viernes, 17 de noviembre de 2017

La Ciberguerra

En el siguiente enlace podéis consultar un artículo en el que se recoge algunos de los mapas que mejor reflejan a ciberguerra en la que vivimos. Hay un par de ellos muy interesantes como:

CYBERTHREAT – REAL TIME MAP KASPERSKY
Este  mapa muestra los ataques que se perpetran a nivel mundial en tiempo real. Permite centrarse en un país para poder estudiar mejor cada caso. Estéticamente es genial. 

https://cybermap.kaspersky.com/es/





IPVIKING – NORSE

http://map.norsecorp.com/#/ 

En este intenso mapa podemos atisbar los países más activos a la hora de emitir ataques, así como los que más sufren. Seguro que os podéis imaginar quiénes son. Puede haber alguna sorpresa. 



jueves, 16 de noviembre de 2017

Internet y género humano


Internet es una herramienta neutral que, utilizada por cabezas retorcidas, puede convertirse en una auténtica arma de destrucción masiva. Desde piratas que pueden robar y manipular el ordenador de cualquiera, gobiernos que se entrometen en nuestra privacidad o terroristas que utilizan las autopistas de la información para sostener mejor la propaganda de sus ideas, la perversión está a la orden del día, sin obviar los casos de sexting, grooming, ciberacoso y un largo etcétera de prácticas abominables.

Pero hay una noticia que me ha dejado un poco estupefacto o, por lo menos, más de lo normal, porque ya estamos curados de espanto. Se trata de hecho de que pululan por YouTube dibujos animados para niños adulterados por gente sin escrúpulos, en los que se puede ver a personajes bebiendo lejía, muertos, etc. Desde luego, como sociedad tenemos un problema: falta formación y capacidad para gestionar la cantidad ingente de información que existe en la red. Y faltan filtros y capacidad crítica en una población que se cree que dejando a los niños solos ante un móvil ya se crían solos. Y sobra mala leche por parte de quien hace esto.

Como bien indica Enrique Dans, “Sin embargo, el verdadero análisis, para mí, es todavía más desasosegante: indudablemente, internet tiene un problema. La combinación de factores como el desarrollo sin límites de la economía de la atención, los algoritmos que premian el sensacionalismo o el contenido más impactante, las posibilidades de anonimato o de trazabilidad compleja y otra serie de características de la red han dado lugar a un sistema en el que constantemente nos sorprendemos encontrando cosas que, si hacemos caso a la gran mayoría de observadores, no deberían estar ahí. Pero en realidad, el verdadero problema no está en internet: está en la naturaleza humana.”

Claro que el problema, como bien indica Dans, está en la naturaleza humana, pero la red debe dotarse de mecanismos para reducir el daño de este tipo de contenidos. Las denuncias de la comunidad son muy importantes, pero los que usamos  las redes sociales, ¿estamos siendo conscientes de la envergadura del problema? Si controlo demasiado el contenido, resto espontaneidad y genero censura; si lo dejo todo circular, me encuentro con problemas de odio, viralización del insulto y contenido inapropiado o todo lo que se puede ver cada día.  

Hay otra noticia interesante que, en cierta medida, está relacionado con Internet y el género humano. Sean Parker, uno de los fundadores de Facebook, parece que reniega de su creación. Para él, la red social por antonomasia explota las vulnerabilidades humanas. ¡Vaya novedad! Y es que la cultura generalizada de las personas ha cambiado desde que vemos como nuestras fotos reciben deditos, caras sonrientes y comentarios motivadores. Hemos cambiado nuestra privacidad por un escenario en el que exponemos toda nuestra vida - o la imagen de esta que queremos proyectar- en busca del reconocimiento de nuestros “amigos”. Queremos ser actores de una película y pasar por el photocall cada dos por tres.






jueves, 9 de noviembre de 2017

Imperio romano, Europa y refugiados


Atención a lo que se puede leer en la prensa: Sólo el 30% de los refugiados que la UE repartió en cuotas hace dos años han llegado a sus países de acogida. España, obligada a reubicar a más de 9.000 personas, sólo ha acogido al 13%. Los acuerdos para bloquear las rutas y la discriminación por nacionalidad ponen en evidencia el programa que finaliza este martes”. Cuando analizo el papel de Europa ante los refugiados y la inmigración, me acuerdo del Imperio Romano.

Llevo unos cuantos meses leyendo sobre la caída de Roma. Existen teorías  interesantes, pero hay dos que me han parecido curiosas. La primera, la defendida por el  inglés Edward Gibbon (1737–1794), culpa al cristianismo de subvertir las virtudes romanas, esas que se basaban en sacrificarse por el Imperio, por Roma, y adherirse como lapas a los valores que defendían luchar hasta la muerte por la patria. Creer en la otra vida, como prometía el cristianismo, llevaba a los cristianos a que se preocuparan menos por esta vida y, por tanto, no estaban tan obligados a realizar  los sacrificios que eran necesarios para sostener el poder de la Urbe. Las virtudes romanas eran austeras y muy violentas; solo hay que pensar que en el Coliseo murieron cerca de un millón de personas  para divertir al vulgo.  

Ante esta pérdida de las buenas virtudes, poco se podía hacer contra los bárbaros, que encontraban cada vez más fácil derrotar a ejércitos de mercenarios -y no de ciudadanos- ávidos de dejarse la sangre por el emperador. También habría que sumar la corrupción de la clase dirigente y muchos más elementos.

No obstante, un interesante libro de Simon Baker, “Roma:auge y decadencia de un imperio”, se centra mucho más en la presión de los bárbaros, no en la pérdida de valores romanos.  La caída del Imperio fue lenta y paulatina, ni mucho menos algo que acaeciera de golpe. Baker establece (hablando de los bárbaros) que: “sus invasiones procedían de una simple idea: el Imperio Romano era un El Dorado que ofrecía la oportunidad de una vida mejor. No fueron a destruir Roma, sino a formar parte de ella” (Baker, 2007: 363). Sin embargo, nos dice el autor, en vez de sacar tajada, terminaron destruyendo el Imperio.

La historia de Roma está plagada de asesinatos, guerras civiles e insurrecciones, unidos a un esplendor y a un gran desarrollo cultural, urbano y social. Al fin y al cabo, nuestra cultura viene originariamente de ella.

Europa no es ni mucho menos un imperio unificado. Los valores de la democracia y la libertad, que dicen defender sus estados miembros, son un importante imán para aquellas personas que viven en tierras asoladas por la destrucción, la guerra, el hambre y la represión. No solo no estamos sabiendo gestionar la llegada de los refugiados, sino que se populariza la opinión de que vienen a destruirnos y creamos un mayor problema por no saber responder a este gran reto.

El auge de la extrema derecha, cuyo discurso se basa, principalmente, en el rechazo al extranjero (entiéndase extranjero pobre o con pocos recursos; si eres futbolista, eres un talento de fuera), viene a mostrarnos una  vez más que los problemas complejos no tienen soluciones fáciles. Si no solucionamos la guerra ni sabemos darles acogida,  ¿hasta cuándo durará nuestro contemporáneo “imperio romano”? ¿Podremos vivir eternamente de la guerra contra los que vienen de fuera?



miércoles, 1 de noviembre de 2017

Cuanto peor, peor

Si algo caracteriza a un político que lleve muchos años ostentando los máximos cargos de un estado, desde ministerios hasta, como ahora, la presidencia del gobierno, es que al final se impone cierto pragmatismo. Rajoy, convocando elecciones autonómicas en Cataluña para el 21 de diciembre, demuestra que se ha dado cuenta del hecho de que aplicar el 155 al nivel que se pretendía es prácticamente imposible. Cataluña es una comunidad en la que la Generalitat tiene un peso enorme y en la que el Estado español tiene pocas competencias y pocos funcionarios con los que articular la suspensión total del autogobierno. Si se quiere imponer una suspensión de la autonomía indefinida, se tiene que meter el ejército. Y entonces sí que iríamos a un abismo económico y social  más propio de mediados del siglo XX. Nadie quiere este panorama  (quien lo desee porque considera que cuanto peor, mejor, muestra una gran irresponsabilidad).

Estas elecciones plantean dos  escenarios:
  • ·         Que el bloque independentista no se presente por estar convocadas por el estado español. Esto está descartado porque ya ha mostrado su interés por participar. Es evidente que este escenario llevaba, inexorablemente, a alejarlo de las instituciones y solo dejaría las manifestaciones y la resistencia como forma de participación popular.  De todas formas, si un sector independentista no va a votar por no reconocer estas elecciones, los “unionistas” ganarían la Generalitat. ¿Qué pasaría entonces?
  • ·         Que se presenten todos a las elecciones, planteándolas unos como elecciones constituyentes, y otros como una ofensiva contra los separatistas. Pero ojo, que los independentistas vayan a estas elecciones también demostraría que no ha servido la DUI. Si el resultado que sale de las urnas es igual al que hemos tenido en las últimas elecciones, iremos a peor. Si el independentismo baja, seguramente se acusará al gobierno de falsear las elecciones y de fraude. Es curioso, porque el 1 de octubre fue una especie de referéndum sin ninguna garantía que enarbolan como legítimo. 

Puigdemont tenía en sus manos convocar elecciones y parar el 155. Rajoy tendría que haber salido públicamente y decir que si se convocaban, se paralizaría el artículo de la Constitución. Pero hoy en día, con las redes sociales y el ruido y la furia generados, el president ha preferido  ser acusado de desobediencia, incluso ir a la cárcel, antes que volver a su barrio como un traidor. Podía haber parado la DUI y proteger el autogobierno. No lo ha hecho y no sabemos hacia dónde vamos.


La historia está llena de mártires y parece que el gobierno de la Generalitat, actualmente cesado, tiene muy claro que ese será su papel.

Mientras tanto, no hablamos ni de corrupción ni de salarios ni de desempleo. El PP estará tranquilo en ese sentido, puesto que la agenda mediática la ha llenado completamente Cataluña. Se trata de una victoria del independentismo, pero también un balón de oxígeno político para un PP acosado por casos de corrupción. Aquí cada uno va a su bola.

 Pero el problema es que, aunque el separatismo considera que "cuanto peor, mejor" ( o una gran parte de él) está equivocado, al menos en mi opinión. Atrincherado en la idea de partir un estado y un país como España, con sus reivindicaciones que no entro a valorar, ha conseguido fracturar a la sociedad catalana y, de rebote, fortalecer al polo conservador en el resto de España. Romper un país y conseguir la independencia del territorio requiere consensos muy amplios, dentro y fuera de sus “fronteras”.  Este aspecto es algo que parte de la izquierda debe entender bien, porque cuando pide un referéndum pactado lo que está diciendo es que la población de un territorio tiene potestad para partir el estado en el que vivimos todos. ¿Existen pueblos oprimidos en plural dentro de España? Un trabajador precario de los arrabales de Barcelona tiene más que ver con un trabajador extremeño un sevillano precario que con unas élites que intentan ocultar sus vergüenzas con las banderas.

No obstante, el hecho de que el PP utilice a Cataluña para ganar votos en el resto de España con sus recogidas de firmas en su día contra el Estatut y un largo etcétera, no facilita la armonía natural que debe existir entre Cataluña y el resto de los españoles.

En una economía global, abierta e hiperconectada, necesitamos instituciones fuertes que defiendan el estado del bienestar. Europa está siendo continuamente golpeada por el desempleo, la precariedad laboral y una trasformación tecnología que está planteando un cambio de paradigma laboral y social radical. Sin embargo, estamos hablando más de los decretos de nueva planta que de cómo terminar con el paro. Que no se me malinterprete, soy un apasionado de la Historia, pero veo poco debate sobre cómo solucionar los problemas reales de la gente.

España es compleja, la mayoría no somos un grupo de franquistas descerebrados. Se ve que el independentismo, a pesar de la ventana de oportunidad que se abrió el 15M,  ni arrima el hombro para cambiar nuestro país consiguiendo mayorías suficientes con un proyecto ilusionante, ni parece que vaya a conseguir sus aspiraciones. Cataluña tiene unos niveles de autogobierno bestiales y ahora se encuentra intervenida  y con una sociedad partida por la mitad. Esa llegada a la república catalana llena de algodones de azúcar  y piruletas se ha demostrado falsa. El proceso está siendo duro, y solo acabamos de empezar. Mientras tanto, Rajoy sigue como presidente del gobierno.


martes, 24 de octubre de 2017

Quién se encargará de nuestras redes cuando no estemos



"Cada año mueren al menos 3 millones de usuarios de Facebook en todo el mundo. Tres millones de perfiles que permanecen abiertos, aunque no activos. Un investigador de la Universidad de Massachusetts, Hachem Saddiki, publicó un estudio en Fusion en el que proyectó el crecimiento del número de cuentas de Facebook en el tiempo, los millones de perfiles actuales y las tasas de defunción y llegó a esta conclusión de que en 2098 la red social tendrá más usuarios muertos que vivos. "

Se puede crear un testamento para dejar las posesiones materiales que cada cual tenga a aquella persona que quiera. Pero la pregunta obligada en esta sociedad red es: ¿qué pasará con nuestras redes sociales cuando hayamos muerto?

Quizá no nos hayamos planteado nunca dicha cuestión, pero es importante conocer que alguna red social, como si fuera una aseguradora, ya ha pensado en nuestro “futuro”. No es ciencia ficción.

Si nos centramos en Facebook, la red social más popular (por ahora), existe la forma de que puedas legar tu cuenta a una persona en caso de fallecimiento. Veamos cómo se hace:



Dentro del menú “Configuración”, debemos entrar en “Administrar cuenta”.
Una vez dentro de “Administrar cuenta”, se puede, o bien elegir un heredero, o bien pedir a Facebook que elimine tu cuenta. Pongamos por caso que queremos elegir un heredero. Tan solo hay que pinchar en “Agregar” y buscar al amigo que deberá seguir con nuestro legado en la red social de Mark Zuckerberg.


Una vez agregado, aparecerá una ventana emergente como la de arriba. En el recuadro de mensaje se explica el motivo de este. Podemos dejarlo o editarlo, pero, como se ve, el que Facebook establece por defecto es bastante aclaratorio.

La opción de testamento no nos impide, aunque no se elija a nadie, que algún familiar o conocido pueda eliminar nuestra cuenta. Tal y como secomenta en este artículo, podemos solicitar a redes como Twitter, Facebook o LinkedIn que eliminen la cuenta de un usuario tras su fallecimiento.

Hay otras redes que también actúan por su cuenta. Por ejemplo, Twitter. Cuando detecta que una cuenta no tiene actividad durante seis meses, automáticamente la cierra, pero todavía no he encontrado la opción de que alguien se encargue de nuestro perfil en la red de microblogging.

Sugiere multitud de reflexiones filosóficas el hecho de que, a pesar de haber fallecido, podamos seguir estando presentes en la red. Nuestros mensajes, nuestro contenido compartido, nuestros amigos y nuestras páginas sugeridas. Todo un rastro que se quedará grabado en los servidores de alguna red social, ahí suspendido, resguardado quién sabe dónde durante un tiempo indefinido. La vida sigue; nuestros datos, tanto si seguimos en ella como si no, ya dejaron de ser de nuestra propiedad hace tiempo.


lecturas recomendables

domingo, 22 de octubre de 2017

Las desigualdades territoriales en España



España es un país en el que las desigualdades territoriales son evidentes. Hay dos tipos de divergencias: entre el Norte y el Sur; entre el campo y la ciudad.


Como bien podemos leer en el artículo publicado en El Diario.es, “con las excepciones de Madrid y Cataluña, donde varios municipios con más de 100.000 habitantes tienen rentas por debajo de la media de la comunidad, en la mayoría de autonomías se sucede una regla: los más poblados siempre están entre los que más ingresos declaran”. Por lo tanto, las ciudades acumulan más riqueza, lo que se traduce en más empleo y más oportunidades. No es de extrañar, porque una de las consecuencias de la Revolución Industrial fue el éxodo masivo del campo a la ciudad. Que el ámbito rural se mantenga es un reto para las administraciones.

No obstante, hay otro dato más importante para entender este país, que es la desigualdad Norte-Sur, estadística que también se puede ver cuando se analiza el desempleo1. 




La mayoría de los municipios de Extremadura, Andalucía y Murcia están por debajo de la renta bruta media de los 2.932 municipios analizados. En Madrid y Cataluña, casi todos por encima de esa media.” Si alguien tiene la inclinación de hablar de economía sumergida, le doy la razón, puesto que puede existir y debe combatirse. Pero este asunto debe analizarse con rigor y conocer si lo que arroja la Agencia Tributaria se acerca a la realidad exacta. También hay empresas en todos los territorios que pueden evadir impuestos; si analizamos  el dinero opaco para el Estado, debemos analizarlos y buscarlos en todos los sectores, no solo en un desempleado  del sur de España. 

Hay una reflexión que se pueden derivar de estas cifras. La primera, que una zona a todas luces rica como Cataluña se quiera independizar, o acuse a España de robarle, nos debe hacer sospechar. Es evidente que las rentas más elevadas son las que más aportan, pero esto entra dentro de la lógica de un estado con un sistema fiscal que debe ser progresivo. Si gano mucho y me quiero independizar para no pagar un impuesto, eso tiene un nombre; pero si es un conjunto de ciudadanos más o menos amplio de un territorio, le damos otro e incluso lo justificamos desde sectores progresistas.

¿Cómo combatir estas desigualdades? Esa es la pregunta clave cuya respuesta debería ser el principal debate entre las fuerzas políticas de este país.

1 para mejor los datos del paro por territorios, véase la siguiente tabla: 


jueves, 5 de octubre de 2017

Situación grave en Cataluña: ¿cuál puede ser el peor escenario?


Vivimos la crisis política más dura de nuestra democracia. Cataluña es un hervidero y toda España se acerca al abismo. Si el gobierno de Generalitat, como todo parece indicar, declara la independencia unilateralmente, podemos acercarnos al siguiente escenario:
  • ·         Que el gobierno aplique el 155 de la Constitución. Solo necesitaría mayoría absoluta en el Senado y el PP la puede conseguir sin problemas. Lo más probable es que se proceda a detenciones masivas de cargos electos y mandos de la policía catalana y, por extensión, se intente convocar elecciones. Las protestas serán tan masivas que seguramente tendrá que participar el ejército, puesto que la policía y la Guardia Civil se verán desbordados.

  • ·         Creo -y ojalá me equivoque- que el gobierno, si la situación se pone muy fea, tiene en mente declarar el  estado de excepción o de sitio en Cataluña, tal y como se prevé en el artículo 116 de la Constitución. No obstante, como necesitaría el apoyo del Congreso, el conflicto se trasladará al parlamento español, donde algunos acusarán de desleales y antipatriotas a otros. La campaña electoral ya estará servida. Mientras tanto,  la protesta en Cataluña adquirirá una radicalidad creciente, la cual provocará disturbios inimaginables que tendrán que seguir siendo apagados por la fuerza. Todos estos hechos tensarán y romperán aún más las sociedades catalana y española con consecuencias económicas, políticas y sociales que todavía no somos capaces de prever. Si el gobierno no tiene apoyo mayoritario en el Congreso…

  • ·         Rajoy convocará elecciones más pronto que tarde, saldrá fortalecido tras mostrar fuerza y se verá legitimado para seguir retorciendo la situación. Si dispone de mayoría suficiente en el Congreso -por ejemplo, mayoría absoluta-, podrá instaurar el estado de sitio en Cataluña sin problemas; lo que ocurre es que para eso todavía falta tiempo y no tenemos mucho, así que forzará al PSOE a que le apoye a la hora de afrontar con mano dura la situación. Nos acercamos a algo parecido a una guerra. Que nadie piense en la imagen internacional: el daño ya está hecho.

El gobierno de la Generalitat ha dado un golpe de estado institucional que ha encontrado enfrente a un gobierno inepto. Proclamar la independencia tras un referéndum sin garantías, sustentado únicamente en que hubo mucha gente en la calle y que la policía se sobrepasó con las cargas, es un suicidio. Pero las patrias están llenas de mártires y Puigdemont preferirá ser detenido y llevar la situación al extremo antes de “traicionar” a los suyos.

Todo lo anterior solo podría pararse con una mesa nacional de negociación. Las empresas ya empiezan a reaccionar y bancos como el Sabadellestán cambiando su sede.
Romper un estado es traumático y quizá ahora muchos empiecen a darse cuenta de dónde estamos metidos. Pensar que Europa se va a meter, tras lo que vimos con la crisis de deuda y la intervención de la Troika en España, es ser muy optimista.  Los intereses políticos de algunos se superponen a la paz de nuestro país. Soy pesimista.

Para profundizar


domingo, 1 de octubre de 2017

Estado de excepción


Parece que hacer análisis en los que exponer todas las opiniones e intentar coger distancia del tema catalán te hace ser equidistante. Voy a ser lo más objetivo posible, intentando ver por qué cada actor político en Cataluña y en el resto de España actúa como actúa.

Las imágenes de la Policía Nacional y la Guardia Civil descargando contra gente que quiere votar hacen sonrojar. Ha sido una irresponsabilidad por parte del gobierno catalán intentar hacer ver a la sociedad catalana que un referéndum sin acuerdo con el estado podía desarrollarse sin problemas; pero el gobierno central ha perdido el norte si piensa que esto se va a parar mandando a  los cuerpos y fuerzas de seguridad. La movilización está siendo masiva y no lo podemos obviar. Esto no va solo de unas élites enfrentadas entre ellas. Es más profundo.

Cataluña ha sido una región insumisa siempre. Sucesos como la semana trágica de Barcelona e innumerables movimientos como fue el anarquista, con una fuerza considerable,  han dotado a los catalanes de una historia en la que la relación con el estado español ha sido tensa (la historia es para tenerla en cuenta). Pero el franquismo o los problemas que vivimos en el siglo XIX los soportaron todas las clases populares españolas. En Andalucía, por ejemplo, también se reprimió fuertemente el movimiento obrero y la pérdida de libertades en la dictadura fue para todos los españoles. Nadie tiene el carné de reprimido oficial por el estado español. Dicho esto, vamos a analizar la jornada de hoy.
¿Buscaba el gobierno de la Generalitat realmente un referéndum vinculante tras la negativa del gobierno español y la ley?  Según la Generalitat,  sí, pero pienso que la estrategia es otra a la declaración unilateral de independencia con un referéndum a todas luces irregular. La estrategia puede tener la mira en unas elecciones autonómicas en las que la imagen de la policía dando palos se convierta en un revulsivo electoral para fortalecer al polo independentista. ¿O alguien creía que la policía no iba a actuar y que el referéndum tenía garantías? Si el independentismo se hace hegemónico, será imparable una declaración unilateral.  O quizás no quieren esperar a elecciones autonómicas; entonces, habrá que ver qué pasa. Dentro del independentismo seguramente no hay una hoja de ruta única. El día de hoy también es un pulso dentro de este movimiento.  
El gobierno español está siendo reactivo, pero no propone nada. No está marcando la agenda y la batalla de la imagen en Cataluña la perdió hace mucho, pero ahora más. Los movimientos sociales, y el nacionalismo lo es, se alimentan de “agresiones”.  “España nos roba y nos reprime” contra “qué malos son los catalanes, que ponen en peligro la unidad de España”.  

Por otro lado, habría que preguntarse cuál está siendo la imagen de España en Europa, porque esto debe preocuparnos. ¿Parecemos un estado fallido en el que no podemos afrontar una rebelión separatista? O, por el contrario, ¿el estado aparecerá como un mecanismo represor de los derechos y libertades más básicas? ¿ hay término medio?

El gobierno español, parapetado tras los jueces, parece que no se ha enterado de lo que pasa. ¿Qué será lo siguiente?, ¿bombardear Barcelona? Estamos en el siglo XXI, en un sistema democrático, y los canales democráticos tienen que servir para dirimir conflictos. Yo no quiero que España se rompa ni que los catalanes se vayan, pero reprimiendo solo se  consigue que tengan más ganas de irse y que la escalada de tensión llegue a situaciones muy desagradables que nadie quiere. No digo que no haya que cumplirse la ley, pero una rebelión del calado de la que estamos viviendo en Cataluña debe afrontarse con inteligencia o la fractura será cada vez mayor y terminará afectando a toda España.  

No sabemos lo que va a pasar de aquí a una semana. Esto es un fracaso colectivo y la incertidumbre, máxima. La fractura en la sociedad catalana y entre Cataluña y el resto de España es profunda.
Lecturas para profundizar





sábado, 30 de septiembre de 2017

¿Qué pasará tras el 1 de octubre?


La situación que estamos viviendo en Cataluña es grave, muy grave. El parlamento catalán, con un apoyo muy ajustado, declara un Referéndum –ilegal, según la Constitución española-, que pretende preguntar a la sociedad catalana si quiere ser un país independiente. La cuestión es peliaguda, puesto que nuestra Constitución plantea que la unidad española es inviolable. Con la ley en la mano y atendiendo a la razón de estado, que una parte de un país se rebele desde sus instituciones es causa de conflicto serio. El estado español no puede permitir esto, gobierne quien gobierne. Romper un país es un proceso traumático y si el referéndum no es pactado, una declaración unilateral de independencia puede llevarnos a un desastre.

 No olvidemos la crisis profunda que tenemos en España, resultado de la recesión económica y los innumerables casos de corrupción política. El descontento de la gente ha sido canalizado de muchas formas y todo apunta a que, en Cataluña, el independentismo está consiguiendo dirigir ese malestar hacia “el estado español”. Yo soy español y no me considero culpable -como muchos compatriotas- ni de la Gurtel, ni del 3%, ni del robo de Pujol, ni de los tesoreros del PP, ni de la precariedad ni del paro.

El escenario es el que es y a estos problemas, sufridos por la mayoría de la sociedad, muchos intentan darles su solución particular. Para algunos es echar a Rajoy; para otros, buscar la anarquía o crear un país independiente.

Por otro lado, la policía cerrando imprentas y confiscando papeletas  nos plantea una situación un tanto extraña. El referéndum es ilegal, pero, en la batalla de la imagen, creo que los independentistas le están ganando al inmovilista de Rajoy. El presidente del gobierno ha pretendido dejar que se pudra el asunto del referéndum y se ha encontrado con el mayor problema institucional de la historia de esta democracia que nació en 1978. Aunque apele solo a los jueces, la Guardia Civil no podrá terminar con un problema político y una rebelión de este calado: ¿van a detener a cientos de miles de personas, entre los que hay profesores, bomberos, agricultores, estudiantes, etc., por portar un trozo de papel? Lo veo complicado.

La situación está movilizando a gente que no es independentista, pero a la que no le está gustando cómo se está intentando resolver el asunto. Como si fuera una peonza, el problema gira y gira y yo pregunto: si se hace algo ilegal, ¿cabe una respuesta que no incluya la policial?  No, pero la política tiene que jugar su papel. Escucho que con los separatistas  no se puede dialogar. Pero claro, quizás si no dialogas con nadie, haces que haya cada vez más independentistas.
 Me pregunto si es que a Rajoy no le interesa resolver este problema. Le puede venir bien electoralmente en el resto de España.

Podemos admitir que la Constitución de 1978 se haya quedado obsoleta, aunque todavía hay derechos no consolidados como el de la vivienda y el trabajo. Quizá deberíamos intentar que se cumpla más en vez de pedir que se cambie solo para que se ajuste a reivindicaciones patrióticas de cada lugar. Pero todas las ideas democráticas son respetables.

 Aprobar constituciones con tantos artículos y  difíciles de cambiar es lo que tiene. En EEUU no tienen este problema, puesto que su Constitución es un conjunto reducido de artículos y muchas enmiendas. Pero que nuestra Constitución esté tan blindada responde al hecho de que, en la historia de España, todo el que llegaba o bien aprobaba una constitución o una carta otorgada a su medida. Y esto también es peligroso.

Cuando se firmó la Constitución actual se salía de una dictadura de 40 años y se hizo lo que buenamente se pudo. Por eso ahora sería menester cambiarla; no obstante, hay que reconocer que este régimen institucional también ha conseguido grandes logros, entre los que cabe un grado de descentralización altísimo –el estado franquista era puramente centralista- y el desarrollo de un sistema de libertades también importante, si atendemos a cómo estábamos hace no muchas décadas.  La democracia debe seguir evolucionando, tenemos muchos problemas que resolver y un estado del bienestar que mejorar.

 Si se quisiera cambiar la carta magna para reconocer el derecho de Cataluña –o de otras comunidades autónomas- a separarse, sería necesario entrar en un complicado proceso. A saber:

Artículo 168.
1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Título Preliminar, al Capítulo Segundo, Sec­ción 1.ª del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolu­ción inmediata de las Cortes.
2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.
3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación.
Para entendernos, el artículo que habla de la unidad de España se encuentra en el título preliminar. Es muy, pero que muy difícil, que se pueda aprobar una reforma en la que el tema de la autodeterminación sea aceptada por todos los españoles. Entonces, ¿qué camino nos queda?




domingo, 24 de septiembre de 2017

Leyes, sentimientos y patrias


Tuve un profesor universitario que impartía, de forma magistral, una interesante asignatura de la carrera: Pensamiento político español. Un día, nos dijo algo que se me quedó grabado: “las naciones las crean los estados”.

Es muy difícil racionalizar en qué punto se puede crear una entidad política en base a conceptos solo identitarios. ¿Qué es una nación? Pues lo que un grupo de personas diga que es una nación, ayudadas, eso sí,  por unas instituciones que realicen liturgias propias para la cohesión patriótica, que controlen un sistema de enseñanza donde se hable de un pasado común y en la que todo el mundo se comunique con una misma lengua, con su ejército, su día nacional, sus himnos y su largo etcétera. Si estás viendo “Gran hermano” o tomándote algo con tus colegas, seguramente no estás pensando en que te sientes muy español o de donde sea. Pero cuando vas al extranjero y en las noticias hablan de tu país o se hace un desfile y dicen que te tienes que sentir orgulloso, entonces es posible que sí te sientas un patriota. Otra cosa será cuando tengas que pagar impuestos, pero eso sería otro debate. 

La razón de estado, por lo tanto, tiene dos vertientes: interior y exterior. La parte interior se sustenta en el intento de imponer un criterio unificado dentro de las fronteras de un estado, que es donde se ejerce la soberanía. Por el contrario, exteriormente hablamos de un intento de incrementar la influencia más allá de las fronteras. Esto último puede centrarse en misiones diplomáticas o, como tantas veces en la historia, invadir al vecino para apropiarse de sus recursos en nombre del interés nacional o la supremacía cultural-racial-nacional (como fue el colonialismo). 

Pero claro, el concepto de estado-nación, relativamente moderno si analizamos la historia de la humanidad, puede verse muy afectado por el proceso de globalización. Un español de ahora, con vaqueros, iPad, coche alemán, videoconsola japonesa y estudiante de inglés no es el mismo ciudadano que existía en  la época en la que mis abuelos eran mozos, una  etapa rural en la que no había ni televisión. Parece que cuanto más cerca estamos unos ciudadanos de otros en esta aldea global, más surgen la fricción, los odios y las rencillas. Todavía no hemos llegado al nivel de la segunda Guerra mundial y es cierto que en Europa estamos viviendo un amplio periodo de paz desde ese conflicto, pero nunca se sabe si los fantasmas del pasado volverán a incomodarnos en el presente.

España es un país complejo, rico, diverso y con una cultura fascinante. Por aquí han pasado fenicios, cartagineses, romanos, griegos, árabes… dejando un patrimonio histórico y cultural fantástico, plagado evidentemente también de guerras de conquistas y sangre. Además,  dentro de nuestras fronteras se hablan distintas lenguas, la mayoría derivadas del latín excepto el euskera, prerrománica, lo cual es una riqueza a considerar. Esta riqueza nos puede permitir construir juntos un país cimentado en unas instituciones fuertes que nos dejen en buen lugar dentro de la Unión Europea. Un país de las dimensiones de España, con su población, puede tener una gran fuerza para  edificar un estado del bienestar importante y ejercer influencia considerable. No olvidemos que nuestra lengua oficial, el castellano, se habla en muchos países y, en vez de intentar reescribir la historia y putear a Cristóbal Colón, debemos estar pendientes en crear buenos lazos con millones de personas que, sin ser españoles, hablan nuestro idioma. No se trata de llorar de orgullo cuando hablamos de los Reyes Católicos, por favor, ni tampoco querer extirpar una parte de nuestra historia porque, dentro de los parámetros contemporáneos, es políticamente incorrecta. Se trata de, conociendo la historia, ser críticos, sí, pero conscientes de lo que podemos hacer en el futuro.

Sin embargo, algo pasa con nuestros sentimientos. Llevamos muchas décadas peleándonos los unos con los otros. Caín era español. Guerras civiles, dictaduras, banderas por un lado y banderas por otro. Si consideramos que un catalán no es español, o algunos de los catalanes dicen que ellos no son españoles, entonces habrá que explicar primero qué es ser español o catalán. Aquí puede haber un debate en el que los árboles no dejen ver el bosque. Legalmente, somos todos españoles, pero sentimentalmente uno puede sentir lo que le dé la gana, independientemente de su país de origen. Este aspecto, muy propio de la libertad individual, es muy lesivo para aquellas aspiraciones uniformadoras que movimientos nacionalistas de todo tipo intentan implementar. Si piensas así eres un antipatriota traidor. La razón de estado necesita uniformidad, ¿os acordáis? ¿Cabe debate político aquí? Pues debería haberlo, en tanto en cuanto no caigamos en una pelea de cabras montesas a ver quién se da la hostia más fuerte. 

Desde mi punto de vista, la cuestión catalana plantea muchos problemas, y graves. Primero, que cualquier región de España pueda saltarse leyes estatales, nada más y nada menos que la Constitución, sienta muy mal precedente y el estado puede verse en peligro. Ningún estado permitirá partirse sin antes pelear. Por mucho que en Escocia o Quebec se vote, esto no quiere decir que todos tengan que hacer lo mismo. No obstante, como os decía, si millones de personas residentes en un país deciden que quieren ser otro, solo la represión no sirve, habrá que darle una canalización de alguna forma. Si queremos uniformar, encontraremos problemas; gestionar la diversidad, reformando la Constitución y abriendo un debate profundo sobre qué tipo de Estado queremos es básico. Pero soy pesimista. En nombre de la libertad y de la nación se han cometido grandes crímenes en la historia. Ojalá nos entendamos más.

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domingo, 17 de septiembre de 2017

Estudiar y salidas laborales: algunos datos



Se ha  publicado elVIII informe Infoempleo Adecco sobre titulaciones universitarias con más salidas laborales. Se incluyen una serie de conclusiones interesantes. A saber:
  • ·         El 55% de las ofertas de empleo cualificado en España requiere titulación universitaria, sobre todo Administración y Dirección de Empresas (ADE) e Informática.
  • ·         Los universitarios sufren una tasa de paro del 11,36% frente al 16,83% de los que solo han terminado los estudios obligatorios de secundaria (5,5 puntos porcentuales de diferencia) y al 24,77% de los que cuentan con primaria (10,4 puntos).
  • ·         De todas las ofertas de empleo dirigidas a titulados, el 10,25% procede del sector de la Enseñanza y la formación, por lo que es este sector el que mayor proporción de titulados demanda. Al segundo puesto suben las ofertas para titulados universitarios que tienen que ver con el sector de Internet (8,08%) y que dobla su presencia con respecto al año anterior cuando representaban apenas el 4%
  • ·         Por comunidades, la mayor parte de las ofertas de empleo que exigen este tipo de formación se dan en la Comunidad de Madrid, donde además su aportación al total nacional ha aumentado en el último año, desde el 23,84% de 2015 al 26,94% de 2016. En segundo y tercer lugar aparecen Cataluña País Vasco, que aportan un 19,12% y un 10,34% al total de la oferta de empleo en España, y mantienen sus posiciones con respecto al año anterior, Cataluña ganando 1,5 puntos porcentuales y la comunidad vasca cediendo 2.


      Este informe viene a seguir confirmando lo que se dice desde hace décadas, que la formación amplia tus oportunidades a la hora de buscar trabajo.  Si solo se conforma el personal con tener la ESO, las dificultades se incrementan. Es así y no tiene vuelta de hoja, a pesar de los mitos. Un ingeniero puede trabajar de lo suyo y de camarero o dependiente de una tienda. Pero un dependiente de una tienda o un camarero que no tenga nada más que la ESO va a tener más difícil trabajar de ingeniero o de otro trabajo que se requiera más cualificación. Estudiar amplia tus oportunidades, y la vida es eso, generar nuevas posibilidades de mejorar en tu vida personal y profesional. Todos los trabajos son dignos, pero se trata de crear nuevas opciones.


El abandono escolar en España es altísimo. Según datos del ministerio, “El abandono escolar temprano terminó el año 2016 en España marcando otro récord histórico al situarse en el 18,98%”. La media europea ronda el 10%. A pesar de este dato negativo, es cierto que la tasa de abandono escolar se ha visto sustancialmente reducida: “Si comparamos esta cifra con el año 2008 (31,7%), a partir del que se inician los descensos, se ha producido una bajada de 12,7 puntos (lo que supone un descenso del 40%).” Seguramente la crisis puso las pilas a más de uno que continuó sus estudios.
Si comparamos hombres y mujeres, el sector masculino es más dado a dejar los estudios: “El abandono escolar temprano en las mujeres es del 15,1% y en los hombres es del 22,7% (7,7 puntos de diferencia).”





Más información sobre el tema:

sábado, 9 de septiembre de 2017

Redes sociales y despidos.


Desear que violen a una mujer es deleznable, y dudo que ninguna empresa seria quiera tener personas que se rijan por este pensamiento. Lo digo por el caso de Inés Arrimadas y la persona que, sin tener ni idea de lo que se le vendría encima ni conocer cómo se configura Facebook, soltó lo que soltó. El problema es desearlo y gritarlo a los cuatro vientos.  Se trata de un problema cultural - o de cualquier otro tipo- grave desear que gente que piensa de forma distinta a ti tenga que pasar por calvarios semejantes. Dicho esto, vayamos a lo del Facebook.

Hay que tener pocos dedos de frente, al día de hoy, para creer que lo que uno pone en sus redes sociales, de forma abierta y descontrolada, insultando y/o maldiciendo, no tiene consecuencias. La mujer que insulta a Arrimadas no solo ha sido despedida, sino que tiene muy, pero muy difícil, encontrar otro trabajo. Por lo menos, a medio plazo. Y quizá sea una gran profesional, no lo sé, pero si uno tiene ese odio dentro, ¿Puede ser buen profesional? Dejo la pregunta ahí.

Han existido muchos despidos como consecuencia de la verborrea de algunos empleados en las redes sociales. El calentón es lo que tiene. Si en un bar uno se calienta y ve cómo la gente lanza improperios a ver quién es el más macho, en Internet pasa igual. Sin embargo, la red es un medio de comunicación masivo, eso que tan lucidamente definió el sociólogo Manuel Castells como “autocomunicación de masas”. Es autocomunicación, porque estoy en mi casa tranquilito con la mantita o el aire escribiendo lo primero que se me ocurre. Pero es masivo, porque lo lanzo a un universo con millones de usuarios.  Luego vienen los despidos o las consecuencias malignas que sean  y se empieza con los lloriqueos y los arrepentimientos.

Para bien o para mal, nuestra vida privada, una vez la lanzamos sin control a Internet, afecta a nuestra vida profesional. Es así, y más vale que lo tengas en cuenta y que no te guíes por cantos de sirena que apelan a la libertad de expresión. Puedes decir lo que quieras, pero también es necesario que apechugues con tus palabras. Libertad conlleva responsabilidad. Y no hablo de que vuelva la censura. Simplemente, ten en cuenta que todo el mundo puede leer lo que escribes. No obstante, para mí, desear que violen en masa a una mujer, aunque no lo lea nadie, ya es vomitivo. Es necesario no desear estas cosas, no solo no decirlas en las redes.


sábado, 2 de septiembre de 2017

Facebook, noticias falsas y anonimato



Leo lo siguiente en la prensa: “Facebook está pasando a la acción contra las noticias falsas, y va a dar en un punto sensible de las páginas que se alojan en la plataforma: su publicidad. Si los controles de la compañía detectan la publicación de información potencialmente engañosa, la página perderá la posibilidad de anunciarse.”

Me parece importante esta medida, como cualquiera que se implemente en todas y cada una de las redes sociales para detener bulos e informaciones engañosas. El hecho de que no existan filtros en Internet no nos puede llevar a un mundo de información descontrolada donde cualquier noticia coja viralidad, a pesar de ser falsa, solo porque dice lo que algunos quieren escuchar. El caso de la victoria de Trump está muy relacionado con esto; muchos se creían cualquier cosa con tal de afirmar sus ideales.

Además, también hay mucho fanático de la conspiración que, como si estuviera en el programa de Iker Jiménez, cuestiona cualquier noticia y cualquier versión, a veces creando dudas razonables, a veces lanzando razonamientos peregrinos propios de un lunático. Se puede dudar de todo, desde el atentado del 11S hasta que Obama se carteaba con Lucifer en su tiempo libre.

No obstante, existe una reflexión más profunda de lo que suponen Internet y la circulación de informaciones y comentarios. No todo son noticias falsas, también hay grandes verdades que circulan a la velocidad de la luz y que pueden no gustar al poder. Analizaba recientemente Enrique Dans el hecho de que China prohibirá el anonimato en la red.  Si vas a escribir algo en un foro, es mejor saber quién eres. La excusa siempre es la misma: para proteger la seguridad nacional. Pero es que en Occidente este tipo de medidas se acabarán implementando también; si no, al tiempo. Ya sea por la amenaza terrorista o por proteger a menores, o por cualquier asunto espinoso más, el poder siempre ha intentado e intentará controlar la red.  ¿Se conseguirá? ¿Está justificado que la medida de China se desarrolle en Europa, por ejemplo, pero esta vez para proteger nuestra Democracia?


Es cierto que el control de las redes sociales e Internet, en un mundo globalizado, es una tarea titánica. Para detectar asuntos delictivos, se necesita una supervisión a todos los niveles de una actividad que incumbe a millones de personas. Pero, ¿dónde está el límite? 

miércoles, 30 de agosto de 2017

Nueva colaboración de Politólogo en Red

Politólogo en red inicia una nueva colaboración, esta vez con la Fundación iS+D para la investigación social avanzada. Como consecuencia de dicha colaboración,  tutorizaré un curso sobre "Nuevas Tecnologías y mercado laboral". Os paso toda la información por si estáis interesados, o conocéis a alguien que le pueda interesar. 
Enlace aquí. 

jueves, 24 de agosto de 2017

¿Choque de civilizaciones? Una introducción al debate.


Cada vez que en Occidente sufrimos un atentado terrorista infame perpetrado por “yihadistas” se abre el debate del choque de civilizaciones. Aún recuerdo, tras el 11S y el 11M, la cantidad de artículos y análisis que planteaban que, en realidad, el Islam (como conjunto monolítico) estaba en contra de occidente. Para ello, se citaba constantemente a Huntington y su “Choque de civilizaciones”.[1] Se entiende por civilización un conjunto de personas que se rigen por los mismos valores y costumbres y, sobre todo, por una misma religión.
Para el politólogo norteamericano, existen una serie de civilizaciones:
  • ·         China: podría denominarse “confuciana”, pero finalmente será conocida como “sínica”. Este último término también abarca otras culturas afines, como las de Vietnam y Corea (Huntington, 1997).
  • ·         Japonesa: aunque deriva de la civilización china, adquiere entidad propia a partir del año 100 d.c.
  • ·         Islámica: nacida en la Península Arábiga en el siglo VII,  tuvo su periodo de expansión y esplendor (ejemplo de ello fueron Al-Ándalus y el califato de Córdoba).
  • ·         Ortodoxa eslava: oriunda de Rusia.
  • ·         Occidental: según el autor, arranca en el año 700 u 800 d.c. y se centra en Europa, Norteamérica, más otros países como Australia y Nueva Zelanda. No entiendo bien la elección de esta fecha, a no ser que el autor escoja la coronación de Carlomagno como emperador como el inicio del mundo occidental (800 d.c.), si bien es cierto que los valores que se le imputan a Occidente (libertad, democracia, etc.) llegaron bastante más tarde, sobre todo con la Revolución Francesa. Hablo de valores, pues las realidades democráticas tardaron más en llegar.
  • ·         Latinoamericana. Sí, mete a toda latinoamérica en un mismo saco.
  • ·         Africana (se supone que África subsahariana pertenece a una misma civilización, aunque tenga religiones distintas y diferentes lenguas).

 Que estas civilizaciones estén en conflicto es algo por ver. Del mismo modo, es difícil comulgar con esta macrodivisión. Si la religión es tan importante para determinar una civilización, ¿no está acaso Latinoamérica influida por el cristianismo que exportaron los “descubridores”? ¿No fue la iglesia ortodoxa hija del imperio bizantino que, a su vez, era hijo del imperio romano al que tanto debemos en Occidente (España, Francia e Italia, por ejemplo, tienen lenguas derivadas del latín)? Además, si separamos a los ortodoxos de los católicos, ¿por qué no hacer  lo mismo con los protestantes? Las guerras entre católicos y protestantes provocaron miles de muertos en su día, aunque ahora estemos dentro de un mundo occidental. Por cierto, los europeos sabemos más que nadie sobre guerras civiles. También debemos reflexionar sobre si las civilizaciones surgen como entidades separadas, y no como un conglomerado de costumbres y creencias influidas a su vez por otras. EL Cristianismo surge en Oriente Próximo, al igual que el judaísmo y el islamismo, y sin embargo se ven como entidades que parecen sustraídas de otro planeta. 

Huntington, como os decía, establece que la religión es clave para entender una civilización. El proceso modernizador, la caída del muro de Berlín, las revoluciones tecnológicas, etc., no han conseguido que fuera de Occidente los ciudadanos se adhieran a nuestro estilo de vida. Por el contrario, surge un renacer de valores tradicionales y de fundamentalismos religiosos que sirven a las personas para reafirmar una identidad. Cuanto más globales somos, cuanto más cerca estemos los unos de los otros, más necesario se hace encontrar puntos de diferencia y de reafirmación identitaria. En este punto, creo que tiene bastante razón, pero evidentemente hay que matizar muchas cosas. ¿Por qué surge ese renacer?

Es importante entender varias ideas traídos a colación por el autor. En la página 58 describe algo que me parece muy importante: “Occidente conquistó el mundo, no por la superioridad de sus ideas, valores o religión, sino más bien por su superioridad en la aplicación de la violencia organizada. Los occidentales a menudo olvidan este hecho; los no occidentales, nunca”. Por lo tanto, a base de pistola es muy difícil que la gente se una a conceptos como los derechos humanos, las elecciones libres, la economía de mercado (bueno, por lo general la economía de mercado sí ha tenido más éxito que los derechos humanos) y el pluralismo político.

No obstante, hay aspectos que Huntington soslaya o en los que, al menos, no entra en profundidad. El primero, que la descolonización occidental dejó una serie de gobiernos títeres con niveles de corrupción exacerbados, lo cual provocó reacciones de indignación ( evidentemente, no se habían cumplido esos anhelos que inflaron las reacciones contra los colonizadores). ¿Quiénes estaban organizados para canalizar este descontento? Los religiosos. Pasó en Argelia con el FIS, en Egipto con los hermanos musulmanes o en tantos otros países. Cuando un estado es fallido, allí donde no llega el bienestar llegan los grupos islamistas (hablo de los países de tradición arabomusulmán). Otro ejemplo podría ser el de HAMAS en Palestina, que gestiona colegios.

Otro elemento omitido por el autor es que el Islam se encuentra profundamente dividido, no solo por cuestiones étnicas (árabes, turcos, persas –o, más bien, iraníes-, bereberes, kurdos…), sino por ese cisma profundo que surgió en su día y que dividió esta religión entre suníes y chiíes. De hecho, los terroristas fundamentalmente atentan contra otros musulmanes  y el papel de gobiernos protegidos por Occidente, como Arabia Saudí, en la financiación de corrientes radicales está más que probada. En mi opinión, lo que quiere el extremismo es precisamente una guerra de civilizaciones entre ellos y el resto del mundo que considera impuro. Ellos han establecido su guerra, pero nuestra política exterior, la de Occidente, debe tener en cuenta la situación del mundo arabomusulmán. Estamos en una encrucijada con varios frentes:
  • -          El conflicto Palestina- Israel.
  • -          La guerra de Siria.
  • -          La guerra en Afganistán.
  • -          La situación de Irak tras la última guerra.
  • -          El papel de los gobiernos del Magreb y sus diferentes conflictos inherentes: Marruecos, Argelia, Túnez.

También surgen una serie de preguntas:
  • -          ¿Qué pasará con Libia?
  • -          ¿Qué pasará con Turquía y su giro cada vez más autocrático y religioso?
  • -          ¿Qué pasará con Egipto y los Hermanos Musulmanes?
  • -          ¿Qué pasará con los kurdos?
  • -          ¿Qué papel juega Irán en todo este lío?

La zona de Mediterráneo es un hervidero. Habrá que reflexionar sobre la integración de los inmigrantes musulmanes en las sociedades occidentales. ¿Cuál es el camino a seguir cuando todo el mundo apunta a que el modelo francés (asimilacionista)o el de Gran Bretaña han fracasado?

Para profundizar




[1] Para este artículo utilizo la siguiente edición: Huntington, Samuel P. El Choque de civilizaciones. Y la reconfiguración del orden mundial. Paidós. 1997