lunes, 1 de julio de 2013

Nuevo artículo en la prensa: Tecnología, poder y política.

La semana pasada dediqué una entrada  a analizar la relación entre de la tecnología y poder, y otra a hablar sobre el libro de Julian Assange, Cypherpunks. Como síntesis de ambas, y a modo de análisis periodístico, mi artículo de la semana  publicado por Almería 360 tiene por título: Tecnología,  poder y política. Os dejo el artículo completo a continuación





Está claro que, en este siglo XXI, la tecnología juega un papel fundamental en el desarrollo humano y social. No podía ser menos en la esfera del poder y la política. Pero, además, las redes sociales e Internet se han convertido en un espacio en el que la ira, la indignación y la esperanza viajan a la velocidad de la luz, facilitando que la gente conecte con personas que viven su misma situación. Esta empatía ha desembocado, como se está viendo, en movilizaciones sociales en la calle. 

También, en el lado oscuro de la moneda, el espionaje por parte del poder político y económico cuenta con la herramienta de vigilancia más sofisticada y más perfecta que se ha inventado nunca. Pero vayamos por partes. 

El 15M en España, la primavera árabe, Islandia, Occupy Wall Street, las movilizaciones en Turquía o las recientes manifestaciones en Brasil, tienen varias cosas en común: la indignación ante la situación social y política existente y la tecnología. En Turquía, el primer ministro Erdogan culpa a Twitter de la locura de los jóvenes que han salido a la calle a protestar; en Brasil, los servicios secretos ya están investigando las redes sociales. Pero, ¿son las redes las culpables? Yo diría que no. Lo que subyace de toda esta situación es que una gran mayoría de la ciudadanía está siendo excluida del progreso económico, tecnológico y social. Ante esta rabia, las redes sociales e Internet se han convertido en un canal de comunicación al margen del poder establecido. ¿Seguirán así mucho tiempo? 

Edward Snowden, exanalista de la CIA, se ha hecho famoso al desvelar no hace mucho la existencia de una trama de espionaje electrónico masivo por parte de Estados Unidos y Reino Unido. Todos sospechábamos que estábamos siendo vigilados, pero cuando uno lee una noticia así, se le ponen los pelos de punta. Cualquier dispositivo electrónico que se conecta a Internet se ha convertido en un pequeño espía en potencia. Como en las redes sociales la gente vuelca toda su privacidad, este moderno ojo de Gran Hermano puede saber nuestra ideología, nuestros gustos culturales o en qué gastamos el dinero. 

Julian Assange, fundador de Wikileaks y, en la actualidad, recluido en la embajada de Ecuador en Londres, ha escrito un libro -más bien es una obra que recoge las conversaciones entre él y otros activistas de la red- llamado Cypherpunks. Éste describe un clima escalofriante, no sólo por la persecución que sus autores están sufriendo y que se explica con pelos y señales en el texto -que va desde interrogatorios aleatorios hasta el bloqueo económico de esta organización-, sino porque hablan de un Internet que se aleja mucho de ese lugar idílico que muchos creíamos. 

Cypherpunks significa criptopunks, que es un movimiento surgido en los 90 y que aboga por la criptografía como forma de protegernos de la invasión del poder en nuestros datos y que, en última instancia, provocaría un cambio político y social. Lo que ocurre es que cada vez que se plantea este fenómeno surgen los llamados cuatro jinetes del infoapocalipsis: el terrorismo, la pornografía infantil, el tráfico de drogas y el blanqueo de dinero. Citando estos problemas se están justificando casos como el que denuncia Edwward Snowden, convirtiéndonos así todos en sospechosos de algo. ¿Grabar todas nuestras conversaciones, sin control, es legal? ¿No viola los derechos fundamentales que todos nos convirtamos en presuntos delincuentes? Y si hay alguien que nos vigila, me vuelvo a preguntar: ¿quién vigila a los vigilantes? 

Manuel Castells, en su libro Redes de indignación y esperanza, hablaba de los nuevos movimientos sociales en la era de Internet como algo que surge en la red y que busca su sitio en la calle. Pero esta tecnología puede servir para liberarnos o para esclavizarnos. El posible antídoto contra esto, además de la criptografía de la que habla Assange en su libro, no es otro que la formación: formación en software y en hardware libre. Conocer la tecnología cada vez más es lo mejor que podemos plantear para hacer un buen uso de ella. Lo que está claro es que cualquier movimiento social debe contar con la tecnología para fortalecer sus vínculos. Debemos ser dueños del progreso tecnológico para que éste sirva a la sociedad en su conjunto, no a intereses cuestionables de una élite poderosa.
 @Hecjer


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