitimarse.

Recoge Monedero muy acertadamente el ejemplo de los EEUU con la palabra losers, adjetivo que se utiliza para alguien que no ha tenido suerte en la vida, ha sido despedido, es un mendigo o posee cualquier otra característica que no entra dentro de ese ideal del sueño millonario americano. No es problema del sistema, es problema de cada individuo. Así se construye un mundo  y una sociedad: con palabras.

Pero de forma tan natural como las palabras surgen los conflictos. A lo largo de la historia, el conflicto ha emergido cuando hay gente que ve que no forma parte del reparto del pastel. Como se comenta en la página 56,  “nuestros anhelos los medimos en relación con los logros de los demás. Por eso, cualquier ausencia, cualquier desigualdad, cualquier discrepancia precipita el conflicto. La desobediencia bebe de la comparación”. Algunos dirán que es envidia, pero, analizando la realidad, vemos que  es una reivindicación de justicia.  
Ante esta lucha de intereses, el poder -o sea,  el Estado y  el sistema económico- ha impuesto su visión en todas las áreas sociales. Una visión basada en el progreso lineal sin límites, alejado de cuestiones medioambientales y de nuestros países vecinos del sur.

El poder siempre tendrá enfrente un contrapoder. El poder, para seguir ejerciendo, necesita controlar las palabras, como hemos comentado. Pero para controlar las palabras, deberá controlar la información y, en consecuencia, la formación. El conocimiento es un paso necesario para la emancipación. Juan Carlos Monedero establece una interesante ecuación que me lleva rondando la cabeza varios días, es la siguiente (página 263): doler-saber-querer-poder-hacer. Primero identificas el daño, como  cuando Espartaco -ejemplo que se expone en el libo- es consciente del dolor que le provoca la esclavitud. Luego conoces, identificas las causas de tu situación. Tras eso, quieres cambiar la situación para acabar con el sufrimiento, por lo que, indefectiblemente,  te orientas a la transformación. Sin embargo, en la actualidad, ante situaciones dolorosas ha habido una proliferación de libros de autoayuda y otros remedios  individuales que -ésta es una opinión personal-, como la psicología, pueden ser útiles en muchos casos. Por el contrario, bastantes  de los problemas se resuelven mediante la colaboración colectiva. Un ejemplo gráfico para ilustrar esto último sería la lucha contra el desempleo o los desahucios. Cuando el problema se deriva de una situación injusta, de leyes antisociales, etc., más vale ponerse a colaborar.

Monedero reivindica recuperar la política, política como conflicto de intereses. Como bien dice (página 69), “recuperar  la política significa entender el conflicto que hay en cada esquina de lo social, la tensión inevitable entre intereses colectivos e intereses individuales, entre emancipación personal y regulación colectiva. Recuperar la política es recuperar un espacio tan de todos y tan de cada uno como el aire y el agua que respiramos y bebemos”

La política, que es la gestión de la cosa pública, ha sido muy dañada por la politiquería que vemos todos los días en televisión.  Decir que eres apolítico es decir que no quieres saber nada de cómo se gestionan tus impuestos, tu educación, tu sanidad, etc. Otra cosa es ser apartidista que, viendo el panorama, parece hasta entendible. El neoliberalismo ha succionado la parte económica de la política, estableciendo que la política es algo prácticamente eliminable por decisiones individuales dentro del mercado. Es difícil de entender; ya hemos dicho que el ser humano es un animal social, pero en esta guerra ideológica el neoliberalismo necesita exponer sus cartas.

Sería necesario politizar, esto es, participar. Pero equilibrando la balanza entre individuo y colectivo. No hay que caer en el Sálvese quien pueda, pero tampoco en el estado totalitario eliminador de voluntades individuales y burocratizado hasta la médula.
Por tanto, ¿se puede cambiar algo? ¿Tiene futuro la humanidad?  Ante los avatares de la vida, hay dos sentimientos muy fuertes que se han ido articulando a lo largo de la historia: el miedo a la muerte y la esperanza. El miedo responde a un sentimiento primitivo del ser humano que dispara las decisiones inmediatas de supervivencia y autodefensa. La esperanza requiere una construcción de un lenguaje complejo para idear un futuro. Estos dos sentimientos pueden vincularse a ideologías políticas. Mientras que el miedo es más propio de posiciones conservadoras, la esperanza es más propia de posiciones progresistas. Como comenta Monedero, la lucidez puede crear pesimismo, pero es necesario tener esperanza. Un pesimismo esperanzado o un optimismo trágico. Este último  resume mejor mi estado de ánimo personal.

Y en todo esto surgen más preguntas: ¿qué papel juega el Estado?, ¿y la comunidad?, ¿y nosotros mismos? O, atendiendo a esas grandes cuestiones que intentan responder las ciencias sociales, ¿por qué cambian las sociedades?, ¿por qué obedecemos? Sociología y Ciencia Política, qué disciplinas tan necesarias.
Si queréis  respuestas o argumentos para que podáis orientar vuestro propio análisis, acercaos a esta interesante obra. Os hará pensar y en tiempos de incertidumbre y confusión, muy comunes en nuestra historia cultural, la reflexión es muy necesaria. Independientemente de la ideología de cada uno, qué ejercicio tan sano es dudar de todo y cuestionar el orden establecido.

Ficha del libro:
Título: EL GOBIERNO DE LAS PALABRAS. Política para tiempos de confusión.
Autor: Juan Carlos Monedero
Editorial: FONDO DE CULTURA ECONOMICA DE ESPAÑA, S.L., 2009
Número de páginas: 296 págs.

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