jueves, 14 de noviembre de 2013

Análisis del libro “Hay vida después de la crisis”, de José Carlos Díez

He  dedicado la última semana a leer el libro de José Carlos Díez “Hay vida después de la crisis”. Como no soy economista, no puedo opinar sobre la rigurosidad u otros aspectos más profundos de este ensayo, por lo que intentaré dar una opinión lo más fundamentada posible desde mis limitaciones formativas.
 Díez es economista y tiene un famoso blog en el periódico económico “Cinco días” llamado “El economista observador” , por lo que ya es una cara conocida por parte de los medios de comunicación. Es habitual en tertulias televisivas y últimamente aparece más desde que publicó su libro.

Este ensayo pretende ser  -y lo logra, en parte- un ameno y didáctico estudio que busca explicar las causas que él considera fundamentales de la crisis: entre otras muchas, lo erróneas que son las políticas de austeridad que obliga la Troika a llevar a cabo a los países más castigados por la situación económica actual. Antes de meternos en faena, podemos resumir las ideas más destacadas de este ensayo en las siguientes: la ineficacia de la austeridad en época de depresión, la necesidad de medidas de estímulo, de control de la economía por parte de las instituciones y la sostenibilidad del Estado del Bienestar.
Para el autor, la explicación de la crisis es doble: la existencia de una banca en la sombra que mueve el dinero al margen de los controles y una deflación de los activos, en el caso español, vinculados al ladrillo. Cuando un activo determinado pierde valor, los bancos, demasiado dependientes de él, pierden dinero y necesitan recapitalizarse.

Ya decía Marx, y esto es un añadido que hago, que cuando la oferta satura a la demanda, de golpe y porrazo, nos encontramos ante una crisis de sobreproducción: hay más de lo que el mercado puede asimilar. La constante bajada de salarios y la subida de precios obligó a muchas familias a acudir al crédito para acceder a bienes básicos como la vivienda. Al perder el trabajo, la deuda sigue, por lo que es muy difícil aumentar el consumo si la prioridad es sobrevivir con lo mínimo.

En todos los países desarrollados y en todas las épocas ha habido crisis. El capitalismo en un sistema que se mueve a base de ciclos, con altibajos, y que siempre se ajusta por el eslabón más débil. Lo que ocurre es que, en la actualidad, en plena revolución tecnológica, todo se hace más rápido y con mayor riesgo.

Dentro de las instituciones objeto de crítica del libro están tanto las agencias de calificación como el Banco Central Europeo, sin olvidar a Merkel y al gobierno alemán. Las agencias de calificación ya han demostrado ser empresas con intereses oscuros que utilizan la información como les conviene, y que están resultando ser muy perjudiciales para muchos países. El Banco Central Europeo, a diferencia de la Reserva Federal Americana, tiene como objetivo primordial sólo el control de la inflación, no la creación de empleo. Esto hace que, desde el sur, estemos ahogados como consecuencia de que el BCE no presta dinero a los estados, sino que lo da  a muy bajo interés a unos bancos que después hacen negocio comprando deuda pública. Además, resulta que el BCE se fía más de las agencias de calificación que de sus propios evaluadores, que son los bancos centrales de cada país. Paradójico, ¿no?

Europa reaccionó a la irrupción de la crisis tarde y mal, y eso lo estamos pagando todavía. Desde la crisis de Grecia hasta la pésima gestión del caso de Chipre, la Unión Europea responde más a los intereses de una élite financiera y política de Alemania que al interés general de la Unión. La entrada en el euro permitió a la banca española financiarse en el exterior, a los consumidores acceder a crédito a muy bajo interés y a la banca alemana invertir el exceso de ahorro que tenía -debido a un estancamiento de su economía- en nuestro ladrillo. La ecuación está completa, a pesar de parecer que nadie quiere acordarse.

José Carlos Díez también repasa otras crisis económicas –desde  la gran depresión de EEUU ( pág. 89) hasta la vivida por Japón no hace muchos años-, buscando similitudes y comparando las distintas medidas que se tomaron en su día. Desde un prisma muy keynesiano, defiende el Estado del Bienestar como forma para evitar grandes catástrofes sociales tipo Revolución, incluso cuenta un breve viaje a Cuba para ilustrar un poco su narración(pág. 113). Ya sabemos que es común en mucha gente apelar a Cuba  para hablar de los desastres del comunismo cuando se quiere defender la economía de mercado, en esto no hay nada nuevo. Incluso, una vez alabado el análisis del economista Minsky sobre la inestabilidad financiera (págs. 44-48), comenta que la salida no pasa por nacionalizar la banca, como sí quería el citado economista estadounidense, sino establecer más controles públicos. ¿Se puede controlar una maquinaria tan potente como la economía de mercado sin terminar de ahogarla? Ese es el equilibrio que tanto cuesta conseguir.

La crisis en España tiene sus particularidades, y los casos de corrupción que vivimos constantemente también son algo  de lo que habla el autor. No es el excesivo gasto público lo que debilita nuestra economía, sino la fuerte caída de los ingresos. El fraude fiscal o la necesidad de racionalizar nuestro sistema fiscal son dos elementos clave a la hora de afrontar nuevos retos económicos.

Por lo demás, el libro es entretenido, aunque el autor dedica buena parte de sus páginas a  intentar justificar que la economía no es una ciencia exacta y  a responder cómo es posible que ninguno viera venir lo que se avecinaba, incluso cita varios encuentros con premios Nobel de Economía que no supieron responder a sus preguntas. Que cada uno interprete lo que quiera sobre esto último, pero yo  veo un intento de exonerar a los expertos económicos de fallar más que una escopeta de caña.

Ficha técnica del libro:
Título: “Hay vida después de la crisis”
Autor: José Carlos Díez. El economista observador
Editorial: Plaza y Janés
Número de páginas: 334

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