lunes, 3 de junio de 2013

Nuevo artículo: cambiar los partidos políticos.

Os dejo mi nuevo artículo en "Noticias de Almería". Esta semana ha tocado reflexionar sobre los partidos políticos y su necesaria reforma.


Todas las encuestas realizadas desde hace bastante tiempo hasta ahora, marcan una creciente desafección de la ciudadanía hacia la política, en general, y hacia los políticos, en particular. Y esto es preocupante, no por la desidia de la población, sino por la imagen que dan los partidos políticos al exterior. El artículo 6 de la Constitución establece que: “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”.

Como vemos, la Constitución española consagra a los partidos políticos como vertebradores de la voluntad general, atendiendo al principio de democracia representativa. En estos tiempos de crisis económica, social y política -con tanto escándalo protagonizado por sus eminencias-, el número de voces que claman por un cambio radical en la democracia y, por extensión, en los partidos, es cada vez mayor. Todo apunta a que este sistema de partidos se ha quedado obsoleto y es necesario transformarlo.

Esta semana se ha publicado un artículo en el que un grupo de economistas, politólogos, filósofos, etc., piden unos cambios urgentes en el desarrollo interno de los partidos políticos a través de una ley que busque hacer cumplir los siguientes puntos:
Primer punto: “Celebración de congresos cada dos años como mínimo y, en todo caso, a fecha fija”.

Segundo: “Reunión de los órganos de control de las directivas y parlamentos internos a fecha fija, incluyendo en el orden del día la votación sobre la gestión de la directiva con voto secreto. Limitación del número de sus integrantes, entre los cuales no se contarán los de la directiva”.

Tercero: “Composición de los congresos y de los órganos de control proporcionales al número de afiliados o de votos del partido en cada provincia o distrito. Limitación de mandatos al menos en los órganos de control.”
Cuarto: “Elección de los órganos ejecutivos, delegados a congresos y miembros de los órganos de control mediante voto secreto de los afiliados o delegados al congreso”.

Quinto: “Elección de los candidatos a cargos representativos por elecciones primarias”.

Sexto: “Mandato limitado de los tesoreros y encargados de las cuentas y elección de los interventores por parte de los distintos niveles del partido. Auditorías anuales por empresas independientes previas a la presentación de las cuentas que deberán ser aprobadas por los máximos órganos de dirección del partido”.

Séptimo: “Constitución de comisiones independientes para verificar los gastos de las campañas e inspecciones para verificar el cumplimiento de los límites de gasto electoral”.
¿Es suficiente? Pues no lo sé; seguramente habrá más camino que recorrer, pero está claro que si los partidos no son trasparentes, se organizan de forma democrática y están controlados por principios éticos y legales, no podemos esperar que gobiernen de la mejor manera. Tampoco defiendo una partitocracia distinta a la existente. No hay que olvidar el debate de si también puede existir participación política al margen de los partidos, como serían las listas abiertas, la existencia de referéndums vinculantes o la participación en otro tipo de organizaciones que articularan demandas ciudadanas al poder político.

Tras los escándalos de financiación ilegal, sobresueldos y demás casos lamentables de nuestra política española, la alternativa a los partidos políticos tiene que ser más democracia. Es peligroso plantear un apático “todos son iguales”, porque entonces, ¿qué cabe esperar? Podríamos llegar a un modelo mejor o que aparezca cualquier iluminado planteando cambios radicales de muy dudoso gusto.

Nuestra historia democrática ya nos trajo políticos “sui generis”, como Jesús Gil o Ruiz Mateos, que estuvieron en política y se presentaban como partidos “anti establishment”, diciendo eso tan manido de que no eran ni de izquierdas ni de derechas y más cosas. Más vale que espabilemos y nos tomemos en serio la reforma de nuestro sistema político, económico y social, o pueden venir tiempos aún peores.
@Hecjer

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